SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
 número33Configurar mundos monstruosos: especulaciones desde Donna Haraway para el pensamiento y la educación ambiental índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO

Compartir


Letras Verdes, Revista Latinoamericana de Estudios Socioambientales

versión On-line ISSN 1390-6631

Letras Verdes  no.33 Quito mar./ago. 2023  Epub 31-Ago-2023

https://doi.org/10.17141/letrasverdes.33.2023.5605 

Articles

Crónica de la zona de desastre metabólico en Nauru, desde la ecología política de Marx

Metabolic disaster zone on Nauru: A chronicle from Marx's political ecology

Philippe Schaffhauser* 
http://orcid.org/0000-0002-3798-2736

1* Colegio de Michoacán, México, schaffhauser@colmich.edu.mx


Resumen

La pequeña república de Nauru (Atolón de 21 km2 situado en Micronesia) está atravesando una profunda crisis económica y social, además de graves problemas ambientales desde finales de los años 90, a raíz del agotamiento de las minas de fosfato. El objetivo del artículo consiste en describir y analizar este desastre para comprender qué sucedió en Nauru. Se recurre a comentarios de Karl Marx (2007, 2009) que definen su ecología política, la cual ha sido puesta de manifiesto por varios autores: Alfred Schmidt (1976), Manuel Sacristán Luzón (1984), John Bellamy Foster (2000, 2013), Jason Moore (2016, 2020), Kohei Saito (2017), entre otros. La bisagra conceptual utilizada para el análisis de esta doble crisis, económica y ambiental, gira en torno al paradigma de “metabolismo”, una noción presente en la obra de Marx (2007, 2009) desde textos tempranos hasta El Capital, e implementada por John Bellamy Foster (2000, 2013) (“fractura y brecha metabólica”), Jason Moore (2016, 2020) (“transformación metabólica”) y Víctor Toledo (2013) (“metabolismo social”). Las conclusiones contribuyen a la reflexión crítica sobre la relación antinómica entre capital y naturaleza, la cual se ha producido a costa del hombre en general y, en este caso, del insular nauruano.

Palabras clave: capital; naturaleza; fosfato; metabolismo; Nauru; trama metabólica

Abstract

Since the late 90s, the small republic of Nauru (an atoll of twenty-one km2 located in Micronesia) is going through a deep economic and social crisis, in addition to serious environmental problems due to the depletion of phosphate mines. The objective of the article is to describe and analyze this situation to understand what happened in Nauru. To do this, comments by Karl Marx are considered, to define his political ecology, which has been emphasized by several authors: Alfred Schmidt, Manuel Sacristán Luzón, John-Bellamy Foster, Jason Moore, Kohei Saito, among others. The key concept used for the analysis of this double crisis, economic and environmental, revolves around the paradigm of "metabolism", a notion present in Marx's work, from early texts to Capital, and implemented by John-Bellamy Foster ("metabolic fracture and gap"), Jason Moore ("metabolic transformation") and Victor Toledo ("social metabolism"). The conclusions contribute to the critical reflection on the antinomic relationship between capital and nature, which has been occurring at the expense of man in general and, in this case, the Nauruan islander.

Keywords: capital; metabolism; metabolic web; nature; Nauru; phosphate

Introducción

El problema de Nauru presenta una paradoja. El contraste sorprendente es entre un estado de cosas superficialmente feliz y un futuro incierto y, de hecho, alarmante... Pero esta imagen de paz, bienestar y seguridad es engañosa. De hecho, es un falso. paraíso

(

United Nations 1962, 10

)

Cuando el ciudadano lego se pone a pensar en las islas del Pacífico Sur (Micronesia, Melanesia y Polinesia), imagina de pronto islas paradisiacas, lugares de esparcimiento en playas arenales, aguas cristalinas, palmeras frondosas y brisa ligera para suavizar cuerpos y mentes en busca de goce inmediato y de experiencias exóticas. Podría imaginar también dicho incauto una isla desierta, encontrando ahí a un Robinson Crusoe en pos de recuperar su humanidad, en la rutina de su destierro y en espera de la llegada de Viernes. Podría finalmente pensar en un espacio de meditación alejado de la “civilización”, para entablar, de nueva cuenta, una relación armónica con la naturaleza y la peculiaridad de un ecosistema insular, es decir, endémico a menudo.

La isla de Nauru, situada en el Pacífico Sur (Micronesia), pudo haber sido la concreción insular y tropical de ese imaginario. Pero la realidad de este atolón de 21 kilómetros cuadrados ya no es tal; todo lo contrario. A su vez, cuando el científico lego se pone a pensar en dichas islas del mayor océano del globo, aparecen historias trágicas y derroteros nefandos de sociedades polinesias, entre las cuales destaca la terrible suerte que corrió la isla de Pascua (Rapa Nui), víctima del ecocidio provocado por sus pobladores, como lo afirma Jared Diamond (2006, 70-101), el pensador pionero de la colapsología. Posteriormente, la isla fue presa del capitalismo agrícola chileno, inducido por intereses británicos1, a través de la ganadería de ovinos. El pastoreo estuvo a punto de acabar con el endémico y frágil ecosistema pasqueño2 y provocó el hacinamiento de los nativos en una diminuta franja costera. La destrucción del ecosistema Rapa Nui no fue expresión del Antropoceno (Schaffhauser 2020, 139-153), como lo afirma la tesis de Diamond (2006, 70-101), sino, tal vez, la manifestación del surgimiento del Capitaloceno (Moore 2016). Mediante este, un determinado modo de producción histórico empezaba a hacerse del control de los recursos naturales del planeta, tanto en vastos espacios continentales como en remotas islas del Pacífico. Así sucedió en la Isla de Pascua.

En este sentido, la isla de Nauru es un ejemplo contemporáneo y tal vez con mayor impacto de lo acontecido en Rapa Nui. El oro de Nauru fue el guano. Hoy, este recurso está prácticamente agotado. La isla se convirtió en un laboratorio más para la experimentación del capitalismo extractivista, cuyo método consistió en convertir a nativos polinesios en opulentos consumidores, para luego dejarlos en el borde de la ruina económica. Nauru es también una micro sociedad moldeada por el capital que involucró a sus integrantes, hombres y mujeres, en la lógica de extracción y acumulación. Gracias a esto, fueron nuevos ricos, a veces consumidores compulsivos, y hoy se convirtieron en unos desclasificados y supernumerarios más. Ahora, las autoridades de la isla buscan con desespero fuentes de ingresos variadas, para subsanar la situación socioeconómica en el territorio (McDaniel y Gowdy 2000).

