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URVIO Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad

versión On-line ISSN 1390-4299versión impresa ISSN 1390-3691

URVIO  no.30 Quito may./ago. 2021

https://doi.org/10.17141/urvio.30.2021.4780 

Articles

La relación triangular entre China, Taiwán y Estados Unidos en el periodo 2008-20181

The Triangular Relationship between China, Taiwan and the United States in the Period 2008 -2018

A relação triangular entre China, Taiwan e Estados Unidos no período 2008-2018

Carolina Ramírez-Carvajal,* 
http://orcid.org/0000-0002-7535-268X

Dusan Praj** 
http://orcid.org/0000-0002-3676-530X

Jorge-Andrés Acosta-Strobel*** 
http://orcid.org/0000-0002-3801-418X

*Observatorio de Tenencias 360Institución Universitaria Esumer, Colombia, carocarvajal6@gmail.com,

**Grupo de Investigación de Estudios Internacionales, Institución Universitaria Esumer, Colombia, dusan.praj@esumer.edu.co,

***Grupo de Investigación de Estudios Internacionales, Institución Universitaria Esumer, Colombia, jorge.acosta@esumer.edu.co,


Resumen

La condición de la República de China (ROC)-Taiwán es el asunto clave de la seguridad en la región Asia-Pacífico. Este artículo tiene por objetivo analizar las relaciones políticas y económicas entre Estados Unidos, Taiwán y la República Popular de China (RPC) entre 2008 y 2018 (el período crucial para el reestablecimiento de las relaciones a través del estrecho de Taiwán), y cómo estas se han modificado con los cambios políticos en Taipéi, representados por el nuevo gobierno del Partido Progresista Democrático. Las relaciones entre estas tres entidades se revisan desde el punto de vista del realismo ofensivo. La principal conclusión es que, para la República Popular de China, la reunificación con Taiwán representa un punto esencial de su proyección geopolítica y un acto simbólico del rejuvenecimiento de la nación. Ello afecta además las relaciones a escala global con Estados Unidos. Sin embargo, el uso de los instrumentos políticos y económicos para lograr ese objetivo es visto con mucha sospecha tanto en Taipéi como en Washington.

Palabras clave: Asia; China; Estados Unidos; geopolítica; Pacífico; Taiwán

Abstract

The status of Taiwan is the most crucial security issue in the Asia Pacific region. This article aims to analyze the political and economic relations between the United States, Taiwan and the People's Republic of China (PRC) between 2008-2018 (the pivotal period in the re-establishment of relations across the Strait of Taiwan), and how these relations have changed with the new DPP government in Taipei. The main conclusion is that for PRC the reunification with Taiwan represents a vital point of its geopolitical projection, and a symbolic act of the rejuvenation of the nation. Nevertheless, it affects the relations with the United States on many different levels. However, the use of political and economic instruments to achieve that goal is viewed with great suspicion in both Taipei and Washington.

Keywords: Asia Pacific; China; geopolitics; Taiwan; United States

Resumo

O status de Taiwan é o problema de segurança crucial na região Ásia-Pacífico. Este artigo visa analisar as relações políticas e económicas entre os Estados Unidos, Taiwan e da la República Popular da China entre 2008-2018 (período crucial para o restabelecimento das relações através do estreito de Taiwan) e como estes mudaram com a novo governo DPP em Taipei. A principal conclusão é que para PRC a reunificação com Taiwan representa um ponto crucial de sua projeção geopolítica, e um ato simbólico do rejuvenescimento da nação. No entanto, isso afeta as relações com os Estados Unidos em muitos níveis. O uso de instrumentos políticos e económicos para alcançar esse objetivo é vista com grande desconfiança em Taipei e Washington.

Palavras-chave: Ásia; China; Estados Unidos; geopolítica; Pacífico; Taiwan

Introducción

El auge político, económico y militar de la República Popular China (RPC), con el subsiguiente cambio en el entorno geopolítico global y las modificaciones del esquema de seguridad en Asia-Pacífico, es un desafío decisivo del nuevo orden geopolítico.

