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Universitas-XXI, Revista de Ciencias Sociales y Humanas

versión On-line ISSN 1390-8634versión impresa ISSN 1390-3837

Universitas  no.34 Cuenca mar./ago. 2021

https://doi.org/10.17163/uni.n34.2021.04 

DOSSIER TEMÁTICO

Noticias falsas y creencias infundadas en la era de la posverdad

Fake news and unfunded beliefs in the post-truth age

Víctor Castillo-Riquelme1 
http://orcid.org/0000-0002-9190-9353

Patricio Hermosilla-Urrea2 
http://orcid.org/0000-0003-3976-9039

Juan P. Poblete-Tiznado3 
http://orcid.org/0000-0002-5193-4394

Christian Durán-Anabalón4 
http://orcid.org/0000-0002-5990-1036

1Universidad Santo Tomás, Chile

2Universidad Santo Tomás, Chile

3Universidad Santo Tomás, Chile

4Universidad Santo Tomás, Chile


Resumen

La difusión de noticias falsas encarna un apremiante problema para la democracia que se ve agudizado por la ubicuidad de la información disponible en el internet y por el aprovechamiento de quienes, apelando a la emocionalidad de las audiencias, han capitalizado a su favor la inyección de falsedades en el entramado social. En este estudio a través de un diseño transversal, correlacional y no experimental se exploró la relación entre credibilidad frente a las noticias falsas y algunos tipos de pensamientos disfuncionales en una muestra de estudiantes universitarios chilenos. Los resultados develan que una mayor credibilidad en noticias falsas va aparejada con mayores puntajes de pensamiento mágico, esotérico e ingenuamente optimista, creencias que serían el punto de encuentro para una serie de sesgos cognitivos que operan en el procesamiento de la información. La correlación más alta se encuentra con la faceta de creencias paranormales y, particularmente, con las ideas acerca de las leyes de atracción mental, la telepatía y la clarividencia. También se hallaron diferencias significativas en la credibilidad en noticias falsas en función del género de los participantes, encontrando que el género femenino puntúa una media más alta que el género masculino. Estos hallazgos ponen en relieve la necesidad de promover el pensamiento crítico, el escepticismo y la actitud científica en todos los segmentos de la sociedad.

Palabras clave Comunicación de masas; Psicología de la comunicación; democracia; ética de la prensa; difusión de la información; pensamiento crítico

Abstract

The dissemination of fake news embodies a pressing problem for democracy that is exacerbated by the ubiquity of information available on the Internet and by the exploitation of those who, appealing to the emotionality of audiences, have capitalized on the injection of falsehoods into the social fabric. In this study, through a cross-sectional, correlational and non-experimental design, the relationship between credibility in the face of fake news and some types of dysfunctional thoughts was explored in a sample of Chilean university students. The results reveal that greater credibility in fake news is associated with higher scores of magical, esoteric and naively optimistic thinking, beliefs that would be the meeting point for a series of cognitive biases that operate in the processing of information. The highest correlation is found with the paranormal beliefs facet and, particularly, with ideas about the laws of mental attraction, telepathy and clairvoyance. Significant differences were also found in credibility in fake news as a function of the gender of the participants, with the female gender scoring higher on average than the male gender. These findings highlight the need to promote critical thinking, skepticism and scientific attitude in all segments of society.

Keywords Mass communication; Communication psychology; democracy; ethics of the press; information dissemination; critical thinking.

Forma sugerida de citar:

Castillo-Riquelme, V., Hermosilla-Urrea, P., Poblete-Tiznado, J., & Durán-Anabalón, C. (2021). Noticias falsas y creencias infundadas en la era de la posverdad. Universitas, 34, pp. 87-108.

Las noticias falsas como amenazas a la democracia en la era de la posverdad

El advenimiento de la sociedad digital trajo aparejada una profunda transformación en la narrativa hegemónica de la verdad, la cual descansaba sobre la posibilidad de reconocer a las instituciones de prensa como medios confiables de producción y transmisión de la información, adscritos al ejercicio ético y profesional del periodismo y abiertos al escrutinio público de la veracidad de sus fuentes. Tal como señala Amoros (2018) la irrupción masiva de las plataformas digitales produjo un servicio de información a la carta, personalizable y más propenso a interpelar al género periodístico. Si bien no han sido pocos los casos de manipulación y censura por parte de los medios tradicionales, no es sino hasta la entrada de la revolución digital que las denominadas fake news o noticias falsas fueron advertidas como una amenaza endémica de las sociedades modernas, socavando la confianza en los medios de comunicación y remeciendo las bases que sustentan a la democracia.