Para describir y analizar lo sucedido en Nauru, echaremos mano de la ecología de Marx (2007, 2009) que constituirá el eje analítico del artículo. La presencia del temario de la naturaleza en la obra de Marx (2007, 2009) se ha convertido hoy día en un hecho irrefutable en los estudios de marxología y propició, en las últimas décadas, un profundo remozamiento para interpretar y apropiarse la obra del nativo de Tréveris. Varios autores contribuyeron al surgimiento de nuevas propuestas de lectura de Marx, a través de la teoría crítica del valor (Kurz 2021; Postone 1993), su ecología y ecosocialismo: Alfred Schmidt (1976), Sacristán Luzón (1984), John Bellamy Foster (2000), James O’Connor (2001), Kohei Saito (2017) y Paul Burkett (2015). Han puesto de manifiesto la pertinente contribución de Marx para entender y reflexionar no solo sobre los problemas ecológicos de su tiempo -en particular el tema de la infertilidad de las tierras a partir del trabajo del químico y agrónomo alemán Justus Von Liebig (1803-1873) y del naturalista neerlandés Jakob Moleschott (1822-1893) de quienes retomaría el concepto de metabolismo (Toledo 2013, 43-44)-, sino también, y mediante sospechas, acerca de los actuales peligros que atraviesa la humanidad, a través del ecocidio provocado por el capitalismo y sus espejismos como el capitalismo verde y el green new deal (Tordjman 2021). En este sentido, el concepto de “metabolismo” (i.e. stoffwechsel) utilizado por Marx (2007), rehabilitado por Alfred Schmidt (1976) y ampliamente desarrollado por Bellamy Foster (2000), Toledo (2013) y Moore (2020) en sendas propuestas (respectivamente “fractura y brecha metabólica”, “metabolismo social” y “cambio o transformación metabólica”), será de gran ayuda para dar cuenta de la trama metabólica que se fue gestando entre los habitantes de la isla.

La historia de Nauru puede sintetizarse de forma lapidaria como el producto de un desastre ecológico propiciado por la lógica de producción capitalista. El artículo busca comprender no cómo el capitalismo llegó a la república de Nauru a partir de la colonización alemana, a finales del siglo XIX, sino cómo la diminuta isla entró en el capitalismo, a través de sus formas coloniales, neocoloniales y poscoloniales. Para evitar caer en un relativismo multifactorial, un apilamiento de causas bien naturales, bien humanas, se partirá de la premisa teórica en virtud de la cual el modo de producción capitalista es la causa suprema de los desastres ambientales. Asimismo, se echará mano del concepto de metabolismo, iniciado en la obra de Marx (2007, 2009) y prolongado y afianzado, mediante el trabajo pionero de Alfred Schmidt (1976) y las contribuciones más recientes de John Bellamy Foster (2000), Jason Moore (2016, 2020) y Kohei Saito (2017).

La exploración de dicho concepto para atender lo ocurrido en Nauru se desglosa en cuatro momentos metodológicos a lo largo del artículo: 1) Una breve presentación del concepto de metabolismo y el debate que suscita hoy día los autores mencionados. 2) Una observación resumida y comentada de la historia social y económica de la integración de Nauru a la lógica evolutiva del capital mediante dos periodos, que son el auge y el declive en torno a la economía del fosfato. 3) Un análisis crítico de la situación actual en Nauru como resultado de dicha historia, mediante el despliegue del concepto de metabolismo. Esta última concepción se entiende en el presente estudio como el paradigma conceptual explicativo de la instalación procesual de una dominación real ejercida por la lógica del capital en la isla (acaparamiento de un territorio, extracción de sus recursos, producción de un valor de uso (el guano usado por sus habitantes); la circulación de un valor de cambio (el guano transformado en unos de los mejores fertilizantes naturales en la época, es decir, en una mercancía); el consumo (esto es, la transformación de los isleños en rentistas capitalistas y consumidores de bienes importados) y la producción de desechos (que ha transformado la isla en un amplio vertedero).

El metabolismo: breve derrotero de un concepto

El concepto de metabolismo pone de manifiesto los intercambios orgánicos existentes en la relación entre humanidad y naturaleza. Es una metáfora (Toledo 2013, 44; Moore 2020, 97). Una imagen parcial y aproximativa de la realidad. En este sentido, su valor y función heurística es descriptiva. Pero, alude también a una dimensión moral que hace hincapié en una supuesta relación armónica original entre ambos agentes. Si bien no hay manera de dirimir esta especulación acerca de una relación original universal equilibrada de intercambios entre el hombre y la naturaleza, constituye, sin embargo, lo que llamaría un idealismo metodológico; es decir, un punto de partida ideal que permite medir interacciones posteriores, sus cadencias, accidentes y desequilibrios que se han suscitado como historia constitutiva del metabolismo humano y natural.

Es así como Marx (2007, 2009) echa mano del término, e igual ocurre con autores contemporáneos como Foster (2000), Moore (2020) o Toledo (2013). Es, asimismo, como el uso del “concepto ideal” de metabolismo ha dado lugar a una reflexión teórica profusa que ha transformado el término de categoría descriptiva en concepto paradigmático, para dar cuenta de distintas maneras, con matices y controversias, de la injerencia del capital en la relación entre el hombre y la naturaleza, a través de las cuestiones del trabajo y el valor. Esto es la abstracción del trabajo por su conversión en una mercancía más y la subsunción del valor de uso al valor de cambio.

He ahí una dialéctica entre hombre y naturaleza inscrita en un proceso histórico3 que el capital ha transformado radicalmente o roto irreversiblemente. Dicha dialéctica inicial descansó en la humanización de la naturaleza y en la naturalización del hombre como elemento orgánico de ella y, hoy día, en la aculturación por el capital de la naturaleza y la humanidad. En otras palabras, la noción química de metabolismo ha sido transformada por la reflexión marxista en un concepto que anida en el aparato crítico marxista, para cobrar el significado de proceso histórico de los intercambios entre una humanidad siempre situada culturalmente y una naturaleza representada por un ecosistema determinado. El traslado teórico de un campo de conocimiento a otro (de la agronomía a la crítica de la economía política) ha consistido en la historización, es decir, la desnaturalización del concepto de metabolismo.

No obstante, existe una marcada divergencia teórica entre los autores citados acerca de cómo dar cuenta de la injerencia del capital en la relación hombre-naturaleza, a partir del concepto de metabolismo. Las ideas de “fractura y brecha” metabólicas planteadas por Bellamy Foster descansan, como lo señala Moore (2020, 97-120), en un dualismo entre humanidad y naturaleza. En este sentido, la expansión del capital puede gestarse toda vez que la naturaleza y sus ecosistemas constituyen su exterioridad y la fuente inconmensurables de recursos baratos para su crecimiento infinito; “un metabolismo de flujo abierto desplegado en una naturaleza barata” (Moore 2020, 107). Por tanto, la concepción de Bellamy Foster enfatiza dicha relación a través de eventos, es decir, fracturas y momentos irreversibles de quiebre y proceso, el ensanchamiento de una brecha histórica entre humanidad y naturaleza que se ha concretado en la separación entre campo y ciudad (Williams 2001). Moore (2020, 104-106) discrepa de esta tesis y propone una lectura dialéctica que pone de relieve no solo la idea de cambio o transformación del metabolismo entre hombre y naturaleza, sino que enfatiza el papel histórico creciente del capital como agente organizador de esta relación y, a la postre, sustituto de la humanidad. El dualismo original hombre-naturaleza se disuelve en una dialéctica donde la naturaleza se convierte en hechura del capital y su frontera interior, es decir el límite objetivo de su expansión.

