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Universitas, Revista de Ciencias Sociales y Humanas

versão On-line ISSN 1390-8634versão impressa ISSN 1390-3837

Universitas  no.32 Cuenca Mar./Ago. 2020

https://doi.org/10.17163/uni.n32.2020.09 

MISCELÁNEA

Subjetividades políticas juveniles e Interculturalidad crítica

Youth political subjectivities and critical interculturality

Adriana Arroyo Ortega1 
http://orcid.org/0000-0002-9522-4116

Carolina Marcela Giraldo2 
http://orcid.org/0000-0002-7043-7385

Jeimy Catalina Guerra Correa3 
http://orcid.org/0000-0001-8036-0310

1CINDE, Colombia

2CINDE-Universidad de Manizales, Colombia

3CINDE-Universidad de Manizales, Colmbia


Resumen

Este artículo recoge los hallazgos más importantes que evidencian la configuración de subjetividades políticas, de jóvenes de Medellín y el Área Metropolitana, y su articulación con la interculturalidad crítica. Toma como base una investigación cuyo objetivo fue indagar sobre las miradas que los jóvenes pertenecientes a dos entidades de Medellín en Colombia con apuestas sociales desde las artes escénicas y la apropiación del conocimiento, han construido sobre sí mismos y sus relaciones con otros. El estudio se planteó metodológicamente desde las narrativas autobiográficas como forma de acercarse a los jóvenes y sus historias. Entre los resultados principales se plantean aspectos relacionados con las formas cómo se asumen y proyectan en la acción colectiva y cómo emergen allí oportunidades para reconocer y superar las problemáticas de desigualdad que atraviesan sus vidas. Las más importantes conclusiones están en torno a cómo se articulan la subjetividad política y sus tramas con la interculturalidad crítica desde los escenarios juveniles en contextos urbanos como los de ciudades como Medellín.

Palabras clave Política; joven; investigación cultural

Abstract

This article gathers the most important findings that show the configuration of political subjectivities, of young people from Medellín and the Metropolitan Area, and their articulation with critical interculturality. It is based on an investigation whose objective was to investigate the looks that young people belonging to two entities of Medellín in Colombia with social bets from the performing arts and the appropriation of knowledge, have built on themselves and their relationships with others. The study was raised methodologically from autobiographical narratives as a way of approaching young people and their stories. Among the main results are aspects related to the ways in which they are assumed and projected in collective action and how opportunities arise there to recognize and overcome the problems of inequality that are going through their lives. The most important conclusions are about how political subjectivity and its plots are articulated with critical interculturality from youth settings in urban contexts such as those in cities like Medellín.

Keywords Politics; youth; cultural research

Forma sugerida de citar:

Arroyo Ortega, A., Giraldo, J., y Guerra Correa, M. (2020). Subjetividades políticas juveniles e Interculturalidad crítica. Universitas, 32, pp. 175-192.

Introducción

Aunque la juventud es una categoría socialmente construida (Bourdieu, 1978/1990), no se pueden desconocer las relaciones de poder y las clasificaciones sociales, que en algunos contextos ubican a los jóvenes en posiciones de subordinación. En la investigación de la que emerge este artículo surge la pregunta por las formas en que los participantes de dos instituciones,[1] fundamentadas en las artes escénicas y en la apropiación social del conocimiento, tramitan esas diferencias y desigualdades en el escenario colectivo. El objetivo de la investigación se centró en indagar por los sentidos que ocho jóvenes le otorgan a su participación en dichos espacios; problematizando la relación entre subjetividad política e interculturalidad crítica desde el vacío encontrado en torno a la articulación de estas dos categorías teóricas. Así como también, desde las miradas que los mismos jóvenes, a partir de dichas experiencias, han construido sobre sí mismos y sus relaciones con otros.

Siguiendo a Alvarado (2014), en esta investigación partimos de reconocer a los y las jóvenes como seres con múltiples formas de ser y comprender el mundo, que más allá de la edad tienen la posibilidad de ser sujetos potentes de transformación, “actores protagonistas de la construcción de dinámicas y sentidos de ciudadanía” (Alvarado, 2014, p. 23).