Las noticias falsas pueden ser entendidas como una alteración deliberada de un hecho real o la invención de un hecho ficticio con el fin de desinformar o confundir a una audiencia, generalmente presentadas en formatos que evocan al de una noticia tradicional. En su origen, estas noticias falsas pueden obedecer a múltiples propósitos, como el favorecer intereses políticos e influir en el debate público u obtener ganancias económicas generadas por el tráfico de visitas de los sitios web. Otro aspecto distintivo de ellas es que carecen de revisión editorial y de procesos que aseguren el cumplimiento de estándares mínimos como la precisión de la información, la contrastación de sus fuentes, la calidad de la argumentación y la valoración de su impacto (Lazer et al., 2018). En esencia, la invención o distorsión de un hecho noticioso adquiere particularidades que la distinguen de las noticias que distribuyen los canales televisivos y periódicos masivos, pues, aunque estos también pueden ser cuestionados —en cuanto ejercen control sobre la agenda política y construyen realidad bajo el lente teñido de intereses típicamente conservadores (Gronemeyer & Porath, 2017)— no es propio de ellos la ausencia de revisión editorial y, en los casos que no logran filtrar correctamente una noticia falsa, suelen rectificar la información en comunicados oficiales.

Si bien las noticias falsas no son un fenómeno reciente su proliferación se ha favorecido por el acelerado ritmo de crecimiento del internet y, particularmente, por la inusitada adhesión de las audiencias a las redes sociales virtuales, espacios que posibilitan y promueven la viralización en tiempo real de la información. Estas plataformas constituyen una de las principales fuentes de información de los chilenos y su acceso abierto ha sido el principal catalizador para la distribución rápida y descontrolada de los contenidos noticiosos. De acuerdo con Vosoughi et al. (2018) las noticias falsas se propagan en redes sociales significativamente más rápido que las noticias verificadas, y aquellas que versan sobre política se difunden con mayor frecuencia y rapidez que otros tópicos.

El gran alcance de las noticias falsas queda explicado en parte por la apelación a las emociones del lector, razón por la cual ningún ciudadano quedaría completamente eximido de creer en ellas. Se trata de construcciones que exaltan el sentido de asombro de las audiencias y que al mismo tiempo reafirman ciertos sesgos ideológicos, colmando así necesidades emocionales de aprobación que la prensa tradicional suele dejar insatisfechas. En este sentido, las noticias falsas confluyen con el concepto de posverdad, entendido como un escenario en donde la influencia de los hechos objetivos sobre la configuración de la opinión pública recibe una ponderación menor que las creencias personales y reacciones emocionales. Para tales efectos, la posverdad capitaliza la necesidad de autodefensa del sistema de creencias, cuyo accionar en el individuo se articula a partir de estrategias cognitivas que reinterpretan los hechos que refutan una creencia en favor de salvaguardarla (Flichtentrei, 2018). Es así cómo las noticias falsas pueden tributar a la dificultad de las personas para someter a escrutinio crítico la información que reciben, convocando al convencimiento de su veracidad y reafirmando persistentemente sus creencias sesgadas. Empíricamente se ha evidenciado que los usuarios de redes sociales prefieren seleccionar publicaciones de noticias que coinciden con sus opiniones previas (Sülflow et al., 2019), sin embargo, la difusión generalizada de noticias falsas tiene el potencial de penetrar en el sistema de creencias incluso cuando son inconsistentes con la ideología política del lector (Pennycook & Rand, 2019). Conclusiones que son congruentes con la idea de que la repetición de noticias falsas aumenta la legitimidad percibida sobre las mismas, puesto que las creencias suelen ser actualizadas conforme el comportamiento deshonesto se hace más frecuente (Garrett et al., 2016).

Aunque las noticias falsas se pueden considerar un problema per se, sus consecuencias en el campo de la acción pueden resultar aún más preocupantes. Siguiendo el famoso teorema de Thomas la veracidad de un hecho puede ser menos relevante que la interpretación que las personas hagan del mismo. Esto implica que en la medida que una noticia se juzgue como verdadera, con independencia de su real estatus de veracidad, las consecuencias que esta invoque serán desde luego reales. En este sentido, la propagación de falsedades y rumores pueden generar pánico en la población, aumentar la desconfianza hacia las instituciones, polarizar el debate público o incluso poner en riesgo la vida e integridad de las personas. Por ejemplo, la creencia de que ciertas vacunas pueden producir autismo en los niños tuvo un efecto disuasivo que incluso ha motivado movimientos de anti-vacunación, poniendo en riesgo la salud individual y colectiva de las personas (Domínguez et al., 2019). De igual forma, la noticia que aseguró que en las elecciones presidenciales de Chile algunos votos estaban marcados previamente para favorecer a ciertos candidatos, tuvo un efecto inmediato en la polarización del debate público y en la percepción del funcionamiento de la democracia. De acuerdo por lo investigado por Halpern et al. (2019) un 36,4% de la población chilena consideró como muy creíble o extremadamente creíble esta noticia.