Víctor Toledo (2013) reconcilia ambas perspectivas a través del concepto de metabolismo social que, en esta investigación, se reconoce a través de la expresión “trama metabólica”. Con ello, se rescata la idea de Bellamy Foster (2000, 2013) que la brecha metabólica es una expresión más de alienación que aqueja la humanidad en virtud del alejamiento progresivo del hombre de la naturaleza y, en este sentido, la cultura alimenticia urbana es una prueba fehaciente de esta corrosión. También se recupera la idea de Moore (2016, 2020) que la naturaleza perdió su virginidad en virtud de que el sistema de representaciones capitalistas determina las modalidades y usos para entablar relación con ella. Además, Toledo (2013) desglosa las etapas que configuran el proceso del metabolismo social, es decir, la trama metabólica, la cual en el caso de Nauru se convirtió en un drama metabólico: la exploración y acaparamiento de un territorio, la explotación y transformación de sus recursos, la circulación de lo producido, su consumo y las devoluciones a ese territorio, bajo la forma de desechos.

El metabolismo social de Toledo (2013) o la trama metabólica constituyen otra modalidad conceptual para dar cuenta del ciclo del valor, mediante la explotación metódica de un ecosistema, y su concreción política y económica, durante el colonialismo y el neocolonialismo. A través de estos Nauru dejó de ser una isla remota e insignificante y se convirtió en una fuente importante para el suministro de fertilizantes para la agricultura internacional, en un contexto geopolítico caracterizado, en parte, por la Revolución Verde implementada bajo varias latitudes, a partir de los años 50 del siglo pasado. La evolución de dicho metabolismo y dicha trama describe un arco del valor caracterizado por la subsunción creciente del valor de uso al valor de cambio, es decir, la supeditación de una incipiente forma de vida insular a su abstracción capitalista: la transformación paulatina de una calidad cultural local en una cantidad mercantil global. Es a partir de este esquema teórico y con base en las contribuciones conceptuales de Foster (2000, 2013) y Moore (2016, 2020), que se examinará y analizará a continuación la situación actual en Nauru como crónica de un desastre ecológico anunciado.

La isla de Nauru: exploración, acaparamiento y explotación de un territorio micronesio

La isla de Nauru (Davidson 1968), con 21 km2 y situada a más de 4000 km de Australia, constituye la más pequeña república del mundo4. Obtuvo su independencia política en 1968. Sus habitantes actuales son descendientes de polinesios y micronesios que se asentaron en la isla, según excavaciones arqueológicas, hace 3000 años; conformaban 12 clanes que se dividían el territorio y sus recursos. Posteriormente, la isla fue descubierta por el capitán británico, John Fearn en 1798. Conservaron la lengua de sus ancestros a la cual añadieron el inglés, a raíz de las múltiples relaciones económicas e históricas fraguadas con Australia y el Reino Unido. La isla es plana y el relieve culmina a unos cuantos metros sobre el nivel del mar. Se conforma de un litoral con franjas de cocoteros y de una meseta central anteriormente cubierta por una densa selva y bajo la cual se encontraron capas de fosfato. Hoy día, el 80% de la superficie ha sido cavado y la cubierta vegetal del interior desapareció dejando, en la actualidad, escasas muestras del antiguo ecosistema micronesio (mapa 1).

Mapa 1 Localización de Nauru en el Pacífico Sur 

De 1878 hasta 1888 tuvo lugar una guerra civil en Nauru entre seguidores y opositores del rey Aweida, la cual se potenció a través de la introducción de armas de fuego. El conflicto armado encontró su desenlace con la intervención militar del imperio alemán, cuya ocupación perduraría hasta iniciar la Primera Guerra Mundial. Dicha ocupación dio paso a una experiencia colonial del Segundo Reich: construcción de escuelas, clínicas y templos protestantes, enseñanza de la lengua y civilización alemanas, y, sobre todo, observaciones geológicas del subsuelo de la isla que permitieron hallar el fosfato e investigar su potencial agronómico. Después de la Primera Guerra Mundial, el gobierno de Australia implementó un protectorado en la isla. Posteriormente, el ovalado atolón fue administrado por la Organización de las Naciones e invadidos después por tropas japonesas, durante la Segunda Guerra Mundial. Las consecuencias de la invasión nipona fueron la deportación de una parte de la población a otras islas del Pacífico Sur y un brote de hambruna. A partir de 1947, la isla fue administrada de nueva cuenta por las autoridades australianas, bajo un mandato de las Naciones Unidas hasta 1968, año en que se consume la independencia de Nauru, el 31 de enero (Erhart 1993).

Como se mencionó, la ocupación alemana coincidió con el descubrimiento de yacimientos de guano en el centro de la isla en 1899 cuya explotación inicia en 1906. Con la explotación del fosfato acumulado en el centro de la isla, mediante el guano depositado por colonias de aves marinas durante miles de años inicia también un periodo de codicia entre potencias políticas regionales. Después de Alemania, empresas australianas, y en menor medida neozelandesas, empezaron a hacerse cargo de la extracción del fosfato y su trasiego hacia Oceanía y el resto del mundo. Al colonialismo político sucedió, por tanto, una nueva época caracterizada por un doble colonialismo: económico, a través de la explotación del guano, y político, mediante la figura de condominio territorial administrado por Australia bajo los auspicios de la ONU. El fosfato de Nauru era, entonces, uno de los fertilizantes más puros y eficientes para los sembrados en el mundo y convirtió a la isla en una de las naciones más prósperas a nivel internacional.

En 1963 y 1970, las autoridades de Canberra, sin mayor reparo ni previa concertación, propusieron a sus homólogas nauruanas la reubicación de los insulares en Frazer Island (Queensland), que consta de una superficie aproximada de 1600 km2 y está a más de 4000 km de Nauru. La intención era otorgar a esta nueva configuración geopolítica un estatuto jurídico y tener así las manos libres para la explotación del guano en la isla. Como era de esperarse, esta propuesta insólita recibió un rotundo rechazo por parte de los polinesios, muy apegados al territorio y el ecosistema de su diminuta isla. Esta extraña proposición adolecía, sin duda, de un utilitarismo económico a tono con la lógica y los intereses del capital, esto es, la expulsión de los habitantes de la isla la transformación de su territorio en una cantera abierta para la extracción desenfrenada del guano. Los nauruanos eran considerados, entonces, una suerte de estorbo poblacional que entorpecía la realización del designio extractivista australiano.

En la trama metabólica, lo anterior corresponde a la etapa de exploración y acaparamiento de la isla, sus recursos naturales y humanos, que se convirtieron sucesivamente en sujetos de los imperios alemán y británico. Caracteriza, asimismo, un momento tardío de la extensión colonial europea hacia zonas remotas. El imperio alemán intenta construir, a la carrera, un dominio colonial suyo en territorios de ultramar (Namibia, Norte Camerún y Nauru), que habían escapado de la intervención de otras potencias, y el Commonwealth australiano, reproduce, el esquema colonial británico en su área geográfica de influencia.

Makwa: el ascenso capitalista de los nauruanos

Makwa, es el nombre de una localidad que fungía el papel de capital administrativa de la nación nauruana. Su estatuto político correspondió al ascenso económico internacional de la isla. Ilustra el periodo de prosperidad de la isla.

