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Revista Chakiñan de Ciencias Sociales y Humanidades

versión On-line ISSN 2550-6722

Revista Chakiñan  no.7 Riobamba ene./abr. 2019

 

Artículo de Investigación

LA MUERTE DE BAUDRILLARD NO HA TENIDO LUGAR. ANÁLISIS DE OBITUARIOS EN TRES DIARIOS ESPAÑOLES

THE DEATH OF BAUDRILLARD HAS NOT TAKEN PLACE. ANALYSIS OF OBITUARIES IN THREE SPANISH DIARIES

Juan González de Requena1 
http://orcid.org/0000-0002-4296-2211

1Universidad Austral de Chile, email: jgonzalez@spm.uach.cl


RESUMEN:

Los obituarios de intelectuales de renombre constituyen un tipo de noticia periodística con una organización temática y estructura textual específicas. Con el propósito de explicitar el discurso de la necrológica intelectual, se realizó un análisis de los obituarios de Jean Baudrillard publicados en tres diarios españoles: ABC, El Mundo y El País. Los resultados permiten discutir el modo en que la construcción de la noticia resulta modelada por los marcos ideológicos de los distintos medios, como si hubieran fallecido intelectuales diferentes; también se abre la discusión sobre el estatuto del intelectual en los imaginarios públicos contemporáneos.

Palabras clave: Jean Baudrillard; obituario; intelectual; análisis crítico de discurso

ABSTRACT:

The obituaries of renowned intellectuals constitute a kind of news with a specific thematic organization and textual structure. In order to explain the intellectual obituary discourse, it was conducted a discourse analysis of the obituaries of Jean Baudrillard published in three Spanish newspapers: ABC, El Mundo and El País. The results allow to discuss how the construction of news is shaped by the ideological frameworks of the different media, as if distinct intellectual characters had died; a discussion is also opened about the status of this intellectual in contemporary imaginative public.

Keywords: Jean Baudrillard; obituary; intellectual; critical discourse analysis

INTRODUCCIÓN

Con el título de este trabajo, no se pretende negar lo obvio, el fallecimiento de Jean Baudrillard el seis de marzo del 2007, que cualquiera podría confirmar revisando eventualmente su acta de defunción. El título es solo una reformulación de uno de los más discutidos títulos de Baudrillard: “La guerra del Golfo no ha tenido lugar” (1991a).

En ese texto, Baudrillard reproducía su visión de que los medios de comunicación contemporáneos nos introducen en un orden semiótico de signos carentes de referente o simulacros que circulan indiferentemente, de modo que lo real se volatiliza, y se liquida la propia relación social.

Como Baudrillard sostuvo desde sus primeros ensayos, el orden de los simulacros mediáticos se traduciría en una sobreexposición hiperr ealista de todo acontecimiento, y terminaría suplantando lo real, a través de un ciclo especulativo de simulación operacional, en virtud del cual todo valor o sentido se diluye en su circulación pura (1980; 1991b).

Cuando lo único relevante es la velocidad e instantaneidad de la información, solamente se reproduce, según Baudrillard, el espectáculo de una simulación hiperrealista que redobla mediáticamente la indiferencia social ante el vaciado de toda significación. En ese sentido, para Baudrillard (1991a), la guerra del Golfo nunca tuvo lugar porque únicamente habría sido un montaje informativo y un simulacro escenificado; se habría tratado de una simulación virtual que, como toda información (grado cero del contenido y de la opinión), solo parece consistir en el trasunto de una especulación indefinida, sin otro trasfondo que su circulación acelerada.

En todo caso, con el título no se da un intento de hacernos partícipes del escepticismo ante la noticia (y ante la información de los medios, en general), como si el acontecimiento del cual se informa fuese únicamente una construcción de los medios de comunicación; al fin y al cabo, cabe argumentar que, aunque no hay acontecimiento noticioso sin relato periodístico, los hechos acaecidos no son un mero montaje periodístico (Garrido Medina 1997: 34-63).

¿Cuál es, pues, la capacidad real que tiene el texto periodístico para construir el acontecimiento noticioso? En términos generales, las noticias suelen caracterizarse por tratar de acontecimientos recientes de relevancia pública (Montgomery 2011). Los estudios de la producción de la noticia han patentizado la existencia de distintos modos de tipificar los acontecimientos, al procesar cuanto ocurre como materia prima noticiosa empaquetada bajo los procedimientos rutinarios de los medios informativos. Existen eventos noticiosos cuya fecha de difusión puede ser programada por el medio; en otros casos, los convocantes de un evento son quienes deciden la fecha decisiva; también puede darse un acontecimiento noticioso inesperado que ha de difundirse con urgencia.

La tipificación de cada evento noticioso también depende de si la difusión resulta más o menos urgente, y de la medida en que se puedan anticipar mejor o peor las consecuencias posibles; además, el medio de comunicación puede afectar la representación de lo que sucede en mayor o menor grado (al posibilitar la transmisión en directo o tener que recurrir al diferido). En ese sentido, cabe distinguir las noticias blandas y las noticias duras, así como las noticias puntuales, las noticias en desarrollo o las noticias con una continuación previsible (Tuchman 1973).

Por otra parte, el valor periodístico de un acontecimiento noticioso no solo se decide en virtud de condiciones económicas, constricciones presupuestarias y protocolos rutinarios de la profesión periodística ligados a la accesibilidad de las fuentes y al nexo con las organizaciones e instituciones; también intervienen criterios vinculados a la cognición social, como la novedad y la actualidad del evento, los modelos presupuestos y creencias previas, la consonancia con valores y actitudes sociales, la relevancia para el público, la importancia de los actores sociales involucrados, la proximidad local e ideológica, el impacto o magnitud de los sucesos, el interés humano, e incluso la fascinación por los sucesos negativos o desviado de la norma (Bednarek & Caple 2012: 39-44; Van Dijk 1990: 173-181).