El estatus de la República de China-Taiwán (ROC) constituye un punto primordial. La importancia estratégica de Taiwán se manifiesta en la ubicación dentro de la “primera cadena de islas”, la estrategia formulada por el secretario de Estado estadounidense, John Foster Dulles, en 1951, con el propósito de encerrar por el mar a la República Popular de China (RPC) y a la Unión Soviética en el Pacífico. Esa estrategia, implementada por los Estados Unidos durante la época de la Guerra Fría, fue parte integral de la contención contra la difusión del comunismo. Se convirtió así en la piedra dominante de la planeación geopolítica de los Estados Unidos. Hoy día, está ganando más importancia, en especial a partir del auge de las capacidades navales de la RPC (Praj y Restrepo 2017).

Al mismo tiempo, la estrategia de la RPC a largo plazo tiene como objetivo recuperar los territorios perdidos durante el llamado “siglo de la humillación nacional” (1839-1949). Dentro de esas iniciativas, Taiwán juega un papel indispensable para la reincorporación al territorio chino. Existen precedentes históricos de dichos procesos, como la reintegración relativamente exitosa de Hong Kong (1997) y Macao (1999), mediante el estatuto de Regiones Administrativas Especiales, con alto grado de autonomía, bajo el modelo “un país y dos sistemas” (conocido por la abreviación 1C2S en inglés). Esto podría servir como un método para atraer a Taiwán de la misma manera. Sin embargo, la RPC no ha descartado la posibilidad de recuperar a Taiwán de manera militar. Uno de sus objetivos centrales es que, para 2049 (año del centenario de la RPC), se logre de cualquier manera la “reunificación completa de China” (Balzacq, Dombrowski y Reich 2019).

En el periodo 2000-2008, ocurrieron varios puntos críticos en las relaciones entre China y Taiwán. La implementación del consenso de 1992 logró cierto grado de estabilidad en las relaciones, tanto que la RPC, al contrario de la época de crisis 1995/1996, no intervino en las elecciones de 2004, ni en las de 2008. Sin embargo, las declaraciones de la administración de la RPC hacia el presidente taiwanés han sido claras ante las ideas de autonomía de la isla. Han manifestado incluso que sería jugar con fuego. Esto se ve reflejado en la Ley Antisecesión aprobada por la RPC en 2005, la cual aboga por el uso de la fuerza para mantener la integridad territorial. La decisión ha generado un entorno de tensión. Pese a ello, el cambio de la administración en la isla en 2008, bajo el mandato del presidente de Taiwán Ma Ying-jeou, perteneciente al Partido Kuomintang (KMT), inició un acercamiento sustancial entre ambas partes del estrecho de Taiwán (Toro, Chacón y Le-Fort 2001; Cue Mancera 2017).

El presente artículo busca revisar los acontecimientos más importantes del periodo 2008-2018 en las relaciones entre la RPC, Taiwán y Estados Unidos, en los aspectos políticos, militares y económicos, con el fin de mostrar la ambivalencia de las posiciones de los actores hacia los asuntos cruciales como la condición de Taiwán. De ese modo, se podrán notar las distintas consideraciones que tiene la República de China (ROC) para tomar posición frente a su autonomía, la reunificación con la RPC o el mantenimiento del statu quo.

La investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo. Se utilizó el método descriptivo, con el fin de contextualizar los comportamientos políticos y económicos de China, Estados Unidos y Taiwán. Ello va de la mano con un análisis de la política exterior de los Estados mencionados, utilizando como instrumento la revisión documental, a partir de repositorios de apoyo como Ebsco, Scopus y Dialnet. Esas bases de datos se toman en cuenta por su rigurosidad científica y la actualidad en su contenido (Gonzalez y Duarte 2017; Ramírez-Grisales et al. 2021).

Marco teórico

El auge de la RPC y su acomodamiento con los Estados Unidos es uno de los desafíos esenciales del siglo XXI (Valle-Guerrero 2018). La relación entre Estados Unidos y China representa un eje sustancial de la reconfiguración geopolítica regional y global. Ha pasado por varias etapas de desarrollo, que inciden en la estructura de la economía internacional. Una de las propuestas ha sido la cooperación entre Estados Unidos y la RPC, denominada G2. Vino de la administración de Obama, a inicios de su mandato. Sin embargo, la idea inicial pasó a políticas que se podrían definir como “nueva contención” (Rodríguez-Rincón, Praj y Acosta-Strobel 2020), un concepto que no solo se aplica contra la RPC. En el marco de la redefinición del entorno geopolítico global de Estados Unidos, se aplica contra todos los competidores globales y regionales, como Rusia, Irán, Libia, entre otros (Mandelbaum 2019).