En este sentido, es que nos interesamos en la Interculturalidad Crítica abordada por Walsh (2006, 2008, 2009), como:

(…) proceso, proyecto y estrategia (..) que pone en cuestionamiento continuo la racialización, subalternización e inferiorización y sus patrones de poder, visibiliza maneras distintas de ser, vivir y saber, y busca el desarrollo y creación de comprensiones y condiciones que no sólo articulan y hacen dialogar las diferencias en un marco de legitimidad, dignidad, igualdad, equidad y respeto, sino que también, y a la vez, alientan la creación de modos otros de pensar, ser, aprender, enseñar, soñar, y vivir que cruzan fronteras. (Walsh, 2009 pp. 91-92).

Siendo esta autora el eje de la reflexión sobre esta categoría dado el potente abordaje que realiza de la misma, interrogando las conformaciones coloniales modernas y los impactos de las lógicas del capitalismo en la vidas humanas y no humanas y en las relaciones que se establecen entre los distintos grupos culturales y con la misma naturaleza. Lo anterior, teniendo presente las diferencias sustanciales existentes con el multiculturalismo como forma neoliberal de entender la diferencia desde el consumo o la otrerización, pero no desde la posibilidad real del diálogo intercultural, el encuentro y la existencia conjunta.

Y es en ese diálogo precisamente donde encontramos la subjetividad política (Alvarado, 2014), como oportunidad para seguir comprendiendo la Interculturalidad Crítica y su articulación con las construcciones que de sí mismos realizan los sujetos jóvenes. Entendemos entonces por subjetividad política “la expresión de sentidos y acciones que construye cada individuo sobre su ser y estar en el mundo, a partir de la interacción con otros y otras, en contextos sociohistóricos particulares” (Alvarado, Patiño & Loaiza, 2012, p. 859), desde la agencia activa y el pensamiento autónomo, a la vez que interactúa con otros y otras en proyectos colectivos que propenden por el bienestar común.

Lo que implica interrogarse por las relaciones que se establecen en las maneras en que los grupos sociales, en este caso de jóvenes, organizan su vida en común desde sus creencias, sentidos y prácticas cotidianas. Como lo trazan Arroyo Ortega y Alvarado (2017):

Consecuentemente se hace necesario reflexionar sobre los puntos de encuentro que se configuran en torno a la subjetividad política y que no están sólo en lo teórico, que se generan en las formas de vida, en las conexiones entre los distintos grupos humanos, en las posibilidades localizadas y territorializadas de los sujetos concretos. (p. 235)

Proceso metodológico

Con Luna (2015) logramos comprender que las preguntas por la subjetividad necesariamente están determinadas por el reconocimiento de sentidos y significados que los sujetos construyen del mundo a partir de la interacción con otros. Característica que nos llevó a vislumbrar las narrativas autobiográficas, como una alternativa metodológica para la comprensión de la subjetividad, pues de acuerdo con Bolívar y Porta (2010, p. 204), a través de estas “los fenómenos sociales se puedan entender como textos, cuyo valor y significado viene dado por la autointerpretación que de ellos dan los actores”. En consonancia, Delory-Momberger (2009) nos permite reconocer que los seres humanos al estar inmersos en las vivencias, nos cuesta identificar los saberes o aprendizajes que promueven. Es por esto que necesitamos convertirlas en texto: formalizarlas, recordarlas, organizarlas —a través de relatos orales o escritos, dibujos, gráficos o tablas— para lograr entonces, “un trabajo de conceptualización de la experiencia destinado a transformar los saberes brutos de la acción en saberes formalizados y reconocidos” (Delory-Momberger, 2009, p. 97).

Por lo tanto, siguiendo a Amador Báquiro (2016, pp. 1316-1317), “parece necesario analizar la tendencia de la gente joven a producir narrativas, pues para algunos investigadores éstas irrumpen el continuum de la vida social, mientras que para otros se trata de una estrategia que articula el tiempo subjetivo con el tiempo social e histórico”, razones por las cuales la investigación en mención optó por las narrativas como alternativa metodológica.

La elección de los grupos de jóvenes se realizó teniendo en cuenta dos características que comparten: Una de ellas tiene que ver con la apuesta consciente de cada institución en promover el valor de la diferencia, en igualdad de condiciones y oportunidades, como una riqueza entre sus participantes. Una segunda particularidad es que cada grupo tiene apuestas sociales donde el trabajo colectivo representa un factor clave para el logro de sus intenciones.