En suma, las rutinas profesionales que subyacen a la construcción del acontecimiento noticioso tienden a reproducir las limitaciones estructurales y redes institucionales del marco social (de modo que los actores sociales hegemónicos y las élites suelen concitar más interés como fuente de noticias o proveedor de recursos); pero, además, los modelos sociocognitivos que enmarcan la representación del interés noticioso, y determinan el valor periodístico, suelen reflejar los valores consuetudinarios y los consensos ideológicos vigentes (Van Dijk 1990: 173-175).

En cuanto a la estructura textual de la noticia, el análisis discursivo pone de manifiesto que el texto informativo exhibe recursos lingüísticos específicos y una organización discursiva propia. Desde el punto de vista lingüístico, el texto de la noticia exhibe cierto estilo que se caracteriza por recurrir frecuentemente a neologismos, nominalizaciones y oraciones complejas (con abundantes subordinadas), así como por controlar la coherencia semántica local mediante la cuidadosa elección de términos endofóricos y conectores.

El estilo periodístico también se asocia a una explícita disposición de organización informativa, así como a un manejo de la diátesis al servicio de la atribución ideológica de agencia, o a la selección léxica y el empleo de formas de clasificación ideológicamente marcadas (Van Dijk 1990: 92-123; Trew 1983). Aunque especifica con precisión las coordenadas espaciales y temporales de los acontecimientos, la instanciación discursiva de las noticias exhibe una perspectiva impersonal y ajena al anclaje deíctico de primera persona, como si los acontecimientos fuesen registrados del modo más objetivo posible (Montgomery 2011).

No obstante, el lenguaje evaluativo (es decir, las expresiones de apreciaciones, juicios y puntos de vista) desempeñan un papel crucial en el texto de la noticia: no solo dan forma a la perspectiva evaluativa e ideológica de la fuente, sino que contribuyen a la construcción del valor noticioso y a la estructuración del relato de la noticia, así como tienden lazos con la audiencia.

Todo un repertorio de recursos léxicos, modales y formas gramaticales hacen posible que en el lenguaje de la noticia irrumpan valoraciones basadas en criterios como la importancia, la inteligibilidad, la posibilidad o necesidad, lo inesperado y la evidencia de los acontecimientos, o bien la afectividad, la autenticidad, la confiabilidad, o los estados mentales de las fuentes y actores (Bednarek & Caple 2012: 137-159).

Desde la perspectiva discursiva, la estructura textual de la noticia responde a la integración coherente de la información, mediante la conformación de macroestructuras temáticas (que sintetizan los asuntos más relevantes del acontecimiento noticioso) y a través de la jerarquización explícita de los componentes funcionales de la información periodística, en algún esquema superestructural global.

Típicamente, la noticia exhibe cierto repertorio de componentes informativos: el resumen de lo acaecido (en el titular y encabezamiento); la atribución de la fuente; los episodios y la especificación de los actores, el escenario espacio-temporal y la secuencia de acontecimientos principales; los antecedentes relevantes (el contexto e historia que constituyen el trasfondo del acontecimiento); las consecuencias (los eventos posteriores o acciones consiguientes, y las reacciones verbales suscitadas); así como los comentarios (las evaluaciones y pronósticos ante lo acaecido) (Bell 2005; Van Dijk 1990: 77-89).

Estos componentes funcionales de la información periodística pueden realizarse de modo discontinuo y cíclico (por entregas) en el texto, aunque rige cierto esquema general que distribuye la información (por orden de relevancia) del comienzo hasta el final del texto, donde se encuentran los detalles menos importantes asociados al acontecimiento noticioso; como si se configurase una pirámide invertida que no necesariamente coincide con la secuenciación temporal de los asuntos (Cotter 2001: 805; Montgomery 2011: 221-223; Van Dijk 1990: 71-77).

Además, el texto periodístico se caracteriza por el recurso a estrategias retóricas encaminadas a acreditar las pretensiones de validez (como el manejo de cifras, los esquemas argumentativos y narrativos reconocibles, o la citación de fuentes y testigos), pero que también introducen connotaciones ideológicas (como en el caso de ciertas metáforas o de la hipérbole) (Bednarek & Caple 2012: 90-93; Van Dijk 1990: 123-138).

En este artículo, nos proponemos dar cuenta de un tipo de noticia que ha estado presente en la historia del periodismo desde sus primeros pasos: el obituario o necrológica. En efecto, se ha asociado el surgimiento de la información periodística al tráfico de noticias a través de las vías mercantiles del capitalismo temprano y a la constitución de una esfera pública burguesa indisociable del mercantilismo (Habermas 1994).

Pero, entre las noticias que circulaban en las primeras gacetillas a dos planas, ya figuran reseñas de las circunstancias de la muerte de algunos personajes eminentes, y la extensión de la esfera pública y la consolidación del periodismo coinciden con el establecimiento de la sección fija del obituario en la prensa y del género informativo de la necrológica (Starck 2006).

En las necrológicas, el tratamiento informativo de la muerte fue pasando del encuadre moral de vidas reseñables, a la selección de ciertas biografías individuales de todo tipo de personajes sociales, aunque no se dejó de lado la función de proporcionar algún tipo de representación social consensual en que se justificase la suerte de las personas (Fowler 2007).

Por nuestra parte, intentaremos poner de manifiesto qué tipo de estructura textual caracteriza específicamente a la noticia de un suceso tan puntual como la muerte, y trataremos de indagar cuáles son los modelos y guiones subyacentes que se despliegan en la construcción de este tipo de noticia.