La “nueva contención” debe tener otras características, además de las aplicadas durante la Guerra Fría. Sostiene Welch (2021) que los embargos comerciales impuestos contra la Unión Soviética y la RPC por los Estados Unidos durante la Guerra Fría serían difíciles de replicar debido al alto grado de interdependencia económica entre los Estados Unidos y la RPC. Además, el país norteamericano no está en posición de disuadir a terceros países de que desistan de reforzar lazos económicos con China. Por tanto, Estados Unidos se concentra en afectar las exportaciones de tecnologías de la RPC, que podrían desafiar su superioridad militar a través de la inteligencia artificial y la robótica (Welch 2021).

El componente militar de la contención tampoco es fácil de implementar. Hoy día las líneas de división no son tan claras. La estrategia china para aumentar su presencia militar en el mar del sur del país, creando islas artificiales y poniendo sistemas antiaéreos y antibuques, no está provocando un conflicto convencional. Sin embargo, la combinación de esos pequeños pasos le da a la RPC la capacidad de controlar gradualmente las aguas disputadas de ese mar (Sempa 2019).

Con base en lo anterior, se puede establecer que la aplicación de dicha estrategia no es ideológica. El hecho de que China se defina a sí misma como un país de socialismo de mercado, con el Partido Comunista en el poder, no ha representado ningún obstáculo para que Estados Unidos y sus empresas inviertan y se establezcan en ese entorno. El objetivo no es parar la difusión del comunismo (como en la época de la Guerra Fría), sino enfrentar el creciente poderío económico, político y militar de China en la zona de su proyección geopolítica natural (Asia-Pacífico). La intención de los Estados Unidos es servir como factor decisivo del equilibrio externo (offshore balancing) (Mearsheimer y Walt 2016; Ramírez-Grisales et al. 2021).

A pesar de que China maneja una posición muy consensual con respecto a sus relaciones con otros países (basándose sobre todo en la diplomacia económica, el cuidado de los intereses comunes y la interdependencia mutua, en el nombre de la maximización de sus ganancias), hay que destacar que la relación con Taiwán es de otra índole. Recuperar la isla es un punto neurálgico para la RPC, por el cual no duda en cruzar líneas y amenazar con el uso de fuerzas militares (aunque hasta el momento no directamente).

Según Mearshheimer (2014), desde las intenciones del realismo ofensivo, la RPC trata de revisar la posición de Taiwán a través de la maximización de sus capacidades, tanto armamentistas como económicas, para implementar los imperativos de su proyección geopolítica. Ello los lleva a considerar los pasos más contundentes hacia la reunificación, tal como la denominó el presidente de China, Hu Jintao, en el XVII Congreso de Partido Comunista en 2007. Para la RPC, la reunificación con Taiwán es importante por dos motivos clave: Beijing absorbería las capacidades militares y económicas de Taiwán, cambiando la distribución del poder en la zona de Asia hacia China, y convertiría a la isla en su base de operaciones avanzadas para ampliar la proyección geopolítica hacia el Pacífico Occidental (Mearsheimer 2014).

Al mismo tiempo, los Estados Unidos implementan mecanismos de balanceo de poder contra la creciente asertividad de China, a través de proyectos de tratados de libre comercio, como el Acuerdo Transpacífico (abandonado por los Estados Unidos con la llegada al poder del presidente Trump). También lo hacen mediante el refuerzo de las alianzas tradicionales y la creación de nuevas en la zona Asia-Pacífico. La renovación de la actividad del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral, con la participación de Estados Unidos, Japón, India y Australia, es una de las importantes características del balanceo externo del país norteamericano en la región (Haynes 2017)

Sin embargo, el concepto va más allá de la reunificación. Precisamente, como ha hecho Estados Unidos en el hemisferio occidental, la RPC está buscando convertirse en el líder hegemónico regional de Asia-Pacífico. Ni Estados Unidos ni China están dispuestos a aceptar la presencia militar de potenciales competidores en sus zonas de influencia o en aquellas que son de interés vital. En ciertos términos, se podría hablar sobre la versión asiática de la Doctrina Monroe (Mendis y Wang 2020). Esta ya tiene antecedentes regionales, implementados por Japón en la década de 1930 (Petrollini 2009).