Con la independencia de Nauru en 1968, las autoridades no tardaron mucho tiempo en hacerse del control de los yacimientos de guano, a través de la nacionalización de la Pacific Phosphate Company en 1970, cuyo nombre cambió por Nauru Phosphate Company (NPC). Así, en 1982, un artículo del New York Times Magazine (Trumbull 1982) señalaba que los habitantes de Nauru se encontraban entre los más ricos del planeta. El principal rascacielos en Melbourne, The Nauru House5 con una altura de 190 metros y 52 pisos, formó parte del patrimonio de la isla entre 1977, año en que fue concluida su construcción, y 2004 cuando fue vendido a un consorcio australiano para resarcir la deuda nacional, después del derrumbe de la economía del fosfato. El edificio era un activo del fideicomiso nacional Nauru Phosphate Royalties Trust (NPRT) que contaba, en ese entonces, con un amplio patrimonio inmobiliario en otros países del Pacífico Sur, Oceanía e incluso en los Estados Unidos y el Reino Unido (Westerman 2004)

Cada ciudadano nauruano era socio de la empresa y, por tanto, percibía dividendos que resultaban de la extracción del fosfato e inversiones subsecuentes. Nauru se había convertido en una isla poblaba por ciudadanos accionistas gozando del hedonismo deparado por el oro fecal de las aves. Todos recibían trimestralmente sus regalías a través del fideicomiso Nauru Phosphate Royalties Trust (NRTP). En otras palabras, se trataba de una isla cuyo fosfato era explotado por trabajadores y mineros procedentes de islas vecinas (Kiribati y Tuvalu) y China, que se convirtieron en los empleados directos de la ciudadanía nauruana. Una suerte de capitalismo micronesio centrado en la exclusiva explotación del guano.

La bonanza económica implicó un cambio vertiginoso del estilo de vida de los insulares. Los nauruanos no tardaron en convertirse en consumidores compulsivos con un alto poder adquisitivo. Motocicletas, automóviles, lanchas, aparatos electrónicos y electrodomésticos invadieron la isla, como tantas mercancías que depara el espejismo capitalista que se apodera de los nuevos ricos. Los advenedizos consumidores nauruanos empezaron a gestar nuevas prácticas sociales, algunas acordes con los valores de la cultura insular y otras, como experimentos de la sociedad de consumo. Una sociedad del ocio, como sospechaba el sociólogo Thorstein Veblen (2014), se gestó en Nauru con el auge de la economía del fosfato. Así, una de las distracciones favoritas de los nativos era dar la vuelta completa a la isla (esparcimiento conocido como poi poi entre los nauruanos, que tardaba media hora en llevarse a cabo) en su única carretera asfaltada de 12 km de extensión, la Island Ring Road. Así, recorrían la única carretera asfaltada, para lucir su nuevo coche o su nueva motocicleta. Otra diversión consistía en organizar suntuosas fiestas para cumpleaños, bautizos y bodas, donde los comensales intercambiaban regalos lujosos (como el árbol de Navidad en cuyas ramas se depositan joyas y billetes de dólares). Desde luego, también se incorporó el consumo en exceso alimentos chatarra que, para finales del siglo pasado, constituían un signo fehaciente de modernidad y prosperidad.

El ciudadano lego nauruano era entonces harto generoso y solidario, sin reparos para con sus compatriotas. En esas prácticas sociales se configuran dos rasgos que imperan aún en la isla: el mito del buque que trae desde cualquier parte del mundo obsequios y riquezas materiales a los habitantes de una isla remota en el Pacífico Sur; y la solidaridad mecánica de una sociedad nauruana que nunca ha dejado de funcionar e interactuar como una comunidad unida por la sangre, el parentesco, el compadrazgo, y forjada a través de una experiencia colectiva en un exiguo territorio. El Estado nauruano llegó a contar con infraestructuras de primer nivel de acuerdo con el tamaño de su territorio: aeropuerto, estadio olímpico, muelle equipado de grúas, contenedores modernos para la recepción de mercancías y el envío de la producción de fosfato. Incluso se construyó una pequeña vía férrea para el trasiego del guano desde los yacimientos ubicados en el centro de la isla hacia el muelle. Asimismo, la república de Nauru echó a andar una aerolínea nacional (i. e. Air Nauru) equipada de seis flamantes Boeing que volaban en todo el Pacífico. Otra de las distracciones favoritas de los nauruanos era viajar y turistear. Solían hospedarse en los mejores hoteles del mundo. En 1974, que corresponde al año de mayor crecimiento económico en la isla, la exportación del fosfato generó un ingreso de más de 225 000 000 de dólares, lo cual, y por concepto de regalías devengadas a cada ciudadano nauruano, equivalía a 1875 dólares mensuales per cápita.

La otra cara de la moneda de este bienestar social, es decir esta opulencia ficticia, tiene que ver con problemas de salud pública que aquejan a las sociedades urbanizadas, consumistas y, a menudo, sedentarias: obesidad y enfermedades cardiovasculares. La vida fácil provocó una fractura metabólica, debido a que el trabajo como actividad económica, y sobre todo como interacción con el medio ambiente, dejó de ser una necesidad para garantizar condiciones de reproducción de unidades domésticas y de la organización social en su conjunto. Significa que la existencia opulenta y consumista en el capitalismo acarrea una serie de consecuencias fisiológicas directas para el cuerpo y la salud mental y la integridad física de los sujetos. El ocio capitalista y su administración provocaron trastornos de gran alcance, que se concretaron en la obesidad que todavía padece la población nauruana, no obstante, el deterioro económico y alimenticio imperante. Los nauruanos, muy a su pesar, si bien vivieron intensamente un periodo de bonanza económica que no supieron aprovechar en vista de afrontar coyunturas adversas, terminaron por enjaularse en su prosperidad ficticia como una suerte de enajenación que dictaba el reino de la mercancía (y su fetichismo).

Otro elemento que llama la atención y constituye hoy una prueba indeleble de esta prosperidad evanescente son los rellenos y otros vertederos de la isla, donde se apilan carcachas de autos, motocicletas y aparatos electrónicos descompuestos de toda índole. Son montañas de bienes de consumo que contaminan el territorio. No hay programas o acciones para reciclar el fierro y el plástico acumulado. En tiempo de bonanza, el oficio de reparador o mecánico no existía, ya que cuando se descomponía un aparato o un vehículo se tiraba y se compraba otro, enseguida. En 1974, el nivel de vida en la República de Nauru era el segundo a nivel mundial después de Arabia Saudita.

La acumulación de una ingente riqueza nacional sin la mediación de un trabajo efectuado por la Población Económicamente Activa (PEA) nauruana representaba un insulto a la retórica neoliberal y capitalista que suele colocar al trabajo -esfuerzos físicos e intelectuales- en el centro de su sistema moral. Pero, los años pasaron y la economía del país vino abajo. Inició entonces un ciclo de austeridad y recensión para toda la población de la Isla. Una vez más se antoja establecer aquí un guiño -un paralelismo- con la historia de Rapa Nui, cuando sus pobladores experimentaron la hambruna y los conflictos por los recursos entre clanes. Sin embargo, esta versión antropocénica que enfatiza la irresponsabilidad humana no cuadra con la realidad para explicar lo ocurrido en Nauru. Y, de hecho, tampoco aplica para el caso de la Isla de Pascua.