Además, nos preguntaremos en qué medida los posicionamientos ideológicos de un determinado periódico enmarcan la representación de un acontecimiento como la muerte de un intelectual con cierta notoriedad pública. Tal vez, de ese modo, cobre sentido el título, si podemos mostrar que la representación pública de la muerte del intelectual nos enfrenta a construcciones de la noticia no solo divergentes, sino marcadamente sesgadas por ciertos guiones y relatos, que reproducen las premisas ideológicas del medio periodístico.

Quizá podríamos afirmar provisionalmente que la muerte de Baudrillard no ha tenido lugar, en el sentido de que los tratamientos noticiosos de la muerte de Jean Baudrillard no dan cuenta de su muerte singular ni nos permiten saber concretamente quién fue este individuo, en qué circunstancias vivió y murió, o cuál podría ser su legado.

O, tal vez, cabría anticipar que la muerte de Baudrillard no ha tenido lugar, porque se dio dos veces y de dos formas distintas (según ocurre en todo afrontamiento cultural de la muerte): como el fallecimiento biológico y la muerte existencial singular de Jean Baudrillard; pero también como la representación esquemática noticiosa de la desaparición de un personaje público (al servicio de la neutralización del acontecimiento nefasto de la muerte) o la aniquilación simbólica del intelectual incómodo en los medios, al resultar este convenientemente embalsamado bajo ciertos estereotipos ideológicos. Dejemos que hablen las noticias.

METODOLOGÍA

En este artículo de reflexión, se lleva a cabo un análisis de discurso de algunos obituarios sobre Jean Baudrillard publicados en la prensa española. En términos generales, el análisis del discurso investiga la relación entre forma y función en la comunicación verbal, además de preguntarse cómo se organizan los temas en la macroestructura textual y cómo se incorporan ciertos modelos mentales o representaciones sociales en el ámbito supraoracional del texto.

También, estudia el modo en que diferentes usos del lenguaje expresan los valores y perspectivas ideológicas de las personas e instituciones, a través de los cuales se enmarcan y contextualizan nuestras prácticas sociales, de modo que se trata de extraer el discurso del texto, y la ideología del discurso (Hyland & Paltridge 2011: 1; Renkema 1999: 13-15; Van Dijk 2000). En nuestra propuesta, las estrategia s de análisis se vinculan particularmente al análisis del discurso en la línea de Van Dijk, con una sólida sustentación en la lingüística del texto (2000).

En la perspectiva del análisis crítico de discurso, se asume una problemática interpretativa que tiene por objeto discursos de representación social o expresiones ideológicas, y supone un sujeto ausente sobredeterminado por las formas de reconocimiento imaginario, o bien un sujeto activo de marcos ideológicos y estructuras de opinión, tal como estos se manifiestan en textos emblemáticos de una institución social o expresiones sintomáticas de sistemas normativos (Charaudeau 2000).

Bajo la premisa de que las realidades socioculturales se constituyen discursivamente (a la vez que la relación entre sociedad y discurso estaría cognitivamente mediada y enmarcada por ciertos contextos históricos), el análisis crítico de discurso le atribuye una relevante eficacia ideológica al lenguaje.

En ese orden de ideas, el análisis de discurso en la línea de Van Dijk opera típicamente en ciertos planos discursivos: (a) los significados locales (estilo léxico, orden de las palabras, coherencia entre proposiciones, significados implícitos, implicaciones o alusiones); (b) las macroestructuras semánticas (temas y significados globales, macroproposiciones); (c) las estructuras formales sutiles (entonación, estructuras sintácticas, figuras retóricas, turnos, etc.) y (d) los modelos contextuales y los modelos de los acontecimientos (Van Dijk 2003).

Corpus textual

Decidimos (irónicamente) hacernos cargo de los obituarios de Baudrillard, debido a su singular posición ante la construcción hiperrealista de la actualidad en los medios y, además, porque dada su relevancia como representante de la French Theory, permitiría obtener una instantánea de la recepción del pensamiento postestructuralista y postmoderno en el medio hispanohablante.

Concretamente, el corpus textual está conformado por las noticias de la muerte de Baudrillard que aparecieron en tres periódicos españoles de amplia difusión y con distintas líneas editoriales: ABC, El Mundo y El País.

La necrológica del diario ABC es un texto de aproximadamente 504 palabras, y fue publicada el siete de marzo del 2007; está firmada por Juan Pedro Quiñonero, corresponsal en París, cuya trayectoria profesional está muy ligada al periodismo cultural y literario. El diario ABC responde a una línea editorial conservadora, católica y tradicionalmente monárquica.

El obituario de El País, texto de algo más de 726 palabras, también es del día posterior a la muerte de Baudrillard; aparece firmado por el periodista cultural José María Marti Font. El periódico El País se define como un periódico independiente y de calidad, europeísta y adalid de la democracia pluralista, y ha sido considerado el referente de cierta centro-izquierda progresista con tendencias socialdemócratas.

La reseña necrológica de El Mundo ocupa unas 867 palabras, y tiene por fecha de publicación el 18 de marzo del 2007; la firma el reportero cultural Ángel Vivas. El diario El Mundo ha definido su línea editorial como liberal, y se muestra crítico con la izquierda y los nacionalismos; se encuentra próximo a las posiciones de la centro-derecha, aunque no participa del talante conservador.