La confirmación de los intereses de la RPC de no permitir a Taiwán cualquier cambio en su condición que traiga más autonomía o independencia y el mantenimiento de la política de “una sola China”, incluso a través de amenazas del uso de la fuerza, muestran un ejercicio legal implantado a partir de la vigencia de la Ley Antisecesión (Cervell-Hortal 2005).

Barack Obama y Taiwán (2008-2016)

Debido a la petición de la ROC-Taiwán a las Naciones Unidas realizada en 2007, para poder reincorporarse como miembro de la organización, se realizó un referendo en el contexto de las elecciones presidenciales en la isla. La posición de la Oficina de Asuntos Jurídicos de la ONU fue negativa, apoyada en la resolución 2758 del año 1971, que reconoce a Beijing como el único representante de China. La iniciativa despertó comentarios del diplomático chino Wang Guangya, quien afirmó que la aplicación del referendo era “extremadamente ridícula” y un “movimiento descarado hacia la independencia de Taiwán” (Ministerio de Relaciones Exteriores de la República Popular China 2003; The New York Times 2007; Wisniewska 2015).

En el referendo, organizado por el Partido Democrático Progresista (DPP), se le preguntó a la población de Taiwán si el país debía ser miembro de la Organización de Naciones Unidas nuevamente, con el nombre de Taiwán. La contraparte del DPP, el Partido Kuomintang (KMT), preguntó a los votantes si aceptaban volver a ser parte de la ONU bajo estrategias flexibles y prácticas, con el nombre de Taiwán, República de China u otro nombre que condujera al éxito y preservara la dignidad de la nación. El referendo fue invalidado, debido a que no se llegó a la cantidad de votantes requeridos (Winkler 2012; Lemus-Delgado 2017). La posición de Estados Unidos fue ambivalente: afirmó que, a pesar de que no apoya los referendos como instrumentos democráticos, estaba en contra de cualquier iniciativa que cambiara unilateralmente la condición de Taiwán (Castorena, Gandásegui y Morgenfeld 2018).

La administración del presidente Barack Obama sostuvo una relación diplomática constructiva y con pocas fricciones con el gobierno de la RPC, en especial sobre todo lo referente al margen de autonomía de Taiwán (Acosta, Londoño y González 2015; Noricumbo y Armijo 2017). Intentó mantener el statu quo, mejorando los lazos con China y respetando la política oficial de “una sola China”. Sin embargo, en conformidad con la Ley de Relaciones con Taiwán (TRA, por sus siglas en inglés) del año 1979, Estados Unidos se comprometió a apoyar a ROC- Taiwán en los asuntos de defensa (Castro, Acosta y Praj 2019).

En 2009, la administración de Obama reanudó el diálogo militar con la República Popular de China, interrumpido debido a la venta de armas por valor de 6,5 billones de dólares a Taiwán durante la administración de George Bush (Rogin 2009). En 2010, notificó al Congreso sobre la decisión de vender más armas a Taiwán, un hecho que provocó la tensión con la RPC, que canceló la comunicación militar con su contraparte norteamericana (CBS News 2010). Dicha comunicación trata sobre temas como apertura e innovación en áreas tangibles y específicas, procesos de prevención de riesgos, ayuda humanitaria, mejora de la comunicación para eliminar conflictos, entre otros (Erickson 2019).

Con el paso del tiempo, Taiwán quería realizar una nueva compra de armamentos y actualizar su sistema antiaéreo. La reacción de la administración de Obama fue aprobar un acuerdo de venta de armas por valor de 5,85 billones de dólares en el año 2011. Sin embargo, rechazó vender 66 aviones F-16 C/D avanzados a Taiwán, a pesar de que el Congreso y el país isleño ya habían presentado varias solicitudes para realizar la venta. La decisión fue tomada debido a la oposición de Beijing al asunto, que podría llevar a suspender intercambios militares y provocar represalias comerciales hacia Estados Unidos (Vega 2010). Taiwán consideró “política fallida” ese paso de su aliado histórico, lo cual derivó en la intención de Estados Unidos de disminuir su apoyo a la nación isleña en términos de seguridad (Baum 2011).

A la luz de las nuevas elecciones en Taiwán en el año 2012, la administración de Obama indicó que una posible victoria de la candidata de la oposición del DPP (Partido Progresista Democrático) podría aumentar las tensiones con China. Además, existían dudas sobre el mantenimiento de una posición cooperativa y de estabilidad, como se había hecho entre 2008 y 2012 (Fifield, Kwong y Hille 2011).