Una pista para interpretar lo anterior tiene que ver con las etapas posteriores al acaparamiento del territorio que dispone la trama metabólica, y corresponde a la circulación y el consumo: circulación del fosfato en un mercado agroindustrial internacional regido por reglas ajenas a la cultura nauruano y consumo, a diestra y siniestra, como resultado de dicha circulación y modelo de ascenso social, a través de las ganancias acumuladas y redistribuidas entre los nauruanos, a partir de la economía del fosfato. En este tramo metabólico, la brecha entre nauruanos y naturaleza se amplió, ya que el consumo local descansaba en la importancia de bienes y servicios producidos y circulados desde otras partes del orbe, mientras que los intercambios con su ecosistema se limitaron a la estricta explotación y comercialización del fosfato. He ahí la manifestación de una forma de alienación consumista en la que el valor de uso, por vincularse con la adquisición y acumulación de bienes de consumo internacionales, dejó de ser un modo de expresión cultural local -una suerte de metabolismo cercano- para conformarse como una determinación del mercado de consumo internacional, esto es, una suerte de metabolismo remoto.

Yaren: el ocaso de la sociedad nauruana a través de la devastación de su ecosistema

Yaren es el topónimo de un distrito político que engloba la localidad de Makwa y funge en la actualidad el papel de capital oficial de la República de Nauru. Es la zona donde se encuentra el parlamento, el aeropuerto y el comisariado. Es la sede de instituciones de un Estado nauruano muy deteriorado.

En la actualidad, la mayoría de los 13 000 habitantes de la isla vive en una situación de indigencia, después del desplome de la economía del fosfato (Folliet 2014). Su esperanza de vida ronda los 50 años. El 60% de los adultos padece obesidad y el 40% de la población tiene diabetes de tipo 2 (Laurent y Bonnet 2020). He ahí las marcas corporales que dejó la época de prosperidad consumista. Hoy las nuevas generaciones nauruanas son (mucho) más pobres que la de sus padres y abuelos.

A comienzo de los años 90 del siglo pasado el recurso natural empezó a escasear. De 2004 a 2005, el número de trabajadores extranjeros se redujo de 1478 a 470. Paralelamente, se dio en 2005 una reestructuración administrativa mediante la cual la Corporación de Fosfatos de Nauru cambió formalmente su nombre a Corporación de Fosfatos de la República de Nauru (RONPhos). Esta emplea en la actualidad al 20% de la PEA de Nauru. El patrimonio inmobiliario nacional, constituido durante los tiempos de bonanza, se derritió, tras una serie de malversaciones, cohechos y pésima gestión (Folliet 2010, 50-65).

Hoy se buscan opciones económicas confusas para evitar un colapso nacional (McDaniel y Gowdy 2000). En este sentido, el gobierno isleño firmó, en años recientes, un convenio político y económico con Taiwán para el desarrollo de actividades aéreas entre ambas naciones6, a cambio de asegurar a la China nacionalista una participación indirecta en la ONU7 y la OMS, ya que Nauru es miembro de la ONU desde 1990. Así pues, Taiwán es el único país en el mundo que cuenta en la actualidad con una embajada en la isla. Asimismo, el gobierno taiwanés acordó un préstamo para la compra de máquinas perforadoras e iniciar de nuevo la explotación profunda del guano en algunas betas de los antiguos yacimientos. En este proyecto contribuye también una empresa de fertilizantes australiana, que reparó cuatro antiguas excavadoras arrumbadas en la isla para participar de esta nueva fiebre por el guano.

Otra opción fue la presentación de una denuncia legal internacional contra los gobiernos australiano y neozelandés por el desastre ecológico provocado por operadores australianos, entre 1918 y 1968, a cargo de la explotación del guano en la isla. El objetivo era obtener una reparación moral y económica por los daños sufridos por el ecosistema del atolón. En 1993, el Tribunal Internacional de Justicia dictó una sentencia a favor de Nauru, que implicó el pago de reparaciones a la pequeña nación de Micronesia. La Federación Australiana fue sentenciada a pagar al gobierno de Nauru la cantidad de 135 000 000 de dólares australianos por los daños ambientales irreversibles provocados a raíz de la explotación del fosfato. Esa cantidad no se equiparaba a las ganancias millonarias que generó el fosfato nauruano para las empresas de fertilizantes australianos y las agroindustrias australiana, británica y neozelandesa.

Según una investigación periodística publicada en The Guardian (Davies y Doherty 2018), se calculó que para el año 1998, 70 000 000 de dólares de la mafia rusa transitaron por los bancos nauruanos, situación financiera que provocó revuelo al nivel internacional sobre la posible constitución de la isla en un nuevo paraíso fiscal para el lavado de dinero. Hoy día, solo opera, y desde 2015, un banco en la isla -el Bendigo Bank- como muestra fehaciente del colapso financiero que caracteriza la actualidad de la economía nauruana. Otros intentos fallidos para sanar las finanzas públicas y mejorar el nivel de vida de los habitantes han sido la venta de pasaportes nauruanos y la expedición de permisos de navegación, cuyo registro y control eran inexistentes. Esto provocó otra agitación internacional y se llegó a acusar a las autoridades nauruanas de fomentar abiertamente la corrupción.

La última y polémica alternativa para zanjar la crítica situación social y económica en Nauru fue, a petición del gobierno federal australiano, convertir la isla en un país tercero seguro (Naciones Unidas 2018) y, concretamente, en centro de retención para solicitantes del refugio en Australia. Esta situación inició el 2 de septiembre de 2001 a través del incidente del barco noruego “Tampa”, que rescató a 460 afganos que pretendían llegar a tierra australiana y solicitar su refugio ante las autoridades correspondientes (El País 2001). El barco escandinavo fue interceptado por un buque de la armada australiana que negó tal cometido. Según la legislación federal australiana en materia de migración y refugio, solo es posible solicitar refugio y asilo en ese país, toda vez que el solicitante haya pisado su suelo. Con esta artimaña jurídica, el gobierno australiano ordenó la deportación de los afganos a Nauru (310) y Nueva Zelanda (150). En este sentido, Nauru se convirtió de manera progresiva en un auxiliar de la política de control migratorio de Canberra. Se calcula que, entre 2001 y 2007, alrededor de 1200 personas transitaron por la isla, donde fueron arraigados durante varios meses y finalmente expulsados hacia otros países.

Sin embargo, ante la deplorable atención que recibían los refugiados-detenidos (se habló de decenas de casos de suicidio entre menores refugiados) y el sigilo que envolvía las actividades policiales y represivas de control migratorio surgieron reacciones enérgicas de instancias internacionales y organizaciones no gubernamentales, como Amnistía Internacional (AI), para poner un alto a esta situación y exigir el cierre del campo de detención en Nauru. Las autoridades australianas, que enfrentaban además protestas y acciones jurídicas en esta tesitura de su propia ciudadanía, tuvieron que cancelar este programa. Las operaciones de arresto y detención en Nauru se suspendieron en 2007. Empero, un lustro después se reanudó dicha colaboración de control migratorio entre la República de Nauru y la Federación Australiana.