Partiendo de lo anterior, se realizaron cinco encuentros con los jóvenes, los cuales fueron grabados a través de registro magnetofónico y posteriormente transcritos, previa conversación sobre el consentimiento informado y su correspondiente firma. La organización de la información y el proceso de interpretación se compuso de varios momentos: transcripción de las entrevistas individuales, identificación y organización de los relatos de cada experiencia, construcción de matrices para relacionar los relatos de cada participante con los objetivos del proyecto, lectura intertextual de los relatos, reconocimiento de los hallazgos y escritura final de los mismos. Para este artículo y teniendo en cuenta la extensión de las narrativas, sólo se retomarán de manera central los aspectos claves de dos relatos.

En ese mismo sentido y desde una perspectiva ética de acercamiento a los y las jóvenes, las investigadoras se situaron como acompañantes críticas del proceso narrativo, sin desconocer las relaciones de asimetría existentes, pero tratando de disminuirlas desde un escenario de horizontalidad, no sólo de las técnicas utilizadas, sino y ante todo de las relaciones construidas, en las que primó el respeto a sus relatos, a sus tiempos y posibilidades e incluso a sus silencios y formas de expresarse.

Resultados

Jesús[2]: reinventarse día a día como expresión de resistencia política

En la búsqueda por cualificarse como artista urbano, Jesús llega a la Corporación AJ para participar en un proceso de formación musical. Allí graba su primera canción, acontecimiento que recuerda como una de las principales motivaciones para elegir el arte como opción de vida: “fue para mí un gran arranque porque yo no esperaba empezar a grabar de una”. Posteriormente, con el propósito de explorar el teatro para fusionarlo con la música y darle un valor diferencial a su quehacer, decide integrarse al Semillero teatral de la misma corporación donde, además de capacitarse en aspectos técnicos, fortalece la mirada sobre sí mismo y su capacidad creativa para reinventarse constantemente, dignificarse como artista y legitimar sus sueños.

Una de las vivencias más significativas que Jesús resalta de su proceso tiene que ver con la catarsis que le permitió el montaje de una obra de teatro, donde pudo exteriorizar “la mierda, lo negativo, lo que lo está a uno aporreando”, en su caso, el abandono de sus padres, los maltratos de su familia, las rupturas afectivas, la carencia de recursos para resolver sus necesidades básicas, entre otras realidades, que fueron simbolizadas a través de “un personaje con la visión ciega y un lazo que no dejaba avanzar”. Esa imagen poética, lo lleva a comprender la necesidad de liberarse del rencor y la ira para poder resignificar sus penas, caminar más liviano y potenciar su historia de vida, que aunque marcada por múltiples acontecimientos dolorosos le dio la posibilidad de estar en continua observación de sí mismo y descubrir su fuerza para reinventarse, desarrollando desde lo cotidiano la resistencia como forma política de continuar viviendo, estableciendo “puntos de ruptura como focos de resistencia política de mayor importancia, ya que atacan la lógica del sistema, no como abstracción, sino como experiencia vivida” (Guattari & Rolnik, 2006, p. 60). Vislumbrando así su autonomía, en la capacidad de transformar los miedos en maneras creativas para rescatar el sentido de la vida y resignificar la cotidianidad.

La resistencia y la autonomía configuran entonces la subjetividad política de Jesús, y es el semillero teatral es una muestra de esto, donde resalta la posibilidad que encuentra para ser auténtico, compartir y conversar sobre cualquier tema: “Desde que llegamos todo el mundo es poniendo su opinión, somos quien somos, no hay tapujos, es una locura total”. Además destaca que estar en medio de esta diferencia de pensamientos y vivencias, le ha permitido tener más apertura para el trabajo en equipo, relacionarse sin prevenciones, transformar imaginarios y generar espacios de acogida a sus compañeros como lo han hecho con él “ese calor uno lo siente muy bacano, no como en otros espacios que el pupi con los pupi y el del barrio popular con el del barrio popular… no, ahí es totalmente distinto”, asunto que evidencia un proceso de permanente negociación y solidaridad entre los participantes, fundamental para la construcción de un tejido político colectivo dado que como lo expresan Guattari y Rolnik:

A partir del momento en el que los grupos adquieren esa libertad de vivir sus propios procesos, pasan a tener capacidad para leer su propia situación y aquello que pasa en torno a ellos. Esa capacidad es la que les va a dar un mínimo de posibilidad de creación y exactamente les va a permitir preservar ese carácter de autonomía tan importante. (2006, p. 61)

Por otra parte, reconocerse no desde la posición de víctima sino como sujeto político que también puede contribuir a transformar su contexto, especialmente desde el arte como herramienta para sensibilizar en torno al amor, la construcción de paz y el respeto por la diferencia, es una apuesta política de Jesús que trasciende la búsqueda del bienestar individual para propiciar en otros jóvenes preguntas y reflexiones sobre sus propias realidades:

Siempre plasmo un mensaje muy positivo o crítico. Por ejemplo que haya más equidad, más oportunidades, más acceso a las universidades, hablándole al país que no debería tener miedo al cambio.