El presidente Ma Ying-jeou ganó de nuevo las elecciones. Esto se consideró crítico, debido al impacto sobre el futuro de la economía de Taiwán, que había prosperado por los acercamientos con China (CNN 2012). En contraste con el apoyo al candidato “aliado” de China y al mejoramiento de los lazos sino-americanos, corriendo el riesgo de enojar a China, el presidente Obama firmó la ley que apoyaba la campaña de Taiwán para unirse a la Organización de Aviación Civil Internacional (OACI), la cual promovía el transporte aéreo seguro. Sin embargo, indicó en sus declaraciones que apoyaban la membresía de Taiwán en todas las organizaciones en las que la condición de Estado no fuese un requisito. De igual manera, afirmó que esta legislación era coherente con la política de “una sola China”, y que las relaciones con la República Popular iban hacia la profundización de los lazos económicos y las relaciones productivas (Ecker y Holland 2013). Estados Unidos indicó que alentaba a ambas partes del estrecho de Taiwán a seguir construyendo vínculos para reducir las tensiones (Hsiu-Chuan 2014).

No obstante, las relaciones entre Estados Unidos y China se pusieron tensas en 2015, cuando se aprobó otra venta de armas a Taiwán por 1,83 billones de dólares. La RPC amenazó de nuevo con penalizar a las compañías estadounidenses encargadas de producir los armamentos y a las participantes en la venta. Las encuestas en Taiwán favorecían al Partido Democrático Progresista para las elecciones de 2016, y un cambio de curso político en Taipéi (CNBC 2015).

En 2016, el presidente Obama sostuvo que China “reconoce que debe acercarse a Taiwán como a una entidad con una manera distinta de hacer las cosas”. Los taiwaneses consideraban vital mantener su grado de autonomía, así como el statu quo: la estabilidad en el estrecho con el que colindan y una economía exitosa (Rampton y Mason 2016). Como afirman Ming-Yen Tsai (2014) y Chi Wang (2015), la administración de Obama fue consistente frente a las relaciones en el estrecho de Taiwán, con la intención de asegurar la menor probabilidad de conflicto e indicando a China que no apoyaban la independencia de ROC.

Por otra parte, existe un superávit comercial de los Estados Unidos en relación con la isla asiática (gráfico 1). La RPC sigue reclamando que la venta de armas infringe la soberanía china, además de que contradice el U.S.-China Joint Communiqué (1982), que contempló que las ventas de armas se reducirían gradualmente hasta su extinción (Arms Control Asociation 2012).

Gráfico 1 Comercio de Estados Unidos con Taiwán 2007-2020 (valores en millones de dólares) 

China afirmó que el apoyo de Washington a Taipéi (basado en el acuerdo TRA-Taiwan Relations Act) es un obstáculo para la reunificación bajo la fórmula “un país, dos sistemas” y, al mismo tiempo, podría afectar el desarrollo de las relaciones sino-estadounidenses (McClaran 2000). En la tabla 1 se pueden apreciar las exportaciones de armas de los Estados Unidos a Taiwán.

Tabla 1 Exportación de Armas de Estados Unidos a Taiwán 2008-2018 

Ma Ying-jeou y los acercamientos con China (2008-2016)

La relación entre la RPC y la ROC-Taiwán está marcada también por el creciente cambio demográfico. Este afecta la identidad de los taiwaneses y crea una demanda política más autónoma por parte de los nacionales de la isla. Según Su (2019), casi tres generaciones después de la Guerra Civil China (1945-1949), y de la separación de la isla, la población taiwanesa que se identifica con el Estado chino cayó vertiginosamente, mientras que la mayoría se identifica con la nación taiwanesa, como se evidencia en el gráfico 2.

Gráfico 2 Identificación de las personas de Taiwán en 2018 

Durante el mandato del presidente taiwanés Chen Shui-Bian (2000-2008), la RPC se negó a tener cualquier contacto o conversaciones con la isla debido a que este mandatario era el primero en representar al Partido Democrático Progresista, cuya agenda estaba orientada hacia la posición autónoma de Taiwán. Las relaciones entre ambas partes cambiaron cuando el presidente del Partido Nacionalista Kuomintang, Ma Ying-jeou, sucedió a Chen Shui-Bian en 2008. Las conversaciones entre Beijing y Taipéi se restablecieron después de nueve años (Chiang y Gerbier 2013). Según Bush (2008), ante el inicio del mandato, el presidente Ma expresó la esperanza de que hubiese una oportunidad estratégica de transformar las relaciones con China, cuya recompensa sería una reducción significativa del miedo en temas de soberanía y carácter legal del Gobierno de Taiwán.