Procedimiento de análisis

El análisis efectuado, se centró en tres dimensiones textuales de la noticia:

(1) la selección léxica, en términos de las palabras claves más frecuentes que dan forma al andamiaje conceptual del texto, pero también el recurso al vocabulario evaluativo;

(2) la macroestructura temática que sintetiza el asunto de la noticia, así como el modo en que se realiza dicha macroestructura en la disposición superestructural del texto y en los distintos componentes funcionales de la noticia (resumen, relato, comentarios, contextualización, etc.);

(3) el modelo narrativo que subyace a la estructuración formal del guion discursivo y a la construcción de la trama de los acontecimientos.

RESULTADOS Y DISCUSIONES

Selección léxica y vocabulario evaluativo

En un primer acercamiento al texto de las tres necrológicas, se pone de manifiesto cierta diferencia en las palabras claves que podemos inferir a partir de los lemas más frecuentes, y que constituyen los términos fundamentales del léxico textual (dejando de lado el nombre Baudrillard). En el obituario de ABC, los lemas claves serían “realidad” (seis veces), “verdad” (cinco) y “profecía” (cuatro). En El Mundo, los lemas claves son “realidad” (catorce veces), “sistema” (seis), “filosofía” (cinco), “posmodernidad” (cinco) y “sociedad de consumo” (cuatro veces, y una más bajo la designación “sociedad de masas”). La necrológica de El País gira en torno a los siguientes lemas claves: “sociedad de consumo” (seis veces), “América” (que, junto a “Estados Unidos”, suma seis apariciones) y “sociología” (cuatro veces).

En ese sentido, cabría pensar que el andamiaje conceptual de la necrológica del ABC sitúa a Baudrillard en la tensión entre “realidad”, “verdad” y “profecía”; el de El Mundo, posiciona a la “filosofía” de Baudrillard ante el “sistema”, la “sociedad de consumo”, la “posmodernidad” y su específica “realidad”; en El País, se plantea cierta perspectiva de la “sociología” de Baudrillard ante la “sociedad de consumo” prototípicamente realizada en “América”.

En los tres obituarios encontramos abundantes expresiones valorativas del pensamiento estilo y obra de Baudrillard, pero también de la realidad social que este describe; a menudo, las apreciaciones surgen atributivamente de citas del propio autor fallecido. El escritor de la necrológica de ABC es particularmente pródigo en el empleo de términos evaluativos: tras referirse a Baudrillard como “uno de los mayores críticos de la cultura” contemporánea, lo califica de simple “epígono de un pensamiento francés agonizante”, cada vez más sumido en “el letargo de sus ideas muertas”, alguien “obsesionado por «interpretar» la realidad” y un “profesor universitario poco estimado por sus pares”.

Su trayectoria intelectual es juzgada como un encierro en “una bizantina torre de cristal que lo alejó de la realidad”, o como “un bizantino camino sembrado de paradojas, que hicieron las delicias de un público siempre más exiguo”, y un “relativismo absoluto” que se adentra en un “vidrioso terreno”. Aunque menciona sus ideas y ensayos como “celebérrimos” y “legendarios”, describe sus “profecías” como “fallidas” y marcadas por una “paradoja trágica e irónica”, derivada del contraste con la “suerte atroz” y las “más graves crisis” de nuestra historia reciente.

En la noticia de El Mundo, tampoco faltan las expresiones evaluativas: Baudrillard aparece como un “feroz crítico de la sociedad de consumo”, que “jugó un papel destacado” en mayo del 68 y “se convirtió en uno de los pensadores más representativos de la posmodernidad”, aunque “da la impresión de que no llegó a ganarse una clara respetabilidad académica”; se trataría de un intelectual a quien “nunca le ha abandonado la sospecha de ser un provocador”, o “uno de esos nombres inflados por el chovinismo y la maña francesa para la autopromoción”.

Su estilo intelectual se caracteriza por “su particular y no siempre fácil pensamiento”, “difícil de encasillar en corrientes concretas”, si bien fue capaz de pronunciarse “con contundencia”. El universo intelectual de su obra nos enfrenta a una “realidad virtual creada por los medios de comunicación” y “pletórica de signos”, que extiende una “densa red” sobre los individuos, y solo puede ser impugnada de manera “catastrófica” y “patafísica”, llevando al extremo su propia lógica.

En El País, también encontramos cierto repertorio evaluativo: Baudrillard fue “el crítico por excelencia de la sociedad de consumo y los medios de comunicación”, un pensador (“¿moralista o nihilista?”) que “cuestionó el pensamiento científico tradicional”. Iniciado en la “ciencia paródica” de la “patafísica”, que le permitió “romper con toda la falsa seriedad filosófica”, su labor académica fue “más fruto de la casualidad que de la vocación”. Se convirtió en “sospechoso para el establishment intelectual de izquierdas”, y se hizo un pensador “consistente con sus ideas”, que “se consideraba un resistente”. Fue un “autor prolífico”, y hay en su obra algún “texto extraordinario, iluminado”, aunque “su estilo se hace cada vez más mordaz y áspero, y sus aforismos, más herméticos”.

Hay notorias diferencias en el lenguaje evaluativo de las tres necrológicas. ABC explicita una evaluación negativa (irónicamente modulada) respecto a la figura, estilo y obra de Baudrillard. El Mundo recoge ciertos juicios negativos sobre Baudrillard y se muestra ambivalente ante el personaje, aunque valora positivamente el significado de su obra inclasificable, y asume cierto compromiso con la perspectiva teórica de Baudrillard. El País no solo introduce una valoración muy positiva de Baudrillard, de su posición irónica ante el mundo académico y de su coherencia intelectual, sino que además justifica su estilo oscuro, capaz de producir obras iluminadas.