Dando cuenta de un horizonte de acción política que estaría en consonancia con la idea de Guattari y Rolnik (2006) de una revolución molecular, que no esté centrada sólo en la protesta social, sino que explicite la acción política en lo cotidiano, en el deseo, en las relaciones, es decir:

La revolución molecular consiste en producir las condiciones no sólo de una vida colectiva, sino también de la encarnación de la vida para sí mismo, tanto en el campo material, como en el campo subjetivo. (Guattari & Rolnik, 2006, p. 62)

Interpelando de alguna manera los valores agenciados por el capitalismo neoliberal, desde una afirmación positiva del amor, de la creatividad, del arte y la crítica social como formas de resistencia política.

Jesús busca construir la coherencia entre lo que hace y promueve a través de sus creaciones, dando cuenta de la conciencia histórica, como rasgo fundamental de la subjetividad política (Alvarado, Ospina, Botero & Muñoz, 2008) que ha logrado en su experiencia, ya que pese a las carencias socioeconómicas que afronta en su cotidianidad ha resistido con convicción frente a la opción de resolverlas por caminos ilegales, generando una resistencia a los mecanismos de violencia que aparecen fuertemente en ciudades como Medellín o entornos similares; encontrando en el arte, lenguajes otros no sólo para generar espacios de comunicación, sino y sobre todo para la reflexividad, la autonomía y la conciencia histórica que tienen que ver “con la posibilidad de decidir y actuar en los contextos sociales en que los y las jóvenes y todos aquellos con quienes interactúan, se involucran, y con las “formas de compartir el poder” (Cubides, 2004, p. 122)

Por lo tanto, aferrado a lo que lo hace vibrar y en lo que encuentra potencia política para su encuentro con otros y otras: la música y el teatro, Jesús camina con esperanza, resignificando su historia, desafiando los problemas de su diario vivir y definiendo nuevos caminos para transitar: “No quiero ser un artista de boca, quiero capacitarme, demostrar que aunque vengo de abajo puedo tener la misma calidad que cualquiera que salió de las mejores universidades o tuvo los recursos, vivir de eso, pero vivir bien”. Enfocado en lo que quiere, siempre está buscando, escribiendo, pensando, meditando, esa es su manera de reinventarse día a día para ser mejor artista y mejor ser humano. Constatando que este vivir bien, no sólo involucra su propio bienestar, sino también el trabajo que hace con otros y otras jóvenes, la reflexión constante sobre lo que pasa y lo que le pasa, explicitando unas apuestas juveniles “que reconfiguran la idea de la juventud como el momento de la moratoria social o de la irresponsabilidad, y muestra las luchas cotidianas que muchas jóvenes sostienen para insertarse en la vida social y generar desde ahí procesos de emancipación” (Arroyo Ortega, 2018, p. 178), cada vez más necesarios en las sociedades actuales.

Susana: Vivenciar la reflexividad sobre sí para el encuentro pedagógico-político con otros

Aunque Susana nació en Medellín, a los pocos meses se fue con su familia a Montería, asunto que configura varios aspectos de su vida, entre ellos considerar que su relación con otras personas y con el conocimiento necesitaba exponerse a condiciones diferentes: “iba muy con la corriente, estudiar, la casa y ya. Me gustaba leer pero como que no”. Desde niña se recuerda muy tímida y aunque se caracterizó por ser muy buena estudiante, según ella, pasaba desapercibida. Para Susana, regresar a Medellín fue un “despertar al mundo”. Al comienzo de su experiencia universitaria empezó a darse cuenta que “siendo tan retraída no iba a lograr nada” sabía que estudiar un pregrado implicaba algo más. Es así como el ingreso a la Universidad, representa una oportunidad para seguir respondiendo a sus búsquedas personales.