En el mandato de Ma, hubo un acercamiento entre Taiwán y China continental. Se firmaron más de 20 acuerdos entre 2008 y 2015, lo que prometía una notable aproximación. Los acuerdos designaban convenios de cooperación en sectores como el turismo, el transporte, la asistencia jurídica, el comercio, la inversión extranjera y la seguridad (Chen y Cohen 2019). De igual forma, el presidente Ma promovió varias iniciativas que señalaron un cambio político hacia las relaciones más estrechas con la RPC. Bajo su mandato se establecieron los vuelos chárteres entre Taiwán y China. También se abrió la posibilidad de que los ciudadanos chinos viajaran por turismo al territorio taiwanés, se aliviaron las restricciones a la inversión de las empresas taiwanesas en China e incluso se administró el permiso para que los inversionistas chinos invirtieran en los activos taiwaneses (Wei 2015).

Según Wang (2013), Taiwán se acercó a la firma de un acuerdo de paz con China en 2013, con el fin de garantizar la estabilidad y la seguridad de la nación a largo plazo. El acuerdo contemplaba que el Estado taiwanés no reclamara su independencia y, por su parte, China no usaría la fuerza contra la ROC, uno de los asuntos clave con respecto a las políticas entre ambas. Se negoció el Acuerdo Marco de Cooperación Económica (ECFA, por sus siglas en inglés), con el fin de liberar barreras comerciales gradualmente y de aumentar la cooperación económica con la facilitación de la inversión. A pesar de sus resultados positivos, la reacción del pueblo taiwanés fue una crítica a que la RPC tuviera como objetivo crear la dependencia económica de Taiwán, que llevaría más fácilmente hacia la reunificación (Wuu-long 2009).

La reelección del presidente Ma en 2012 no indicó un gran cambio de ese curso político. Evidenció que, si bien había mejoras en las relaciones con China, existían problemas económicos internos a los cuales no se les estaba dando prioridad. Esto de alguna forma implicó que era necesario mantener una dependencia en el marco económico con la RPC (LePesant 2012) (gráfico 3).

Gráfico 3 Comercio bilateral entre China y Taiwán 2008-2018 (valores en millones de dólares) 

Con la intención de seguir avivando los lazos entre la RPC y la ROC, la Fundación de Intercambio en el Estrecho (The Straits Exchange) y su parte equivalente en la RPC, la Asociación para las Relaciones a través del Estrecho, negociaron en 2013 un acuerdo comercial de servicios a través del estrecho de Taiwán (o CSSTA, por sus siglas en inglés). La negociación concluyó a puerta cerrada y se dió como una extensión al tratado ECFA firmado en 2010. El CSSTA tenía como objetivo la apertura de 64 sectores de la economía taiwanesa para la inversión china. De igual forma, daba apertura a 80 industrias chinas para la inversión taiwanesa (Rowen 2015). La reacción de la población taiwanesa fue crítica y derivó en protestas contra el Gobierno de la isla, reclamando transparencia y responsabilidad política en las negociaciones entre Beijing y Taipéi. El movimiento protesta fue promovido por estudiantes y se caracterizó por la toma del parlamento de Taiwán por 24 días (desde el 18 de marzo hasta el 10 de abril de 2014). Fue denominado Movimiento Girasol (The Sunflower Movement) (Ho 2018).

A pesar de lo anterior, las autoridades taiwanesas promovieron el acuerdo, considerando que la economía de Taiwán se beneficiaría del mercado más amplio de Asia. Se proyectó que las industrias financieras y aquellas relacionadas con el comercio minorista emergerían como los sectores más favorecidos, pues representaban el 25 % del Producto Interno Bruto (PIB) del país. El Instituto de Investigación Económica Ching-Hua indicaba que el acuerdo haría crecer el PIB de Taiwán entre 0,025 % y 0,034 % (Fan 2014).