Con una audiencia especialmente permeable a la falsedad es previsible que la confianza —acto por el cual se delegan atribuciones y responsabilidades— se vea gravemente vulnerada. Ello debido a que el ¿qué creer? y ¿en quién creer? son interpelaciones directas al modo prevaleciente de entender la verdad y a las fuentes que la sustentan. Las noticias falsas y los hechos alternativos, entendidos como versiones selectivas de la realidad, contribuyen a sembrar un clima de incertidumbre, potenciado también por la incapacidad de los medios de prensa para conectar con las nuevas audiencias y defender su patrimonio profesional (Nigro, 2018). En general, la crisis del periodismo se ha movido en conjunto con el desplazamiento de la confianza hacia las redes sociales, y paradójicamente, cuanto más disminuye la credibilidad en los medios de prensa, más expuestos quedan los ciudadanos a los contenidos falsos. Como corolario, en Chile un 55% de la población señala tener poca o ninguna confianza en los medios de comunicación tradicionales, cifra que es expresión de una tendencia generalizada en Latinoamérica (Latinobarómetro, 2018).

Entendida así, la difusión de noticias falsas encarna un problema de carácter ubicuo para la democracia, pues el funcionamiento del sistema político demanda de una ciudadanía informada capaz de influir inteligentemente en la toma de decisiones públicas. Tal como ya adelantaba Habermas (1991) el crecimiento de la industria cultural es hasta cierto punto responsable de que la esfera pública se haya alejado de su sentido original, en cuanto a constituir un espacio para la opinión y el debate público. De esta forma, el arquetipo de ciudadano moderno se ve obligado a transmutar hacia una versión cada vez más exigente de sí mismo, ya no solo consciente de sus derechos y deberes, sino que además competente en el uso y gestión de la información que le rodea. La responsabilidad de un ciudadano en la era digital consiste precisamente en evadir dentro de este océano de información a los datos superficiales, espurios y falsos, filtro que es logrado solo en la medida que las habilidades críticas así lo permitan. Adicionalmente, debido a que la búsqueda de la verdad es una virtud que va más allá de la competencia intelectual, la presencia de noticias falsas también plantea desafíos para la dimensión ético-moral de la formación ciudadana. En consecuencia, la configuración de un escenario digital que desborda contenidos de distinta calidad y naturaleza exige sostener un juicio fundado, prudente y reflexivo que establezca las bases para el desempeño óptimo de la ciudadanía.

Credibilidad en noticias falsas, sesgos cognitivos y creencias disfuncionales

Las noticias falsas no impactan homogéneamente a todas sus audiencias. La credibilidad en ellas dependerá, del contenido de la información, de las circunstancias que contribuyen a darle veracidad al argumento y de las respuestas cognitivas propias con las que un determinado individuo logra codificar la información recibida y juzgar su coherencia. Algunos medios de prensa recurren al sensacionalismo y a la banalización del discurso para aprovechar un nicho de espectadores que está menos dispuesto a realizar esfuerzos cognitivos para procesar la información, dirigiendo su atención hacia factores periféricos que no precisan de mayor racionalidad o bien resulten menos extenuantes de procesar (Sobrado et al., Ruz, 2018). Las personas pueden juzgar la plausibilidad de un hecho basándose en reglas heurísticas a partir de la fuente, las imágenes y el medio de difusión, pero incluso aunque la fuente que elabora la noticia logra transferir distintos niveles de coerción con base a la confianza, experticia y reputación que esta tenga (Metzger et al., 2010), la credibilidad es en última instancia un atributo de carácter individual (Tseng & Fogg, 1999). Tal como lo sugieren las teorías sobre los efectos de la persuasión, algunos estímulos asociados a la fuente, el canal y el contexto podrían ser capaces de incrementar la credibilidad de los mensajes, pero con efectos diferenciados en virtud de la interacción de estos elementos con las características individuales de los receptores (Moya, 1999).

Determinados rasgos de la personalidad podrían explicar parte de las variaciones interpersonales de la credibilidad en noticias falsas. Ciertos perfiles psicológicos vinculados con el dogmatismo, el fundamentalismo y el pensamiento delirante son más propensos a ser engañados mediante contenidos erróneos (Bronstein et al., 2019). Siguiendo esta línea, se ha sugerido que la credibilidad en noticias falsas podría estar relacionada con el pensamiento escéptico de los receptores, quienes, en ausencia de una examinación razonada del contenido, son con frecuencia seducidos por ideas —aunque ocasionalmente confortables— distanciadas de los hechos que declaran representar (Pennycook & Rand, 2019). La capacidad de las personas para discernir la verdad en los medios de comunicación y, por defecto, descartar las creencias epistémicamente dudosas e inconsistentes tiene un estrecho correlato con las habilidades analíticas que el lector haya cultivado en su formación como ciudadano. En tal sentido, la ausencia de análisis convertida en costumbre termina por ceder la tutela intelectual a personas y corporaciones con intereses propios, capaces de inyectar falsedades en el cuerpo social para aprovecharse de los más incautos (Sagan, 2000), credulidad que lleva por costo la autonomía en cualquier plano de la existencia humana.