Por ejemplo, el estilo intelectual de Baudrillard, que El País considera mordaz y desafiante, para El Mundo resulta particular y no siempre fácil, mientras que ABC lo tilda de bizantino y paradójico. En cada necrológica, subyacen distintos criterios implícitos de valoración: ABC parece juzgar la inteligibilidad y confiabilidad del intelectual; El Mundo prejuzga la autenticidad del intelectual, pero valora la importancia de su obra y su capacidad de anticipación de lo inesperado; El País centra su valoración en la autenticidad del pensador.

2. Macroestructuras temáticas

Cuando consideramos la organización temática y estructural del conjunto de cada necrológica, se aprecian ciertos esquemas compartidos, pero también modos de construcción sumamente divergentes. Los tres obituarios coinciden al incluir en el comienzo del texto (en el titular y la entradilla), o bien en la base de la pirámide invertida de la información, una doble operación de identificación nominal y adscripción del personaje, así como el asunto supuestamente central de la noticia: la muerte del intelectual. Las tres necrológicas incluyen en el título y en la entradilla una fórmula compuesta por el nombre (“Jean Baudrillard”), la adscripción intelectual (“filósofo”, “sociólogo”, “crítico”, “pensador” o “teórico”) y el asunto de que se hizo cargo (“de la sociedad de consumo”, “de la cultura del siglo XX”, “de la postmodernidad” o “que alertó sobre la era Matrix”).

Se trata de una formulación habitual en las necrológicas de intelectuales, que le facilita al público la valoración de la importancia del individuo fallecido. En el caso del titular de ABC, el verbo que designa el acontecimiento de la muerte introduce la fórmula en cuestión; en El Mundo y El País, la noticia de la muerte figura al comienzo y al final de la entradilla respectivamente.

Tenemos, pues, típicamente un asunto principal de estas necrológicas de un intelectual, que informa simultáneamente del acontecimiento de una muerte (el motivo principal de la noticia), de la identidad del difunto y de la relevancia cultural de personajes no siempre identificables para el gran público.

En todo caso, las adscripciones de cada obituario parecen apuntar en una dirección particular, de modo que podría resultar complejo para el lector de las tres noticias contestar a la pregunta que la necrológica debiera responder: ¿quién fue Jean Baudrillard? En el resumen de la noticia, el ABC lo presenta como un crítico cultural, un sociólogo y un epígono del pensamiento francés de los años sesenta; El Mundo lo introduce como un filósofo visionario “que alertó sobre la era Matrix”, un sociólogo, un crítico de la sociedad de consumo y uno de los teóricos de la postmodernidad; El País lo retrata como un sociólogo y crítico de la sociedad de consumo, pero también como un influyente pensador contemporáneo y un filósofo “que cuestionó el pensamiento científico tradicional”. Como se puede apreciar, el periodista del ABC en ningún caso asocia a Baudrillard con el culturalmente selecto ámbito de la filosofía, aunque no duda en calificarlo de “ensayista”.

Las diferencias en la construcción de la necrológica de Baudrillard se acentúan en el desarrollo de la estructura de la noticia. Ciertamente, los tres obituarios comparten ciertos componentes macroestructurales, esto es, algunos núcleos temáticos o asuntos centrales que van resumiendo lo esencial de la noticia: la identificación y adscripción del difunto, junto con el acontecimiento de la muerte (en el titular y la entradilla); la atribución a una fuente autorizada (un periodista cultural, y no una agencia de noticias), la referencia a algunas obras destacadas, el relato biográfico y la narración de la trayectoria intelectual, la reseña que contextualiza su pensamiento, los comentarios evaluativos de sus ideas y estilo intelectual, así como la incorporación de citas directas.

El orden de realización de estos componentes funcionales en la superestructura textual es variable, de manera que los momentos evaluativos o la contextualización de la obra pueden ascender al resumen de la noticia (como ocurre sobre todo en ABC), aunque también figuran en el cuerpo de la noticia junto con los restantes elementos temáticos y factores estructurales.

Por ejemplo, El Mundo distribuye los comentarios evaluativos más explícitos a la mitad del texto, cuando se trata del personaje, y al final, cuando se comentan los alcances de las ideas de Baudrillard; pero El País relega al final del texto las evaluaciones abiertas de la obra, el estilo y el autor.

Por cierto, así como el titular y la entradilla de los obituarios de El Mundo y El País resumen lo esencial de la noticia (la macroproposición textual), en el caso del titular del ABC, existe una clara discrepancia entre el titular y el asunto que se infiere por medio del resumen del texto. En resumen, el texto de la noticia de ABC trata de un epígono intelectual absorto, sin sentido de la realidad y que solo fue un agorero sin mucho tino; pero el titular anuncia sintéticamente: “Muere Jean Baudrillard, uno de los mayores críticos de la cultura del siglo XX”. No obstante, sí hay cierta coincidencia temática entre el asunto central de la necrológica del ABC y el subtítulo que aparece a mitad del texto: “Profecías fallidas”.

Ya hemos hecho referencia a las dispares expresiones evaluativas de las tres necrológicas, que difícilmente permiten representarse la importancia del autor y la obra reseñadas; pero, además, existen notorias diferencias al listar las obras decisivas del autor. Según ABC, lo más destacable de Baudrillard sería la creación de la revista Utopie, Le système des objets, La société de comsommation, Pour une critique de l´économie politique du signe, L´effet Beaubourg y los artículos en Libération (aunque se hace mención al famoso ensayo que lleva por título “La guerra del golfo no ha tenido lugar”).