Susana comenzó este proceso creyendo que su función era enseñar. Esto la asustaba ya que no tenía muy claro su interés por los saberes que había adquirido en su pregrado ni la articulación entre estos y las temáticas que motivaban los talleres del programa. Con el tiempo, y en la interacción con los participantes, comprende que el reto más grande en el marco de un proceso educativo es despertar la curiosidad y para lograrlo tiene la certeza que motivarla en ella misma es un eslabón fundamental: “uno siempre está creciendo en ese sentido, qué voy a preguntar, qué voy a hacer para que el niño quede con ese tema picándole en la cabeza”. En esta comprensión de su rol, se evidencian rasgos de una apuesta educativa que tiene en cuenta las subjetividades de los participantes, y entiende lo pedagógico como una arquitectura desde el deseo, desde la construcción de una pasión conjunta por aprender, ya que como bien lo expresa Freire y Faundez (2014):

La curiosidad del estudiante, a veces, puede conmover la certeza del profesor. Por esto es que, al limitar la curiosidad del alumno, el profesor autoritario está limitando también la suya. Muchas veces, por otro lado, la pregunta que el alumno hace sobre el tema —cuando es libre para hacerla— puede brindarle al profesor un ángulo distinto, el cual le será posible profundizar más tarde en una reflexión más crítica. (p. 2)

Además de tallerista, Susana tuvo la oportunidad de participar como protagonista de un montaje teatral que marcó su estancia en el programa: “eso fue una de las cosas más importantes en mi vida, porque era un reto que nunca pensé que fuera a hacer”. El personaje era una joven que, al conversar en sueños con Sócrates, reconoce el valor de la curiosidad orientada a ella misma. Este hallazgo del personaje, se traslada hacia Susana, quien considera necesario conocerse y cuidar de sí misma para evitar vivir en automático y ser coherente con lo que piensa y hace: “uno tiene que indagar en uno, no solo saber del mundo. Si uno es consciente de si, uno se da cuenta que siempre le están pasando cosas que no hay que ignorar”.

Al aceptar este reto pudo trascender el miedo y sobre todo la percepción que tenían otros y ella misma de no ser capaz de pararse frente al público: “Cuando uno logra cumplir sus retos, vencer sus miedos, eso lo hace a uno más fuerte” y va entendiendo ese encontrarse con los otros, tan similares a ella y a la vez tan diferentes, construye formas otras de relacionamiento, lo que nos lleva a pensar con Arroyo Ortega que “es en la cotidianidad de la vida donde la interculturalidad se materializa y no es de ninguna manera un hecho dado, sino una construcción conjunta de sujetos y grupos, que no está exenta de tensiones” (2016, p. 58).

Por otra parte, las comprensiones que logra sobre sí misma y el reconocimiento de la curiosidad como eje fundamental para la relación con el conocimiento, le permiten también resignificar el interés por su pregrado y visualizar otros horizontes profesionales, por ejemplo articular la ciencia, la educación y la comunicación, generando un proceso que va mucho más allá de las consideraciones habituales sobre los procesos educativos de formación y tratando de tejer articulaciones desde el conocimiento y la educación como posibilidad política de construcción de sentido vital.

Este empoderamiento le permite asumir una actitud que trasciende el hecho de identificar problemáticas y desde una postura consciente y crítica involucrarse en el desarrollo de acciones con las que pueda incidir en su contexto, ampliando su marco de actuación reflexivo no sólo a lo que ella le acontece, sino a una preocupación profunda por el mundo, por los otros con los que coexiste, pensando y viviendo los escenarios educativos de los que hace parte como una gran acción colectiva que construye desde el sentir reflexivo que le atraviesa.

Lo común: la educación como posibilidad para superar las desigualdades sociales que enfrentan actualmente los y las jóvenes

La desigualdad de oportunidades es un tema que atraviesa las reflexiones de los jóvenes participantes y es, según ellos, el asunto más urgente a transformar en Colombia. Esto lo han podido evidenciar no sólo a través de sus propias experiencias sino también en el encuentro con jóvenes, niños y niñas de distintas situaciones económicas, educativas y/o laborales que en muchos casos les han permitido vislumbrar las exclusiones e inequidades que atraviesan los espacios sociales y educativos en el país.

Consideran entonces, como un primer paso para comenzar a superar este desequilibrio, salir de la indiferencia y la ignorancia frente a las realidades que se viven en otros contextos y trascender los prejuicios. Entre las problemáticas que reconocen en ellos mismos y en otros jóvenes, están la desigualdad de oportunidades educativas evidenciadas, a través de su experiencia personal, en las complicaciones para pasar el proceso de selección en las universidades; en la dificultad para encontrar posibilidades laborales que se articulen con los horarios y las exigencias académicas; en el desconocimiento o desconexión emocional con lo que piensan o hacen.