La disposición a creer en planteamientos inverosímiles encuentra su punto de anclaje en las distorsiones cognitivas que operan en el procesamiento de la información. Estos sesgos son errores sistemáticos de razonamiento que devienen en una desviación del juicio inferencial, basándose en una precipitada y subjetiva selección de la información. En escenarios de incertidumbre es común que las personas juzguen la plausibilidad de los hechos basándose en atajos mentales que no siempre conducen a resultados razonables, filtrando los estímulos que mejor encajan con sus esquemas cognitivos y con las preconcepciones que se tienen del fenómeno. Por ejemplo, la información incompleta puede ofrecer la ilusión de causalidad en situaciones donde solo ha mediado la contigüidad temporal de dos sucesos, sesgo que, por lo demás, se situaría en la base explicativa de ciertas creencias supersticiosas, como cuando una persona atribuye el éxito de una lotería a la acción inmediatamente precedente (cerrar los ojos, agitar alguna extremidad, frotar un amuleto, etc.), constituyéndose en una cábala para los futuros intentos. Entendido así, los sesgos promueven una simplificación y categorización de la realidad, siendo frecuente su relación con visiones rígidas para interpretar el mundo, así como con comportamientos disfuncionales (David et al., 2010).

Los sesgos cognitivos son incorporados en los esquemas mentales que influencian la selectividad de la memoria y la atención. Estos esquemas constituyen el armazón de la personalidad del sujeto y pueden mantenerse impermeables al razonamiento debido a la necesidad de preservar su coherencia con las creencias más incondicionales, ofreciendo por lo tanto una mayor resistencia al cambio. De esta forma, se presentan involuntariamente ciertos pensamientos automáticos que modelan la interpretación de las experiencias de vida, impactando en un amplio espectro de reacciones emocionales y conductuales, sean estas consideradas adaptativas o no. Epstein (1998) ha considerado dentro de su teoría cognitivo-experiencial la existencia de dos tipos de pensamientos automáticos, entendidos como expresiones fugaces y concretas de las ideas incondicionales del sujeto (Beck & Clark, 1997). Por una parte, enumera una serie de dimensiones en las que se agrupan los pensamientos de carácter constructivo, los cuales se asocian con la capacidad para afrontar exitosamente los acontecimientos vitales, mientras que, por otra, identifica dimensiones que tributan a formas básicas de pensamiento destructivo que se alinean en una dirección contraria de la requerida para un buen ajuste psicológico. El pensamiento mágico, el pensamiento esotérico y el optimismo ingenuo serían claros ejemplos de esquemas que aportan creencias disfuncionales para el desarrollo de la personalidad y que eventualmente podrían correlacionarse con otras creencias igualmente inverosímiles.

  1. Pensamiento mágico: visto desde un marco antropológico, el pensamiento mágico representa una categoría arcaica y culturalmente propia de los estadios primigenios de las sociedades. Por otra parte, para la psicología evolutiva constituye un esquema de pensamiento infantil que se va desvaneciendo conforme los niños se exponen al influjo educativo y adquieren más conocimientos de las leyes naturales (Brashier & Multhaup, 2017). Si bien la conceptualización de estos pensamientos se entremezcla con las definiciones de creencias esotéricas, místicas, paranormales y supersticiosas, Epstein (2012) propone su distinción a partir del carácter idiosincrásico que adquieren estas creencias en el individuo y por su vinculación con el pesimismo y la desesperanza. Así entendido, el pensamiento mágico opera sobre la base de supersticiones privadas a las que se aferra el sujeto para defenderse de las amenazas y aceptar los resultados desfavorables de forma anticipada.

  2. Pensamiento esotérico: el pensamiento esotérico congrega una serie de creencias que se han sobrepuesto al proyecto de secularización cultural y que hunden sus raíces en una realidad onírica inmune a las leyes físicas que gobiernan al mundo real. En esta categoría de pensamiento abundan las explicaciones sobrenaturales y científicamente cuestionables, apoyadas solo por la exposición continua a ideas infundadas y por la singularidad de la experiencia que para el individuo tiene un valor probatorio. De acuerdo con Epstein (2012) el pensamiento esotérico incluye creencias del dominio paranormal y creencias en supersticiones comunes que bajo ciertos límites representan solo una propensión hacia fenómenos no comprobados, pero que en niveles más altos develarían déficits en el razonamiento probabilístico (Leonard & Williams, 2019), una propensión al estilo de pensamiento intuitivo (Rogers et al., 2018) y una inteligencia fluida más baja (Stuart-Hamilton et al., 2006). De igual forma, las creencias en fenómenos extraños están concatenadas con experiencias disociativas y con estructuras psicopatológicas de rasgo esquizotípico (Dagnall et al., 2016).