El documental de Cibien y Carcanade (2021) procura recuperar testimonios de nauruanos, además de realizar un diagnóstico de la tragedia ambiental y social que aqueja la isla. Braia Rose es una mujer cuentacuentos en Nauru y representa la memoria oral de la isla. A sus 55 años evidencia, con alarde de detalles y metáforas, el desfase entre la vida de antes, opulenta, excesiva, lujosa y hedonista y la de ahora, frugal, empobrecida, limitada y sumamente complicada. A su vez, el joven Ritchie Alsted es el responsable de la oficina de turismo en Nauru, una actividad que no deja de ser incipiente, ya que la isla no tiene lugares de atracción para impulsar tal iniciativa. Ambos testifican el desastre ecológico actual y sus implicaciones para el día a día. Ambos lamentan cómo los valores comunitarios como la generosidad y la prodigalidad entre familias se han erosionado con la decadencia económica de la isla. Ambos concuerdan en decir que la responsabilidad de la situación actual recae tanto en la dejadez de las autoridades como la propia población. Para el joven Ritchie, la época de abundancia permanece en su memoria como un recuerdo remoto y fragmentado. Ambos, finalmente, no manifiestan rencor ni tampoco animosidad por lo sucedido, sino un fatalismo disfrazado de alegría Micronesia. La joven adolescente Mitsie Jones, que sueña con ser corredora de velocidad y participar algún día en los Juegos Olímpicos, tiene que entrenarse en una vieja pista de atletismo y en la única carretera de la isla, y solicitar, además, una cooperación voluntaria entre los habitantes para poder viajar y representar a su país en estos certámenes internacionales.

Estos testimonios de nauruanos son una muestra de cómo un sistema de producción y acumulación fallido afectó, años más tarde, la vida cotidiana de los nauruanos, adultos mayores, jóvenes y adolescentes (Folliet 2014). Se trata como diría Zizek (2009, 19-25) de una violencia objetiva, sin rostro, sin culpables de carne y hueso. Una violencia ejercida por el capital como sujeto autómata (Marx 2009, 173), es decir, un sistema de dominaciones abstractas. Dicha violencia surtió varios efectos para con la vida de los habitantes de la isla. La urbanización de Nauru es una de sus manifestaciones palmarias, ya que modernidad y ciudad van de la mano y corresponde al modelo de desarrollo que impone el capitalismo, detrás del cual se encuentra otra expresión de la fractura metabólica (Williams 2001).

Nauru se parece, más que a un centro urbano próspero, a uno de los múltiples suburbios del lumpenproletariado planetario engendrados por la globalización neoliberal, cuyos epicentros son los países y las economías occidentales. Además, los periodos de auge y crisis económica en Nauru pueden entenderse a partir de su articulación respectiva con ciclos del valor, es decir, con ciclos de explotación del fosfato por el capital. Esto es, primeramente, el colonialismo político y económico de la isla, y, posteriormente, una suerte de neocolonialismo adosado a una soberanía nauruana de fachada. La situación actual remite, tal vez, al comienzo de un nuevo ciclo del valor que consiste, paradójicamente, en su reciclaje, es decir, cómo seguir valorando una supuesta potencialidad económica de un territorio, una nueva frontera interior del capital.

El declive socioeconómico de Nauru y sus habitantes corresponde a la última etapa del metabolismo social, la trama metabólica y el ciclo (o arco) del valor. Corresponde a la fase de devolución a la naturaleza de aquello que se le extrajo. A menudo remite a la producción de desechos, pero abarca también la suma de resultados inesperados que produjo el modo de producción capitalista. En este sentido, si bien los efectos son ecológicos y afectan el medio ambiente de la isla, mediante la producción de desechos, la esterilidad de los suelos y el agotamiento del fosfato, aluden también a problemas de salud entre los habitantes: obesidad, diabetes, esperanza de vida en picada y disminución de la esperanza de vida saludable en declive.

Los artificios que buscan las autoridades para subsanar la situación económica son, asimismo, una muestra adicional de la vigencia de esta fase del metabolismo social en la isla. Se caracteriza por el ensanchamiento de la brecha metabólica y la sustitución del entorno natural por un conjunto de oportunidades financieras efímeras. El valor del territorio se abstrajo: de un espacio sensible con cocoteros y guano se convierte en una zona de especulación para licitar pabellones marítimos, pasaportes, bancos dudosos. En esta última etapa se ha tratado de reciclar la naturaleza para continuar, desesperadamente, con el ciclo del valor y no de devolverle lo que se le sustrajo en un principio. Este final indica, desde luego, que el equilibrio entre nauruanos y naturaleza está roto, y no es porque la isla y sus habitantes hayan decidido intencionalmente irrumpir en el escenario del capital, sino porque este llegó hasta sus confines y terminó por enjaular sus vidas en su metabolismo productivista.

Análisis de la trama metabólica en Nauru

Resalta una contradicción que devela una de las múltiples expresiones de la fractura metabólica: hoy día el 90% de la superficie de la isla es infértil y la gran mayoría de sus habitantes consume, de vez en cuando, verduras importadas. Y es que durante décadas la economía nacional se centró en la extracción y exportación del fosfato, un poderoso nutriente para el abono de las tierras y los cultivos, que ayudó a otros países transoceánicos a sortear los problemas de sus propias brechas metabólicas (Bellamy Foster 2000). Nauru nunca tuvo, en tiempo de prosperidad, una agricultura propia como alternativa económica para cubrir las necesidades alimenticias de la población, y mucho menos ahora con el agotamiento del fosfato y la infertilidad del suelo de la isla.

Nauru, progresivamente, pasó de ser una comunidad polinesia a una sociedad de consumo. Así, dejó a otros -es decir, extranjeros, bien inversores australianos, bien mano de obra procedente de otras islas de Micronesia- la responsabilidad de producir la riqueza, a través de la extracción y exportación del fosfato. El trabajo, como producto palmario de la relación entre el hombre y la naturaleza en general, constituye para la presente situación uno de los principales focos de atención para entender la trama metabólica inicial en Nauru y sus posteriores transformaciones, desde el descubrimiento de los primeros yacimientos de guano, en 1899. El trabajo es, primero que nada, una institución de índole cultural e históricamente la concreción cardinal de la relación entre el hombre y la naturaleza, a través del acto de producción. En este sentido, el trabajar es siempre interactuar con y en la naturaleza y generar actividades de intercambios con ella.

Con el capital la definición del trabajo cambia profundamente y se convierte en el medio de producción del valor, y caracteriza la condición social del hombre a través de la tensión entre empleo y desempleo. Así, el capital, bajo los rasgos del imperio alemán, encontró la posibilidad de extender su incipiente dominio colonial a una tierra virgen. Con la llegada de empresas australianas se procedió al acaparamiento del recurso y se recurrió al uso de mano de obra china, de las islas Tuvalu y Kiribati. A un lado quedaron los nauruanos.

Con la independencia de la isla continúa este esquema de producción y trabajo del cual siguen orillados los nauruanos. Con la prosperidad generada por las exportaciones de fosfato y las inversiones inmobiliarias realizadas por el gobierno local, los autóctonos se convierten en empedernidos consumidores de todos los productos, bienes y servicios que depara, en ese entonces, la modernidad capitalista, cuyo epicentro era el estilo de vida norteamericano: fácil, hedonista, ocioso y alejado de la esfera del trabajo. La tragedia de Nauru consiste en lo siguiente: mientras trabajadores chinos, de Tuvalu y Kiribati excavaban la meseta central de la isla y trasegaban el guano hacia el muelle para su exportación, los nauruanos se acostumbraban a dar vueltas y vueltas a la isla en sus automóviles de nuevo modelo, sus rutilantes motocicletas, celebrar exageradas fiestas de intercambio de regalos o vacacionaban en Australia o en el Reino Unido. Es decir, mientras unos trabajaban, otros se sumergían en el ocio. Mientras los primeros entablaban, mediante su trabajo, una relación laboral con el ecosistema de la isla, bajo el mando de la lógica capitalista, y asistían a la transformación de su metabolismo de campesinos y pescadores micronesios en mineros empleados por el capitalismo transnacional, los segundos, los nauruanos, se alejaban cada vez más de su ecosistema y del desastre ecológico que se cernía sobre su isla.