Por su parte, El Mundo solo da el título de dos obras: “El sistema de los objetos” (incluida entre las obras clave del pensamiento) y “El intercambio simbólico y la muerte” (aunque menciona el contenido de otros textos de Baudrillard). En El País, se recogen los siguientes títulos: “La sociedad de consumo América” (presentada como un texto extraordinario e iluminado), “Cultura y simulacro”, “El sistema de los objetos, Simulacros y simulación”, “La guerra del Golfo no ha tenido lugar”, “Requiem por las torres gemelas”, “El espíritu del terrorismo”, y las crónicas en el diario Libération. De la abundante bibliografía de Baudrillard, las tres necrológicas solo recogen doce títulos (incluyendo los artículos de Libération), y solo coinciden en un título (El sistema de los objetos), aunque no hay concordancia en que esa obra sea la más decisiva del autor.

Estas diferencias explícitas a la hora de ponderar cuáles son sus escritos más importantes introducen cierto margen de indeterminación sobre la obra efectiva de Jean Baudrillard. En fin, al leer las tres necrológicas, queda la duda de quién fue Jean Baudrillard, qué escribió y cómo valorarlo.

Tampoco parece haber demasiada convergencia entre los tres obituarios, cuando se sintetizan las ideas fundamentales que le atribuyen a Baudrillard (reducidas a cuatro tesis en ABC y El País, y a aproximadamente ocho en El Mundo). También en este caso surge la incertidumbre sobre qué es lo que pensaba y cuáles eran sus ideas fundamentales.

ABC resume el pensamiento de Baudrillard aproximadamente en los siguientes términos: Se trata de un “elogio personal del relativismo absoluto”. El simulacro es lo único verdadero, y no encubre verdad. La realidad es “una impostura «creada» por los medios de comunicación”. Los medios de comunicación son “unas maquinarias ciegas y sonámbulas” que inventan “una realidad ficticia”. Todo (incluso la guerra) constituye una “pura realidad virtual” de los medios audiovisuales, y a todos nos habita una “imaginación terrorista”, una “violencia infusa”.

El Mundo sintetiza un poco más detalladamente las ideas de Baudrillard. En la sociedad de consumo, hay “un plan de racionalidad del objeto” que lo hace independiente de su uso. La sociedad de consumo responde a un sistema marcado por la “manifestación pletórica de signos”, siempre frustrante.

En el mundo posmoderno solo hay “un simulacro de realidad”, una “realidad virtual creada por los medios de comunicación” (como una Matrix). En la sociedad de masas, los símbolos priman sobre las cosas y “la representación de la realidad se sobrepone a la realidad misma”. “La televisión crea una densa red que envuelve al individuo”, y se convierte en la única fuente de percepción y comprensión. El terrorismo es un “exceso” o “sacudida de la realidad”, “artificialmente provocada”, que quiebra la estrategia virtual del sistema. Estados unidos es el “arquetipo de la sociedad posmoderna”. Solo la muerte interrumpe el orden de los simulacros, y no se pueden rescatar antiguos valores; la única estrategia posible es la catástrofe de un sistema que no admite alternativas.

El País se centra más en la biografía intelectual de Baudrillard, aunque podría considerarse que incluye el siguiente resumen de su pensamiento. “Hay que vivir en inteligencia con el sistema y en revuelta contra sus consecuencias”. La sociedad de consumo se encierra su propia decadencia, y en ella las masas no son “víctimas del sistema social”, sino “cómplices” de un “modelo que las enriquece a cambio de su alienación”. El “mundo aparente” es virtual y Estados Unidos es la versión original y la “utopía realizada” de la modernidad. El País compensa esta escasa referencia al pensamiento de Baudrillard, mediante un generoso recurso a las citas directas del autor (cinco citas extensas en total, frente a las tres de ABC o una sola en El Mundo).

3. Modelos narrativos

Cada una de las tres necrológicas incluye cierto relato biográfico, que contiene los episodios decisivos de la vida y trayectoria de Jean Baudrillard; sin embargo, no hay apenas coincidencia en la selección de los episodios seleccionados (salvo el acontecimiento noticioso de la muerte) ni en el modo de tramar la historia. ABC presenta una historia esquemática y abstracta, que ya aparece resumida en la entradilla del obituario.

Jean Baudrillard muere el seis de marzo del 2007; comenzó su trayectoria como discípulo de los pensadores maestros de los años sesenta, y al principio desarrolló una obra crítica con la sociedad consumista, que parecía situarse en la estela de la Escuela de Frankfurt. Se convirtió en un profesor universitario poco apreciado, que, a partir de los ochenta, se alejó progresivamente de sus orígenes marxistas y de la realidad, al publicar ensayos cada vez más paradójicos y relativistas, sin una teoría crítica de peso.

Finalmente, Baudrillard se perdió en el laberinto de sus teorías paradójicas y, en el umbral del nuevo siglo, terminó lanzando profecías fallidas, a contrapelo de la cruda realidad. Como se puede apreciar, nos encontramos ante el relato esquemático y casi caricaturesco de la caída del intelectual, más dura cuanto mayor es la pretensión de “interpretar” la realidad a fuerza de teorías paradójicas. Se trata, pues, de un relato satírico que retrata la impotencia del intelectual absorto, simple epígono de un pensamiento aletargado y agonizante, que deja patéticamente de lado la realidad, y se parapeta tras paradójicas profecías fallidas.

El obituario de El Mundo construye un relato biográfico más discontinuo, que se entrelaza con el desarrollo de las principales temáticas de la trayectoria intelectual de Baudrillard. Jean Baudrillard muere el seis de marzo en París a los 77 años. En 1968, era profesor en la Universidad de Nanterre, y jugó un papel destacado en mayo del 68. Su tesis doctoral sobre el sistema de los objetos, dirigida por Henri Lefebvre, fue leída en 1966, y publicada en 1968 (El sistema de los objetos).