  3. Optimismo ingenuo: aunque el optimismo en general suele considerarse un rasgo favorable de la personalidad, si los pensamientos positivos fungen como una respuesta escasamente realista y sin fundamento pueden llegar a ser considerados disfuncionales. En este sentido, la exageración pueril del optimismo sumerge al individuo dentro de una fantasía, enarbolando un sentimiento de ingenuidad que lo despreviene de las consecuencias que los hechos objetivamente adversos suelen provocar. Se trata entonces de una visión simplista e infantil que oculta bajo su propia miopía los eventos negativos o desagradables, incluso cuando estos representan una amenaza relevante para el individuo. El optimista ingenuo sobrestima las probabilidades de ocurrencia de los resultados favorables frente a alternativas aleatorias equiprobables y tiende a generalizar los éxitos a su conveniencia sin mayor base que una confianza acrítica de sí mismo y de los demás. Este voluntarismo representa una ruptura con la realidad que resulta porosa a las expectativas deseables del mundo, pero impermeable a los hechos que se oponen a ella.

En consecuencia, existen características psicológicas que al margen de las exigencias editoriales que podrían imputarse a la prensa, hacen de las audiencias un actor más sugestionable a los efectos de las falacias retóricas y lógicas que anidan en la era de la posverdad, haciendo más complejo su desarraigo en quienes precisamente son menos capaces de protegerse a los intereses de charlatanes y ávidos políticos. Esta investigación busca determinar la existencia de relaciones entre la credibilidad en noticias falsas y las creencias disfuncionales que los individuos adoptan respecto del mundo que les rodea. Se hipotetiza que una mayor credibilidad en noticias falsas va aparejada con una propensión hacia el pensamiento mágico, esotérico e ingenuamente optimista, en donde el denominador común de estas relaciones estaría anclado en los sesgos cognitivos que operan en el procesamiento de la información.

Método

Diseño

Se realizó una investigación con un diseño no experimental, de alcance correlacional y carácter cuantitativo, cuya recolección de datos estuvo delimitada temporalmente por los meses de junio y julio de 2020. Debido a las condiciones inusuales del contexto de confinamiento y crisis sanitaria se empleó la modalidad de cuestionario autoaplicado asistido por computador. Este estudio fue aprobado bajo el código interno N° 14-2 por el comité ético científico de la Universidad Santo Tomás, Chile.

Instrumentos

Para medir las variables de pensamiento mágico, optimismo ingenuo y pensamiento esotérico se utilizaron las escalas homónimas del Inventario de Pensamiento Constructivo de Epstein (2012), instrumento ampliamente utilizado para diversos propósitos y poblaciones, mostrando previamente características psicométricas adecuadas de confiabilidad y validez.

La escala de pensamiento mágico consiste en una batería unidimensional de siete ítems de respuesta graduada que indica el grado en que las personas se aferran a supersticiones privadas como la idea de que si ocurre algo bueno se contrarrestará prontamente con algo malo. El pensamiento esotérico en cambio se compone de una batería de trece ítems agrupados en dos facetas específicas relacionadas con la creencia en fenómenos extraños. La faceta de creencias paranormales incluye fenómenos como la clarividencia, fantasmagoría, escatología y telepatía, mientras que la faceta de pensamiento supersticioso se orienta hacia las supersticiones convencionales, como la astrología, el tarot, los amuletos y los buenos o malos augurios.

La escala de optimismo ingenuo mide el grado en que una persona es optimista sin tener fundamentos, como la idea de poder conseguir que algo ocurra si se desea con suficiente intensidad. Esta escala tiene una estructura factorial de tres facetas que en su conjunto agrupan a quince ítems. La faceta de optimismo exagerado se relaciona con la generalización de los sucesos favorables a todas las situaciones, mientras que la faceta de ingenuidad se vincula con las expectativas positivas, aunque irreales, acerca del futuro y de las demás personas. La faceta de pensamiento estereotipado mide los modos de pensamiento simplistas y poco elaborados que, a diferencia de la suspicacia, está representado por prejuicios con un sesgo positivo. Todos los ítems de las escalas poseen cinco opciones de respuesta en formato Likert que van desde el “en total desacuerdo” hasta el “totalmente de acuerdo”.