Hoy día, el 80% de la superficie de la isla ha sido cavada. Ello propició la destrucción de la cubierta vegetal, lo que provoca cada vez más sequías, la extinción de colonias de aves y sus preciados excrementos, sin mencionar la destrucción de la fauna marina. La falta de experiencia laboral consolidada de los nauruanos en las minas de fosfato constituyó, tal vez, un velo que ha opacado las conciencias locales sobre la insostenibilidad de la relación entre capital (extractivista) y naturaleza. Ser ecologista en Nauru, como en cualquier otra parte del mundo, no es solo militancia, sino trabajar y producir, es decir, interactuar con un ecosistema natural determinado. He ahí, una suma de evidencias y predicamentos acerca de una fractura metabólica entre el ecosistema de Nauru y sus habitantes. Dicha fractura consistió también en la destrucción del trabajo humano concentrado en la extracción del fosfato. Pero, como lo señala Fredric Jameson (2013, 13), es también una forma de autodestrucción, pues el capitalismo al destruir el trabajo humano destruye no solo al hombre y su cada vez más diezmada relación con la naturaleza, tiende a aniquilarse a sí mismo a través de la merma de la fuente del valor que es el trabajo humano. Todo parece indicar que Nauru y sus habitantes han experimentado esta tensión entre dos formas de trabajar, siendo la segunda la que, a la postre, decantó la realidad que impera ahora en la isla.

Comentarios finales

Con el capitalismo todo cambia y se invierte: la naturaleza se considera falsamente un receptáculo de recursos abundantes y baratos (Moore 2020) y el hombre termina formando parte de esta capitalización de la naturaleza (en el mundo de la producción fabril y de servicio, la humanidad activa se reduce a un recurso humano entre otros). Además, el capitalismo descansa en una insuperable contradicción que consiste en su crecimiento ingente, indefinido y depredador de energías a costa de una naturaleza cuyos ecosistemas frágiles cuentan, desde luego, con recursos limitados y con un nivel de reproducción muy inferior a las exigencias que impone el desarrollo del capital. Así pues, la valoración del valor (plusvalía), que constituye el magno software de la lógica capitalista y su única teleología, desemboca necesariamente en devastaciones locales y en un ecocidio generalizado.

Los conceptos de fractura metabólica, cambio y trama metabólicos conforman una gama interpretativa para dar cuenta de la carrera infernal del capital haciendo las veces de bólido arrojado a la isla. Los nutrientes de la tierra, como el guano, han sido extraídos para el beneficio de agroindustrias distantes a varios miles de kilómetros. Asimismo, el trabajo para la extracción del fosfato ha necesitado el empleo de mano de obra procedente de otras islas, y ha favorecido un desequilibrio entre trabajo como valor de uso, es decir, actividades de grupos locales a partir de sus respectivos ecosistemas, y trabajo como valor de cambio, que ejemplifica la circulación migratoria y desencarnada de la fuerza de trabajo. Esta tensión entre formas y escalas de trabajo es, a final de cuentas, otra expresión de la dialéctica suprema del modo de producción capitalista por la cual el trabajo vivo termina transformándose en capital muerto, es decir, en capital.

La ruptura como transformación metabólica devela, a menudo, una crisis del capital (Saito 2017). En este sentido, el caso de Nauru es emblemático de tal metabolismo incontrolable. He ahí dos tipos de contradicciones del capital. La primera es externa y se ha mencionado párrafos atrás: la lógica del capitalismo, que se centra en la valoración del valor, implica un crecimiento económico infinito y exponencial, lo cual requiere apoderarse de los recursos de una naturaleza considerada como siempre disponible y gratuita, aun cuando esta configura un mundo finito y con energías limitadas. La segunda es interna y tiene que ver con el impacto negativo, y hasta nefasto, del capitalismo en la naturaleza y sus ecosistemas en términos de destrucción de espacios naturales, agotamiento de recursos naturales, contaminación del aire, del suelo y de las aguas. Tales modificaciones abruptas de los equilibrios entre naturaleza y organizaciones sociales merman las propias condiciones de reproducción del capitalismo (O’Connor 2001). En este sentido, el capitalismo verde (con el auxilio de la geoingeniería) no sería más que un señuelo para confundir las conciencias acerca de la imposibilidad de reformar el capital, es decir, su modo de producción, consumo y acumulación. En realidad, ante ello, el capital ha buscado siempre explorar y encontrar nuevos territorios “vírgenes” para continuar con su cometido. He ahí el capitalismo de frontera sobre el cual Jason Moore (2020, 121-132) abona reflexiones críticas. Cuando los recursos se agotan aquí, el capital sigue buscándolos en otra parte, dejando atrás ruinas y desolación, como sucedió en Nauru.

A pesar de lo anterior, existe en Nauru la esperanza política y social de encontrar otras capas de fosfato en las profundidades del subsuelo de la isla. Según la experticia de geólogos australianos, existiría un yacimiento de fosfato profundo que está en espera de su pronto explotación. Asimismo, las autoridades locales contemplan licitar las aguas territoriales de la república a través de la expedición de derechos de pesca para barcos atuneros de otros países asiáticos y de Oceanía, así como iniciar la explotación de los fondos marinos para la exportación de nódulos de metales raros. Con ello parece abrirse otro capítulo sobre el saqueo de la naturaleza en Nauru. He ahí una muestra de la continua huida hacia adelante del capital. Es por lo que el capitalismo no parece ser un sistema de producción reformable (Kovel 2005).

Los desastres naturales son, ante todo, una dialéctica donde la impronta humana es indeleble. Pero no se trata de una marca antropológica y abstracta, sino histórica y concreta que empezó con el surgimiento del modo capitalista de producir, intercambiar, consumir y acumular. Es importante hacer hincapié en que, si bien cada desastre emerge bajo la forma de un acontecimiento súbito e inesperado, también es el resultado de circunstancias, causas y determinaciones que se acumulan en procesos de desastres (Serratos 2020; Moore 2016). En este sentido, la tragedia de Nauru ha consistido en un lento proceso de destrucción de un ecosistema8 por una lógica de producción llamada capitalismo extractivista. Así pues, el capitalismo ha instaurado una relación dialéctica con la naturaleza que induce un nuevo metabolismo de intercambios desiguales: el aprovechamiento infinito y creciente de recursos naturales a cambio de una sarta de ecocidios y desastres. Es precisamente la suerte ecológica que le ha tocado vivir a la isla de Nauru: su ecosistema natural, así como sus habitantes.