El Movimiento Girasol manifestó que el Gobierno chino firmó un acuerdo en el que se evidenciaba la violación a la democracia. Sostuvo que el Estado chino buscaba llevar a Taiwán a la dependencia económica, en especial del mercado de la RPC, debido a sus intenciones de controlar la isla usando ese instrumento como mecanismo de absorción (Al Jazeera English 2014). Según Cole (2014), aunque el Movimiento Girasol no logró que el presidente Ma renunciara o se eliminara el acuerdo CSSTA, se hicieron escuchar las voces de la oposición, que rechazaron de nuevo la fórmula de “un país, dos sistemas”. Las propuestas fueron escuchadas a nivel internacional y la comunidad diplomática de los Estados Unidos les hizo un seguimiento silencioso (Smith 2014).

Los líderes de Beijing y Taipéi se reunieron en 2015 en Singapur, por primera vez desde el fin de la Guerra Civil China. Los medios de comunicación tomaron esto como un acto decisivo e histórico, mientras que muchos taiwaneses mostraron preocupación por las aproximaciones y las protestas del Movimiento Girasol. Con carteles, los manifestantes en Taiwán tildaron a Xi Jinping de dictador y a Ma Ying-jeou de traidor. Por esa razón y por la creciente impopularidad del presidente Ma, los diálogos no pasaron a nada concreto. Con la proximidad de las nuevas elecciones, en las cuales se esperaba que ganara el DPP, los diálogos de Singapur se congelaron (Phillips 2016).

Cambio de Gobierno en Taiwán: Tsai Ing-wen (2016-2018)

Con la elección de la candidata del DPP, Tsai Ing-wen (primera mujer en representar a Taipéi), se demostró un cambio de política. En su discurso inaugural indicó que la isla era “un país autosuficiente” y se negó a aceptar la idea de que Taiwán y China continental hacen parte de “una sola China” (Phillips 2016). Después de que la popularidad del presidente Ma Ying-jeou bajara por el afianzamiento de lazos con la RPC, el pueblo decidió proteger el statu quo, indicando que su Gobierno trabajaría para mantener la estabilidad en el estrecho, por el beneficio y el bienestar del pueblo taiwanés. También quería reducir la dependencia económica de Beijing, a pesar de que el 40 % de las exportaciones de Taiwán van hacia China. En ese sentido, la presidenta expresó su desacuerdo con el “Consenso de 1992”, a diferencia del exmandatario Ma Ying-jeou (Ramzy 2016; Esteban 2016).

Tsai Ing-wen siempre ha reiterado que las relaciones entre ambas entidades chinas van a regirse por la voluntad de los taiwaneses y no por los intereses de la RPC. Según Lin (2016), la ROC esperaba una coerción económica por parte de la RPC y el incremento de amenazas militares cercanas a la isla, en forma de ejercicios del Ejército Popular de Liberación (nombre oficial de ejército de la RPC) y de su armada. Estos se realizaron en mayo de 2016.

Otro reto significativo del Gobierno taiwanés fue el estancamiento salarial, debido principalmente al cambio político en Taipéi. La disminución de la cooperación económica con Beijing ha derivado en que el Estado chino bajara sus volúmenes de inversión, en especial en el sector turístico. Taiwán trató de solventar esas pérdidas económicas con el aumento de las relaciones con los aliados en el Sur de Asia, como Vietnam y Bangladés, así como generando nuevas políticas migratorias para la cercanía con otras naciones (Winglee 2017).

Para reafirmar la alianza con Estados Unidos, Taiwán realizó una llamada de felicitación de 10 minutos a Donald Trump por su victoria electoral de 2017. Los medios internacionales llegaron a especular que Tsai pensaba reunirse con altos funcionarios del Gobierno estadounidense y con su primer mandatario. La RPC intentó impedir dicha visita, disputando con Estados Unidos los comentarios “pro-Taiwán” de Trump, y afirmando que dichos pasos violarían la política de “una sola China” (Tisdall 2016).

Durante el viaje de la mandataria taiwanesa a Panamá y Paraguay -los dos últimos aliados de Taiwán en América Latina- en 2016, los oficiales de Estados Unidos permitieron su parada de tránsito de dos horas en el aeropuerto de Miami. Tsai Ing-wen aprovechó ese tiempo y pidió al mandatario estadounidense considerar una visita oficial a Taiwán, para desarrollar una agenda internacional dirigida a estrechar lazos entre Estados Unidos y la ROC. Incluso, la mandataria taiwanesa se encontró con Joe Donovan, el director gerente del AIT (American Institute in Taiwan), el senador Marco Rubio y los congresistas Gregg Harper e Ileana Ros-Lehtinen. Ha tenido también conversaciones telefónicas con el expresidente Bill Clinton, con el propósito de seguir construyendo relaciones entre ambos Estados (McGuire 2016).