Con el tiempo se convirtió en uno de los pensadores más representativos de la posmodernidad, aunque no obtuvo reconocimiento académico, quizá por lo inclasificable de su pensamiento. Se adelantó a los creadores de la película Matrix, al sostener que no hay más realidad que el simulacro virtualmente creado por los medios.

Con ocasión de la primera Guerra del Golfo, predijo que la guerra no ocurriría, y luego sostuvo que no tuvo lugar porque había sido un espectáculo televisivo. Se ocupó de fenómenos como la televisión o el terrorismo, que ilustrarían el orden de los simulacros. Centró su atención en Estados Unidos como arquetipo de la sociedad posmoderna. Concluyó que solo cabe llevar la lógica del sistema al extremo catastrófico, pues no hay alternativa al sistema.

En este relato biográfico de El Mundo, se nos presentan las peripecias del intelectual provocador e inclasificable, que no obtiene reconocimiento académico, pero es capaz de anticipar la deriva del sistema. Podríamos pensar que se trata de una historia de fracaso mundanal y consumación intelectual del pensador visionario; aunque el protagonismo de las anticipaciones teóricas de Baudrillard en el relato (así como la propia revelación intelectual de la lógica autodestructiva del sistema y de su orden de simulacros, sin otra realidad que la virtualidad) nos sitúa ante una trama en que no hay más horizonte que el colapso catastrófico del universo intelectual del autor.

La comedia virtual del pensador que supera los conflictos académicos, y se remonta a la anticipación visionaria de la lógica del sistema, da paso a una tragedia sobrehumana en que el simulacro cultural contemporáneo se ve reflejado en su propio hundimiento, tan especulativo como catastrófico.

Por último, El País nos presenta una narrativa biográfica bastante detallada y que recoge antecedentes concretos de la trayectoria personal e intelectual de Jean Baudrillard. Nació en Reims, Francia, en 1929, en una familia campesina. Falleció el 6 de marzo a los 77 años. Publicó cerca de medio centenar de libros. Un profesor de instituto lo inicia en el campo del pensamiento al darle a conocer la patafísica de Jarry, que lo alejó de la gravedad filosófica.

Llega a París en 1948, y estudia Filología germánica en la Sorbona. Entre 1960 y 1966, enseña alemán (sin demasiado entusiasmo) y traduce a Marx, Brecht o Peter Weiss. En ese periodo comulga con el freudomarxismo y se acerca al situacionismo. A partir de 1966, enseña (casi por accidente) sociología en la Universidad de Nanterre. En 1968 defiende su tesis ante un tribunal compuesto por Barthes, Bourdieu y Henri Lefebvre. Funda la revista Utopie, y publica El sistema de los objetos (1968) y La sociedad de consumo (1970).

Se aleja del marxismo, y desarrolla una filosofía crítica con el pensamiento científico tradicional, con la alienación social y con la deriva de la modernidad. Su estilo se hace más mordaz, áspero y hermético, como expresión de una lógica del desafío. En los últimos años, consecuente con sus ideas y su vocación de resistente, se distanció de los medios de comunicación.

Este relato de El País tiene un protagonista más humano que los esquemas caricaturescos de la necrológica de ABC o que los grandes temas de las teorías de Baudrillard y los actantes de la lógica del sistema, protagónicos en el obituario de El Mundo. La narración de los episodios cruciales decisivos se va hilando a través de una trama en que se pasa, desde los episodios de distanciamiento irónico ante el mundo académico y ante la gravedad intelectual, a una cada vez más resuelta coherencia con su desafío intelectual al sistema y con su apuesta por la resistencia.

En ese sentido, la desaparición de Baudrillard de la escena intelectual y mediática se presenta como un triunfo final de la consecuencia con las propias ideas. En suma, cabe reconocer en El País un relato épico del intelectual que se sitúa irónicamente al margen del sistema y lo resiste decididamente, hasta la muerte.

4. Discusión de resultados

Ciertamente, tras analizar la selección léxica, la organización de la estructura textual y el relato de los acontecimientos, podemos afirmar que las necrológicas del intelectual se caracterizan por una acusada diferencia de estilo discursivo y un notorio conflicto interpretativo.

Existen divergencias en los andamiajes conceptuales que sostienen la construcción temática de cada necrológica. Encontramos distintos repertorios de lenguaje evaluativo que pueden ir desde la valoración negativa del intelectual y su obra, pasando por la ambivalencia ante el pensador y la valoración positiva de sus teorías, hasta la evaluación positiva tanto de la actitud como de la obra del intelectual; en ese sentido, los diferentes criterios subyacentes a estas evaluaciones tan dispares aparecen enmarcados por los guiones ideológicos de cada medio.

También se dan diferentes modos de organización temática y de construcción de la estructura textual de conjunto, de manera que los componentes funcionales de la noticia pueden exhibir distintas distribuciones y ciclos. En general, los obituarios respetan relativamente la estructura típica que parte del resumen de la información nueva, y se refiere la muerte del intelectual en el titular y la entradilla, en alguna fórmula que identifique la adscripción y relevancia del intelectual ante el público. Sin embargo, encontramos muy distintas estrategias textuales en la ordenación de los restantes componentes funcionales de la noticia: el relato de la trama de los episodios biográficos, la contextualización de las ideas, las citas del intelectual fallecido, así como los comentarios evaluativos y las valoraciones de las implicaciones de su pensamiento.

De hecho, puede darse el caso de que el comentario evaluativo, la contextualización de las ideas, el relato biográfico o la citación modulen la estructura de conjunto de la necrológica. Con estas estrategias textuales se deciden también guiones que modelan la representación sociocognitiva del significado de la muerte del intelectual, al jerarquizar diferencialmente la valoración del personaje, la contextualización de sus ideas o el relato de los episodios biográficos.