Bibliografía

Burkett, Paul. 2015. Marx and Nature: Red and green perspective. Chicago: Haymarkets books. [ Links ]

Cibien, Laurent, y Pascal Carcanade. 2021. Nauru, l´île Perdue, L’histoire d’un désastre.[Video]. París: Beta Producction. https://bit.ly/413KF3S Links ]

Davidson, James Wightman. 1968. “The republic of Nauru”. The Journal of Pacific History 3(1):145-150. doi.org/10.1080/00223346808572131 [ Links ]

Davies, Anne, y Ben Doherty. 2018. “Corruption, incompetence and a musical: Nauru's cursed history”. The Guardian, 3 de septiembre. https://bit.ly/2oDETXdLinks ]

Diamond, Jared. 2006. Colapso. Por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen. Barcelona: Debate. [ Links ]

El País. 2001. “Australia usará un barco militar y aviones para llevar a los refugiados del 'Tampa' a Nueva Zelanda y Nauru”, bit.ly/3p4USQyLinks ]

Erhart, Sabine. 1993.Die Südsee. Kultur und Landschaftsführer. Inselwelten im Südpazifik. Dumont Buchverlarg: Köln. [ Links ]

Folliet, Luc. 2014. Nauru. La isla devastada. Cómo la civilización capitalista ha destrozado, en los últimos treinta años, el país más rico de la tierra .Madrid: Península. [ Links ]

Foster, John Bellamy. 2000. La ecología de Marx, materialismo y naturaleza. Madrid: El Viejo Topo [ Links ]

Foster, John Bellamy . 2013. “Marx y la fractura en el metabolismo universal de la naturaleza”.Monthly Review 65(7): 1-18. https://bit.ly/3VrPbYSLinks ]

Google Maps. 2023. “Papúa Nueva Guinea”, bit.ly/3LRy0gdLinks ]

Jameson, Fredric. 2013. Representar El Capital. Una lectura del tomo 1. Ciudad de México: Fondo de Cultura Económica. [ Links ]

Kovel, Joel. 2005. El enemigo de la naturaleza. ¿El fin del capitalismo o el fin del mundo? Buenos Aires: Asociación Civil Tesis. [ Links ]

Kurz, Robert. 2021. La sustancia del capital. Madrid: Enclave de libros. [ Links ]

Laurent, Jérôme, y Olivier Bonnet. 2020. L’histoire de Nauru, le pays qui s’est mangé lui-même.[Video]. Thalassa: France Télévision. [ Links ]

Marx, Karl. 2007. Elementos fundamentales para la crítica de la economía política (Grundrisse) 1857-1858. Ciudad de México: Siglo XXI/Biblioteca del Pensamiento Socialista [ Links ]

Marx, Karl . 2009. El Capital. Ciudad de México: Siglo XXI. [ Links ]

McDaniel, Carl, y John Gowdy. 2000.Paradise for Sale: A parable of nature .Los Angeles: University of California Press. [ Links ]

Moore, Jason, ed. 2016. Antropocene or Capitalocene?: Nature, History and the Crisis of Capitalism. Nueva York: PM Press [ Links ]

Moore, Jason . 2020. El capitalismo en la trama de la vida. Madrid: Traficantes de sueños. [ Links ]

Naciones Unidas. 2018 “Pacto Mundial para una Migración Segura, Ordenada y Regular (GCM)”. 19 de diciembre de 2018. bit.ly/3LS64IXLinks ]

Naciones Unidas. 1962. “Misión visitadora a los territorios en fideicomiso de Nauru y Nueva Guinea. Informe sobre Nauru”. Nueva York: Naciones Unidas, 9 de junio 1962. [ Links ]

O’Connor, James. 2001. Causas naturales: Ensayos de marxismo ecológico. Ciudad de México: Siglo XXI . [ Links ]

Postone, Moishe. 1993. Time, Labor and Social Domination: A Reinterpretation of Marx's Critical Theory. New York and Cambridge: Cambridge University Press. [ Links ]

Sacristán Luzón, Manuel. 1984. “Algunos atisbos políticos-ecológicos de Marx”. Mientras Tanto 21: 39-49. https://bit.ly/412XJqrLinks ]

Saito, Kohei. 2017. “Marx en el Antropoceno: Valor, Fractura Metabólica y el dualismo no-cartesiano”. Marxismo crítico, 29 de noviembre. https://bit.ly/40Y0Y2dLinks ]

Schaffhauser, Philippe. 2020. Critiquer le capitalisme : Une mise en abyme du monde contemporain. París: L’Harmattan. [ Links ]

Schmidt, Alfred. 1976. El concepto de naturaleza en M arx. Ciudad de México: Siglo XXI . [ Links ]

Serratos, Francisco. 2020. Capitaloceno. Una historia radical de la crisis climática. Ciudad de México: UNAM. [ Links ]

Toledo, Víctor Manuel. 2013. “El metabolismo social. Una nueva teoría socioecológica”. Relaciones 132: 41-71. https://bit.ly/40Y34PD Links ]

Tordjman, Hélène. 2021. La croissance verte contre la nature : critique de l’écologie marchande. París: La Découverte. [ Links ]

Trumbull, Robert. 1982. “World Richest Little Isle”. New York Times Magazine, 7 de marzo. https://nyti.ms/3Vu7VqILinks ]

Veblen, Thorstein. 2014. Teoría de la clase ociosa. Madrid: Alianza. [ Links ]

Westerman, Helen. 2004. “The Nauru house excepted to fade away”. The Age, 24 de agosto. [ Links ]

Williams, Raymond. 2001. El campo y la ciudad. Buenos Aires: Paidós. [ Links ]

Zizek, Slavoj. 2009. Sobre la violencia. 6 ensayos marginales. Buenos Aires: Paidós [ Links ]

1Concretamente la empresa lanera escocesa Williamson y Balfour con sede en Valparaíso, Chile, que obtiene una concesión para introducir ovejas en la isla, a partir de 1903.

2He ahí el caso del toromiro, un arbusto endémico de la isla.

3Significa que para Marx la relación entre hombre y naturaleza no es estática, y el equilibrio entre ambos es una relación frágil de intercambios y acciones recíprocas, que transforma tanto al hombre como a los ecosistemas. Es una dialéctica. En este sentido, no plantea ningún metabolismo ideal e ingenuo al cual deberíamos de aspirar sino una suerte de cuidado y negociación continua entre hombre y naturaleza.

4Se puede extender el comentario para otras conformaciones políticas en el Pacífico Sur: Kiribati o Tuvalu.

5Los australianos sarcásticamente apodaron el edificio como Birdshit Building (“El rascacielos del guano”).

6Las autoridades taiwanesas se hacen cargo de los costes de operación del único avión comercial de la isla que realice enlaces con Australia (Brisbane).

7La isla de Taiwán no tiene representación ante la ONU por el veto impuesto por el gobierno de la República Popular de China, miembro permanente del Consejo de Seguridad en las Naciones Unidas. Taiwán ha tratado de sortear esta dificultad diplomática para el desarrollo de sus actividades internacionales a través de socio como Nauru, utilizando su membresía como un eco para la promoción y defensa de sus intereses geopolíticos.

8Como es el caso geológico de la subducción que aqueja a muchas ciudades asiáticas porteñas como Bangkok e implica el hundimiento de la mancha urbana y su infraestructura que descansan sobre lechos de río, mantos acuíferos, lagunas desecadas, etc.

Recibido: 08 de Octubre de 2022; Aprobado: 05 de Diciembre de 2022

Creative Commons License Este es un artículo publicado en acceso abierto bajo una licencia Creative Commons