Estas preocupaciones tienen mucho sentido en el marco de procesos de homogenización educativa que no reconocen las singularidades subjetivas y culturales que en muchos casos se quedan en la operación del multiculturalismo educativo de corte neoliberal que se centra en una supuesta meritocracia pero no analizan ni buscan transformar las condiciones materiales de existencia desiguales a las que se ven enfrentados jóvenes, niños y niñas en la cotidianidad de sus vidas. Esto hace que al intentar ingresar a procesos educativos o laborales, tengan amplias desventajas con pares que han tenido otros y mejores accesos o condiciones vitales.

Para muchos jóvenes en el país, como algunos de los participantes del proceso investigativo, quienes se presentaron dos veces a universidades públicas de la ciudad durante 2014 y 2015, la educación superior está vedada, y generan distintos intentos de acceder a programas relacionados con el teatro y la música sin tener éxito a pesar del agenciamiento que ya venían haciendo desde su participación en los respectivos espacios relacionados con estos temas. El sistema educativo de las mejores universidades públicas se vuelve inalcanzable cuando la preparación durante los años escolares no responde a las solicitudes de admisión y existe una brecha entre los procesos educativos generados para los más humildes y los que se generan para las elites de Colombia o existe una desvalorización de los títulos obtenidos frente a la demanda laboral (Ministerio de Educación Nacional 2016; Misas Arango, 2016) como en otros países de América Latina, ante lo que es prudente recordar con Guattari (2008), que:

Es necesario admitir que la persistencia de la miseria no es un simple estado de hecho residual, más o menos sufrido pasivamente por las sociedades ricas. La pobreza es querida por el sistema capitalista que se sirve de ella como de una palanca para mover y disponer de la fuerza colectiva de trabajo. El individuo es llevado a plegarse a las disciplinas urbanas, a las exigencias del salario o a las rentas del capital. (p. 221)

De otro lado, para quienes acceden a un cupo universitario, pero no cuentan con un apoyo económico y emocional de parientes cercanos, la situación es bastante difícil. En primer lugar, porque necesitan encontrar un trabajo que no solo les permita sostenerse, sino que les brinde el tiempo para responder a sus obligaciones académicas. En segundo lugar, porque no encuentran un soporte afectivo que les ayude a permanecer y a levantarse a través de las exigencias que este proceso conlleva, condiciones que se reconocen como principales factores de deserción educativa de los jóvenes en la ciudad (Leyva, 2015).

Ahora bien, de los ocho jóvenes participantes en la investigación, quienes sí tuvieron la posibilidad de acceder a oportunidades educativas, económicas y afectivas, también expresan sus propias batallas frente al sistema educativo. Reconocen haber adquirido los conocimientos necesarios para memorizar y ganar exámenes, pero no tuvieron la oportunidad de despertar el interés por el conocimiento del mundo y de sí mismos. Asunto que se relaciona con lo evidenciado en el análisis realizado por Leyva (2015) en el que se reconocen como falencias del sistema educativo actual metodologías y pedagogías poco adecuadas, existencia de profesores con poca formación y vocación y espacios físicos donde se le apuesta a la enseñanza, no al aprendizaje.

En este sentido, para algunos de estos jóvenes implicó percibir que su lenguaje o su manera de comprender y de expresarse no encajaba con las maneras hegemónicas de la institucionalidad, especialmente cuando:

La ciencia y la educación en su vertiente más tradicional (…) ha hecho que los conocimientos y visiones del mundo distintas a estas perspectivas, pero sobre todo los sujetos que los poseen, sean considerados inferiores. (Arroyo Ortega, 2016, p. 57)

Es así como la experiencia en las dos instituciones en la que generan su acción artística y/o pedagógica ha implicado para estos jóvenes, la posibilidad de generar una acción colectiva que les brindó a su vez el motivar la curiosidad por conocerse y ser conscientes de sí mismos. Y a partir de este reconocimiento, logran construir su propio camino para comprender y habitar el mundo, explorando desde sus propias experiencias la reflexividad como elemento clave de la subjetividad política.