Cuando las necrológicas realizan el recuento biográfico del difunto, resulta particularmente llamativa no solo la selección discrecional de los episodios relevantes, sino también la diferencia en los modelos narrativos o esquemas genéricos adoptados. Podemos apreciar que los relatos biográficos se traman de tal manera que los episodios se invisten de un sentido específico, al tiempo que la narración adquiere un significado de conjunto y un trasfondo simbólico e ideológico determinado, que responde a alguno de los esquemas de género tradicionales (romance, sátira, tragedia o comedia) (Frye 1977; White 2001).

En algunas necrológicas, se impone una trama de corte satírico, que enmarca irónicamente el fracaso e impotencia del intelectual ante su propia circunstancia histórica. En otros casos, la construcción narrativa despliega una tragedia de alcance mitológico: un conflicto suprahumano, en el cual el devenir de las ideas, las lógicas y los sistemas dejan en segundo plano la frágil iniciativa del intelectual visionario, aunque mundanamente inadaptado. También hemos encontrado relatos necrológicos cercanos al romance épico, en que el intelectual protagónico se enfrenta a los desencuentros con el mundo y triunfa sobre las circunstancias, a fuerza de resistir y de permanecer coherente con sus ideas.

CONCLUSIONES

Cabría pensar que el discurso de los obituarios responde a un género relativamente ritualizado, así como sujeto a cierta fijación social e institucional, en el cual se asiste típicamente a la repetición de una retórica epidíctica, al servicio de la alabanza de las virtudes del difunto, la preservación de su memoria y la conciliación simbólica de la comunidad de los deudos frente a la muerte individual.

No obstante, los obituarios periodísticos de intelectuales con cierta notoriedad pública constituyen algo más que un homenaje póstumo, y adicionalmente plantean un juicio final de los méritos de las teorías, el estilo y la trayectoria del pensador en cuestión. Este juicio público sobre la labor del intelectual puede recoger algunos tópicos referentes al elogio de la teoría y a lo sublime del talante visionario, inconformista y crítico del pensamiento genuino, aunque también se barajan otros tópicos relativos al desapego absorto, los tropiezos mundanos o las vanas especulaciones del pensamiento abstracto y pretencioso.

En cada necrológica, el tono evaluativo y el talante del juicio responden a los posicionamientos ideológicos del medio de prensa, a las expectativas previsibles del público y a los consensos tácitos de toda la comunidad interpretativa conformada por el periódico y sus lectores. De ahí que, entre los distintos medios, existan tan marcadas diferencias en los obituarios de intelectuales de renombre.

Los distintos guiones de las necrológicas reflejan las valoraciones de la figura del intelectual entre los diversos públicos contemporáneos. La prensa ideológicamente afín a la derecha conservadora reproduce esquemáticamente cierta desconfianza irónica ante las vanguardias intelectuales, y critica negativamente la figura del intelectual encerrado en sus paradójicos libretos intelectuales y propenso a la profecía desatinada, pero desconectado de las acuciantes circunstancias históricas.

La prensa afín a la centro-derecha liberal no parece tener problemas con la libre proliferación de las teorías especulativas propuestas por los intelectuales de vanguardia, aunque se muestra bastante ambivalente y elusiva a la hora de valorar la función social y los compromisos concretos del intelectual de carne y hueso. En la prensa ideológicamente cercana al progresismo de centro-izquierda, asistimos a una consagración del intelectual irreverente, comprometido con sus ideas y capaz de resistir críticamente. En fin, ante los muy distintos discursos necrológicos ideológicamente enmarcados y construcciones noticiosas que genera la muerte del intelectual en la prensa periódica, resulta lícito preguntarse quién muere efectivamente, en qué radica la pérdida pública y cuál ha de ser la labor del duelo.

Tal como están inscritas en los obituarios, la vida y muerte del intelectual no parecen ser una vida y una muerte cualquiera, como tampoco el nombre o apellido del intelectual son una denominación sin más, que designe referencialmente a un individuo reconocible. Estamos ante un significante flotante cuyo sentido se decide no solo a través de la circulación mediática del nombre del intelectual, sino también en los usos polémicos de la enunciación del nombre del intelectual y en los conflictos interpretativos que atraviesan los discursos públicos asociados al nombre del intelectual (Laclau 2005: 163-197).

De ese modo, cabe sostener que la muerte del intelectual siempre encierra una muerte doble, no solo porque a la muerte biológica y existencial añada la muerte simbolizada, como pasa con el común de los mortales en la mayoría de las culturas (Hertz 1990). Del mismo modo que la muerte del rey en la teología política medieval era doble, porque la defunción del cuerpo del soberano implicaba la permanencia de la soberanía que este había incorporado (Kantorowicz 1985), la muerte del intelectual involucra un doble juego entre el final de una biografía individual y, por otra parte, los horizontes de significado abiertos por sus planteamientos teóricos y compromisos intelectuales, tal como resultan reelaborados y reapropiados entre los diversos públicos.

Heredero de una función de doble, que invierte los consensos establecidos y cuestiona críticamente los poderes hegemónicos del orden social, el intelectual nunca muere solo del todo ni le pertenece plenamente su propia muerte, pues su biografía y trayectoria se inscriben y transforman inevitablemente en la esfera pública. En ese sentido, no sabemos si cabe afirmar que la muerte de Baudrillard no ha tenido lugar, pero sí se puede sostener que, a través de las necrológicas periodísticas, no queda claro qué muerte de Baudrillard tuvo lugar

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Recibido: 06 de Mayo de 2018; Aprobado: 16 de Enero de 2019

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