En 2018, el expresidente Donald Trump decidió firmar la ley de viajes de Taiwán (The Taiwan Travel Act), que autorizaba a los funcionarios de alto nivel de Estados Unidos a viajar a Taiwán para reunirse con sus homólogos, y viceversa. Esto causó molestias a China, que lo consideró una violación de la política de “una sola China” por parte del Estado norteamericano. Según Conan (2018), la RPC advirtió a Taiwán que no es de su interés escalar las relaciones de esa manera. Sattuck (2018) infiere que la importancia simbólica de la ley de viajes entre Taiwán y Estados Unidos no consiste solo en las visitas diplomáticas, sino en las intenciones del Estado norteamericano de mejorar las relaciones con la ROC a pesar de las amenazas de la RPC. Ello cambiaría sustancialmente las relaciones en el marco de la política exterior y la seguridad en la región Asia- Pacífico.

Conclusiones

La posición de Taiwán frente a la RPC y los Estados Unidos es uno de los asuntos clave de la seguridad en la zona de Asia-Pacífico. Para el Estado norteamericano, la isla representa el papel de un portaviones insumergible, que le permitiría alcanzar la mayor parte del territorio asiático. El estrecho de Taiwán sería la piedra angular de la seguridad de la región. Controlado por Estados Unidos, se convertiría en un instrumento de contención de la RPC, en términos comerciales y militares.

Las relaciones entre Whashington y Taipéi han pasado por varias etapas. Según el tratado vigente (TRA, Taiwan Relations Act), del año 1979, Estados Unidos, a pesar de no reconocer a Taiwán como nación soberana, se compromete a apoyar a la isla en asuntos de defensa. Ello se aplica a través de la venta de armas a la isla. Aún así, las intensas relaciones económicas entre Estados Unidos y la RPC colocan a la nación americana sobre una delicada línea, para poder cumplir sus compromisos y no provocar a esta última. Por ello, la posible reincorporación de Taiwán al territorio chino es un tema clave de la agenda política internacional.

Después de varias crisis en las relaciones entre China y Taiwán, manifestadas en la presencia directa de las tropas, los ejercicios militares de ambas partes y los problemas de comunicación, el presidente taiwanés Ma Ying-jeou trató de normalizarlas profundizando los lazos económicos, y estableciendo foros de diálogo e intercambio turístico y financiero. Sin embargo, la población taiwanesa no siempre aceptó sus iniciativas. El Movimiento Girasol fue una reacción directa a sus políticas de acercamiento con China. Escaló en intensas protestas populares, que llevaron incluso a la toma del parlamento taiwanés.

Una de las mayores expresiones del desacuerdo de la sociedad civil con respecto a las políticas hacia China fue la victoria electoral de Tsai Ing-wen, la candidata del partido de la oposición, DPP, en 2016. Ella apostó al refuerzo de la alianza tradicional con los Estados Unidos. En el marco de la creciente tensión entre ese país y la RPC, Taiwán es uno de los puntos de choque entre ambas potencias, y la piedra angular de la estrategia de contrarrestar y balancear la creciente influencia y las ambiciones de la RPC en la región Asia-Pacífico.

Los contactos entre los oficiales estadounidenses y taiwaneses están creando voces de protesta en Beijing, que los considera una violación del principio de “una sola China”, que Estados Unidos se comprometió a respetar. La aprobación de nuevas ventas de armas estadounidenses a la isla, junto con las intenciones de reconocer la independencia de Taiwán bajo la administración de Donald Trump, generan preocupaciones sobre la reacción de la RPC. La arquitectura cambiante de la seguridad en la región Asia-Pacífico posiciona a China como un poder dominante, con la presencia sustancial de los medios militares, así como la afinidad política y la interdependencia económica con los otros países del área. Sin embargo, el compromiso de la RPC es recuperar a Taiwán por medios pacíficos, reforzando los lazos económicos, pero también aumentando su asertividad y presencia militar en la región. Ello crea un punto de tensión mayor entre Estados Unidos y China.

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Recibido: 07 de Diciembre de 2020; Aprobado: 02 de Abril de 2021

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