La reflexividad aparece de manera central en los relatos de las y los jóvenes no sólo como búsquedas personales que se gestaron en un espacio tiempo particular, sino también dadas las facilidades generadas en los espacios colectivos en los que era posible mirar, escuchar y hablar desde sus procesos de construcción de ser jóvenes con otros y otras como ellos. En segundo lugar, participar en encuentros pedagógicos y/o artísticos, en igualdad de condiciones, con personas de diferentes realidades socioeconómicas y culturales, les ha permitido vislumbrar la interculturalidad, como posibilidad de encuentro con saberes, sujetos, prácticas y sentires distintos que les enriquecen.

En este sentido, reconocemos críticamente que aún falta tanto en los jóvenes participantes como en la sociedad en su conjunto mayores comprensiones de lo intercultural:

Como un proyecto y proceso con miras hacia la refundación de las bases de la nación y cultura nacional —entendidas como homogéneas y monoculturalmente— para no simplemente sumar la diversidad a lo establecido, sino repensar y reconstruir haciendo que lo intercultural —y el trabajo de interculturalizar— sean eje y tarea centrales. (Walsh, 2010, p. 221)

No obstante, es importante así mismo resaltar que desde sus apuestas ético políticas se distinguen mayores comprensiones de la potencia de las diferencias culturales que los llevan a reconocer las responsabilidades colectivas en la ciudad y como en el encuentro con la situación de otros y otras, con ellos y ellas nos comprendemos y superamos los prejuicios construidos.

Discusión y conclusiones: La subjetividad política e interculturalidad crítica en la experiencia de los jóvenes

La vida de los jóvenes participantes en la investigación está atravesada por las vivencias en ambos programas y las experiencias que en términos de acción política y de encuentro intercultural han tenido en ellos. De esta manera, la transformación de los sentidos que otorgan a cuestiones como su quehacer como artistas o talleristas, su historia personal, la acción colectiva, sus intereses profesionales y la forma como son afectados por las problemáticas de desigualdad social que se vive en el país, especialmente en Medellín, nos permiten resaltar rasgos de la subjetividad política que se manifiestan en las percepciones que hoy tienen sobre sí mismos, las acciones que inciden en las relaciones que tejen con otros y otras y su articulación intercultural.

Las percepciones sobre su quehacer como artistas o talleristas, no son las mismas con las que ingresaron a cada programa: hoy el arte es su herramienta de sanación de los miedos, rabias y tristezas profundas; de comprender y transformar sus relaciones; de expresarse y proyectarse a través de él. Cuestiones que podríamos articular a la búsqueda por una educación intercultural, desde la postura crítica de Walsh, donde lo pedagógico “no está pensado en sentido instrumentalista de la enseñanza y transmisión de saber (...) son escenarios pedagógicos de aprendizaje, desaprendizaje, reaprendizaje, reflexión y acción” (Walsh, 2013 p. 10). Es así como los jóvenes reconocen el valor de conectarse y escuchar sus propias preguntas y entienden que las respuestas no están afuera, parten de sí mismos y se construyen con otros y otras.

En este sentido, la acción de mirarse alienta “la creación de modos ‘otros’ —de pensar, ser, estar, aprender, enseñar, soñar y vivir” (Walsh, 2010 p. 13), lo cual se hace evidente cuando los jóvenes resaltan los efectos de esta estrategia metodológica en su crecimiento individual y colectivo. Es así como en este asunto de mirarse, narrarse y reflexionar sobre lo vivido, se conciben a sí mismos más conscientes y por lo tanto más tranquilos, seguros de lo que han sido y de lo que pueden llegar a ser. Lo que coincide con la reflexividad, constitutiva de la subjetividad política que en Alvarado (2014) implica alcanzar consciencia de sí, es decir, posicionarse en el presente, reconociendo las maneras particulares en las que vamos construyendo nuestros propios sentidos del mundo.

El trabajo en equipo se convierte también es un pilar fundamental de su experiencia, ya que es precisamente en el hacer con otros y otras donde se ponen de manifiesto y confrontan los discursos e imaginarios que construimos frente a nuestras relaciones. Esto tiene que ver también, con lo que Walsh (2010, p. 92), desde su postura intercultural crítica, plantea como cuestionamiento a los patrones de subalternización, inferiorización y dominación. Acciones que sólo son posibles cuando en ese juego entre lo que nos diferencia y lo que nos hace iguales reconocemos que los sentidos y apropiaciones identitarias no se agotan en la propia biografía, sino que nos llevan al entre nos, es decir, nos hacen sujetos políticos (Alvarado, 2014, p. 48).