Por otra parte, se construyó una escala de tamizaje para cuantificar el grado de credibilidad en noticias falsas relacionadas con la contingencia política, social, internacional y sanitaria del periodo 2019-2020. Para ello se replicó la misma estrategia de medición reportada por investigaciones previas que emplean el titular de una noticia como reactivo con respuestas de credibilidad graduadas en seis alternativas que van desde el “para nada creíble” al “totalmente creíble” (Valenzuela et al., 2019; Halpern et al., 2019; Pennycook & Rand, 2019). En la Figura 1 se puede observar un ejemplo de ítem empleado en el cuestionario de noticias falsas, el cual muestra un titular y una imagen asociada al contenido.

Figura 1 Ejemplo de ítem del cuestionario de credibilidad en noticias falsas 

Participantes

La muestra estuvo conformada por 171 estudiantes de educación superior de la región del Bío-Bío, Chile, de los cuales un 75% fueron de género femenino, cuyo rango de edad osciló entre los 18 y 46 años, con una media de 22,24 y una desviación estándar de 3,32 años. La muestra estuvo constituida principalmente por estudiantes de Psicología (49,1%), seguido de estudiantes de Terapia Ocupacional (18,1%) y de Trabajo Social (11,7%). El reclutamiento de los participantes se realizó con base a un muestreo por conglomerados teniendo como unidad de muestreo a las asignaturas y niveles de los programas formativos. El único criterio de exclusión fue el presentar alguna situación de discapacidad visual que fuese inhabilitante para responder el formulario en línea.

Procedimientos

Se compilaron noticias falsas que circularon por redes sociales durante los años 2019 y 2020 para la construcción del cuestionario de credibilidad. Principalmente se escogieron noticias relacionas con el estallido social acontecido en octubre de 2019 en Chile y con la crisis sociosanitaria de la COVID-19. Para incluir las noticias al instrumento de tamizaje se corroboró su falsedad a partir de servicios de verificación de hechos (fact cheking) y prensa mainstream. La versión preliminar del instrumento fue presentada a un comité de expertos para su revisión con base a criterios de pertinencia y calidad de los ítems. Posteriormente se realizó una prueba piloto en una muestra de 59 personas que fueron contactadas a través de redes personales. La versión final del instrumento contó con doce noticias falsas más dos noticias verificadas que se utilizaron para controlar el sesgo de aquiescencia.

Los participantes contestaron las encuestas mediante su aplicación asincrónica a través de Google Forms, previa aceptación del consentimiento informado. Se omitió informar que las noticias presentadas en el cuestionario eran falsas para resguardar que las respuestas no se ajustaran a la deseabilidad social. De igual forma, las escalas de pensamiento mágico, supersticioso y optimismo ingenuo fueron descritas solo como escalas para medir atributos generales de la personalidad.

El análisis de los datos recurrió al cálculo de estadísticas de frecuencia univariante para la descripción de la credibilidad individual de las noticias y cálculo de medidas de correlación entre todas las facetas de las creencias disfuncionales con el cuestionario de credibilidad en noticias falsas. Para los análisis de datos y pruebas de hipótesis se utilizó el programa computacional SPSS y R-Studio para la elaboración de gráficos.

Resultados

De acuerdo con la Tabla 1 se observa una gran heterogeneidad en la credibilidad hacia las noticias falsas, concentrando mayores puntajes en los titulares relacionados con el funcionamiento de las instituciones públicas que operan en el territorio nacional. Tres de cada cuatro participantes afirman creer en que durante los eventos de protesta de 2019 un carabinero de civil atropelló a un manifestante en Valparaíso y más del 70% asegura que el precio de los pasajes de metro solo fue redistribuido en distintos horarios, negando así el hecho de que el aumento de las tarifas fue suspendido a una semana de iniciado el estallido social. Por otra parte, las noticias con menores puntajes en credibilidad estuvieron relacionadas con eventos internacionales que aluden principalmente a conspiraciones, como el movimiento de anti-vacunas y el movimiento Stop 5G.

Al desagregar el análisis con base al género de los participantes se encontró que en nueve de las doce noticias falsas las mujeres reportaron una mayor credibilidad que los hombres, así, por ejemplo, mientras que un 26% de los hombres consideró muy o totalmente creíble que Donald Trump se haya mofado de la muerte del ciudadano George Floyd, en las mujeres esta cifra ascendió a un 45%. De igual forma, se observó que la credibilidad en la noticia que afirmaba la presencia de agentes externos en la quema del metro de Santiago representa para el grupo de mujeres el triple de la credibilidad que le conceden los hombres.