El poder asumirse como protagonistas de su propia historia, sumado al intercambio de saberes y experiencias y el disfrute del quehacer como talleristas o artistas, también posibilitó que los jóvenes lograran conectarse con las certezas profesionales que inspiran sus proyectos de vida. En este sentido, emerge en ellos un rasgo de la subjetividad política que se refiere a la capacidad de relacionar su historia y aprendizajes de sí mismos y del mundo con la posibilidad de proyectarse y seguir caminando con esperanza, pese a los altibajos, es decir, asumirse como sujetos históricos y contextuados “capaces de pensar e interactuar con otros en la construcción de proyectos colectivos orientados al bien consensuado que configuran como expectativa de futuro” (Alvarado, 2014, p. 48).

Asunto que les permite superar los imaginarios que se construyen a causa de la ignorancia y la indiferencia, pues como refiere Walsh (2008, p. 140) para construir la interculturalidad crítica es necesario visibilizar, comprender y confrontar desde nuestros propios escenarios los patrones de dominación, exclusión, desigualdad, como también la conflictividad que estas relaciones y condiciones generan. Es así como se amplía la conciencia y el interés real por el otro con el que se comparte la ciudad, lo que parece relacionarse con lo que Alvarado (2014, p. 36) describe como ampliación del círculo ético: “una ética del cuidado que trasciende los espacios de la vida privada y cotidiana de las personas y sus relaciones más cercanas, asumiendo la responsabilidad y el cuidado frente a la sociedad en general”.

Finalmente, es importante señalar que existe una integración significativa de la expansión de la subjetividad política juvenil con una apuesta crítica de su entorno e intercultural en los relatos de los jóvenes participantes de la investigación y que, si bien las expresiones de dichos procesos de acción política intercultural son diversos, los escenarios de encuentro juvenil a los que están adscritos aparecen como una oportunidad de agenciamiento desde la creación y la insatisfacción epistémica respecto a las formas en que se trazan desigualdades desde el sistema colonial moderno. En este sentido, ellos y ellas reconocen sus escenarios cotidianos como lugares de acción política y de luchas juveniles, como espacios para la construcción política que interroguen las subalternizaciones cotidianas que no reconocen las distintas visiones culturales ni a los sujetos que las encarnan. Los jóvenes participantes de esta investigación explicitan formas otras de acción política, de expansión de su subjetividad política desde una perspectiva crítica, pero también centrada en el autodescubrimiento, que pone en evidencia que la pregunta intercultural no tiene que ver con unos otros inscritos en el escenario de la diferencia peyorativizada, sino con un nosotros que interroga la idea extendida de la despolitización o la apatía juvenil y que expande su subjetividad política desde la construcción de entramados simbólicos relacionales que promueven el despertar político y el protagonismo infantil y juvenil como una forma de transformación intercultural.

En alguna medida los jóvenes de la investigación están aventurándose a escenarios de participación política diversos, distintos a los cánones establecidos, retomando “una praxis político-pedagógica aferrada en la posibilidad y esperanza, y encaminada hacia la justicia, dignidad, libertad y humanización” (Walsh, 2013, p. 27).

Reconocemos que ambas apuestas y su articulación son un camino en movimiento, pues comprendemos que las percepciones sobre nosotros mismos están en permanente configuración, que la subjetividad política es una conceptualización naciente (Alvarado, 2014) y además que “la interculturalidad entendida críticamente aún no existe. Es algo por construir” (Walsh, 2010, p. 78).

En segundo lugar, consideramos que esta investigación contribuye al reconocimiento de los jóvenes como “sujetos activos de discursos y de acción, capaces de manifestaciones auténticas y conflictivas frente a las circunstancias que viven” (Alvarado, 2014, p. 23). Aunque se perciben vulnerables frente a las múltiples situaciones de desigualdad, se vislumbran también con la capacidad y la fuerza para transformar su propia vida y sus entornos.

Bibliografía

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[1]Semillero teatral de la Corporación Arlequín y los Juglares y Talleristas Universidad de los niños EAFIT. Los cuales desde ahora serán nombrados, respectivamente, así: AJ y UN.

[2]Se manejaron todas las consideraciones éticas de confidencialidad y anonimato, todos los jóvenes quisieron aparecer con su nombre en los relatos.

Recibido: 31 de Octubre de 2019; Aprobado: 14 de Febrero de 2020

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