Tabla 1 Credibilidad de las noticias falsas seleccionadas en el cuestionario de credibilidad en noticias falsas 

Tal como se observa en la Figura 2 a un nivel bivariado se constata que la credibilidad en noticias falsas correlaciona de forma significativa con las facetas de Ingenuidad [r = 0.15 (169), p = 0.049], Optimismo Exagerado [r = 0.16 (169), p = 0.037], Pensamiento Mágico [r = 0.21 (169), p = 0.005], Pensamiento Supersticioso [r = 0.25 (169), p = 0.001] y Creencias Paranormales [r = 0.36 (169), p < 0.001]. Destaca por su magnitud la correlación con el Pensamiento Esotérico, tanto en sus facetas de Creencias Paranormales como en el Pensamiento Supersticioso y si bien estas correlaciones oscilan dentro de márgenes de moderada intensidad, cabe advertir que algunos ítems específicos de estas creencias disfuncionales estarían aportando diferenciados pesos sobre la varianza de la credibilidad en noticias falsas.

Así, por ejemplo, consultados frente a la creencia sobre las leyes de atracción mental (v.g. creo que algunas personas pueden hacer que piense en ellas solo con pensar en mí), quienes manifiestan estar muy o totalmente de acuerdo obtienen mayores puntajes de credibilidad hacia las noticias falsas que quienes se mantienen escépticos a la posibilidad de influir en las acciones de las personas convocándolas con el pensamiento [t(135) = 3.79, p < 0.001, d = 1.08]. Esta distinción también se hace presente al considerar otras creencias esotéricas como la telepatía [t(126) = 3.00, p = 0.003, d = 0.66], la clarividencia [t(119) = 2.79, p = 0.006, d = 0.51] y la proyección mental [t(135) = 2.87, p = 0.005, d = 0.50]. En el plano de las creencias supersticiosas los ítems que guardan mayor relación con la credibilidad en noticias falsas son los referidos a la creencia en que la luna influencia los pensamientos t(120) = 3.11, p = 0.002, d = 0.62], la creencia en el mal de ojo t(134) = 3.44, p = 0.008, d = 0.53] y la creencia en buenos y malos augurios [t(116) = 2.74, p = 0.007, d = 0.51]. No obstante, algunas de las creencias esotéricas más comunes como la fantasmagoría, la astrología y el fetichismo de los amuletos no mostraron relaciones significativas con la credibilidad en noticias falsas.

Naturalmente, también se hallaron correlaciones entre las facetas internas de las creencias disfuncionales, destacando los vínculos entre Ingenuidad y Optimismo Exagerado [r = 0.68 (169), p < 0.001], Creencias Paranormales y Pensamiento Supersticioso [r = 0.65 (169), p < 0.001] e Ingenuidad y Pensamiento Supersticioso [r = 0.51 (169), p < 0.001].

Nota: *= p < 0.05; **= p <0.01; ***= p < 0.001

Figura 2 Matriz de correlaciones de Pearson entre credibilidad en noticias falsas y creencias disfuncionales  

Discusión y conclusión

Las personas no disponen de una bala de plata contra las noticias falsas y aunque la contrastación de fuentes y el escrutinio crítico de la información permiten minimizar su asimilación como creencia sesgada, estas encierran el potencial de permear en distintos segmentos, incluyendo a las poblaciones de mayor formación académica, prueba de lo anterior son las elevadas tasas de credibilidad que los participantes conceden a determinadas noticias falsas, cifras que incluso son más altas a las encontradas en estudios previos con población chilena (v.g. Halpern et al., 2019; Valenzuela et al., 2019). Desde una óptica estructural, el contexto en el que se elabora una noticia jugaría un rol relevante en la credibilidad en ellas, puesto que es precisamente en momentos de crisis cuando estas logran viralizarse con más fuerza. Aun así, es posible identificar ciertas propensiones psicológicas de quienes suelen consumir y creer en estos contenidos. Esta investigación fue fructífera en hallar múltiples correlaciones con la credibilidad en noticias falsas, destacando el vínculo con las facetas de creencias paranormales y el pensamiento supersticioso. Estas correlaciones están alineadas con la hipótesis principal del estudio, apoyando la existencia de variabilidad compartida entre la credibilidad en las noticias falsas y las creencias disfuncionales, exceptuando la relación con la faceta de pensamiento estereotipado. Esto sugiere que la base para dar por verdaderas las noticias que realmente son falsas se encontraría asociada con los mismos sesgos cognitivos que operan en la base de otras creencias inverosímiles que en la práctica están rodeadas de un halo de misticismo y charlatanería.

Los resultados entran en sintonía con las investigaciones que relevan el rol del pensamiento crítico y del escepticismo en la adhesión a los hechos alternativos (Pennycook & Rand, 2019; Bronstein et al., 2018; Pennycook et al., 2020). Existiría en consecuencia un perfil común de crédulos que se tienden a guiar por sus primeras impresiones a expensas de minimizar los esfuerzos cognitivos necesarios para dilucidar la verdad, ya sea por la satisfacción de la autocomplacencia, el desinterés por el entorno informativo o por una genuina baja habilidad analítica. Cualquiera sea el caso la proliferación de falsedades pone en relieve la necesidad de convocar mayores esfuerzos por parte de las instituciones sociales, principalmente del sistema educativo y de las instituciones de prensa.

Al comparar los resultados de credibilidad en noticias falsas con base al género se obtuvieron diferencias significativas que situaron a las mujeres como el grupo de mayor susceptibilidad frente a la desinformación en los medios. Estas diferencias son pequeñas tal como ya ha sido advertido en investigaciones previas (Rampersad & Althiyabi, 2019) y deben interpretarse con cautela pues no en todas las notificas falsas las mujeres mostraron mayor credibilidad que los hombres, por lo que resulta probable la existencia de una interacción entre el género y el contenido de las noticias al momento de juzgar su veracidad. Por otra parte, cabe advertir que las diferencias por género pueden ser absorbidas por la covariación que tienen con las diferencias en pensamiento mágico y esotérico, pues la literatura informa que son precisamente las mujeres quienes sostienen con más frecuencia este tipo de creencias (Caldera et al., 2017; Rodríguez & Valenzuela, 2019), diferencia atribuible a los patrones de socialización de género anclados culturalmente y reproducidos de forma intergeneracional.

Pese a lo anterior, la credibilidad concedida a las noticias falsas no solo varía según las características individuales de las audiencias, sino que también lo hace con base al grado de distanciamiento entre el contenido expuesto y las posibilidades objetivas de su ocurrencia. Resulta más fácil asumir como verdad aquellas noticias que introducen distorsiones sutiles a los hechos en contraste con las que apelan a conspiraciones y engaños de gran escala. Por ejemplo, la noticia que afirmaba el atropello de manifestantes por parte de un carabinero de civil en Valparaíso atrajo una alta credibilidad por lo razonable que resulta extrapolar a esta situación los abusos previos que contribuyeron a sembrar la desconfianza hacia el funcionamiento de las instituciones de seguridad y orden. Este ejemplo se trataría de una noticia falsa que, dada las condiciones sociales en la cual se inscribe, resulta más plausible de haber ocurrido; pues en efecto, durante el estallido social se contabilizaron atropellos de manifestantes, de los cuales hubo dos resultados fatales que se atribuyeron a las fuerzas policiales. En este sentido el problema de la difusión de las noticias falsas no solo debe ser ponderado por la extensión que estas tengan en la población, sino que también por su margen de cercanía con la realidad, pues una mayor desviación suele imponer consecuencias más dramáticas para quienes sostienen tales creencias. Considérese por ejemplo las consecuencias potenciales de que casi un tercio de los estudiantes universitarios sostenga que el uso prolongado de mascarillas genere falta de oxigenación cerebral, argumento que es esgrimido con frecuencia por los colectivos negacionistas que han surgido en Estados Unidos y Europa en el contexto de la crisis sanitaria. El escenario de la posverdad parece ser un triste recordatorio de la vulnerabilidad de la especie humana para lidiar con la incertidumbre.

Tal como apuntan Rodríguez y Valenzuela (2019) el siglo XXI no solo ha dado cobijo a impresionantes desarrollos científicos y tecnológicos, sino que también en paralelo a esta noción de progreso, ha sido el catalizador para expandir nuevas narrativas infundadas y preservar las creencias irracionales que ni la educación ni la ciencia han logrado desterrar. La ingenuidad —en oposición a la crítica fundamentada— representa un problema serio para la sociedad y para las personas que la conforman, pues la devoción absoluta en las creencias personales sedimenta el camino hacia las decisiones sesgadas, incluyendo aquellas que funcionan en términos agregados. A nivel individual es importante tomar consciencia de la falibilidad del pensamiento. No sobra de vez en cuando poner en entredicho las ideas y preconcepciones acerca del mundo y ejercitar el razonamiento crítico cuando se adviertan intencionalidades detrás del contenido que consumimos, especialmente si este se alinea con las expectativas confirmatorias de nuestras creencias.

Por último, existen ciertas limitaciones cuya consideración debiese tomarse en cuenta en futuros estudios. Debido a las particularidades de la muestra es probable que los valores de correlación sean mayores al seleccionar participantes con un rango más amplio de diferencias individuales, especialmente en lo que respecta al bagaje cultural y el nivel socioeconómico. Por otra parte, resulta ingenuo concluir que la credibilidad en noticias falsas sea expresión única de las disposiciones individuales de las personas y, en este sentido, se hace necesario determinar en nuevas investigaciones los efectos resultantes de la implicación de factores relacionados con el emisor, el canal y el contexto, así como la eventual interacción que estos factores tendrían con los atributos individuales de la audiencia.

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Recibido: 11 de Septiembre de 2020; Aprobado: 12 de Febrero de 2021

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