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URVIO Revista Latinoamericana de Estudios de Seguridad

versión On-line ISSN 1390-4299versión impresa ISSN 1390-3691

URVIO  no.23 Quito jul./dic. 2018

http://dx.doi.org/10.17141/urvio.23.2018.3551 

Tema central

Miradas desde el sur de México sobre seguridad y frontera

Gazes from southern Mexico on security and border

Olhares do sul do México sobre segurança e fronteira

Diego Noel Ramos Rojas,1  2  3 

1Universidad de Guadalajara, México, diego23ramos@gmail.com

2El Colegio de la Frontera Sur , México, ecoraza@mail.ecosur.mx

3Universidad Autónoma de Chiapas, México, santiago.martínez@unach.mx

Resumen

La llamada “frontera sur de México” representa un fenómeno multivariable y poliédrico, que encarna una complejidad por su carácter de región transfronteriza, a la vez que conforma uno de los corredores de movilidad humana más importantes del mundo. En este artículo presentamos un estudio sobre esta realidad a partir de dos acercamientos complementarios. En primer lugar, comprende un estudio conceptual, teórico y contextual sobre lo que representa ese espacio en diferentes escalas, desde la regional hasta la global. En segundo lugar, un estudio micro sobre las percepciones de las personas que viven la frontera, a partir de testimonios recogidos en las ciudades situadas en las orillas del río Suchiate (límite entre México y Guatemala).

Palabras clave: Guatemala; frontera; México; movilidad humana; seguridad nacional

Abstract

The well-known "southern border of Mexico" represents a multivariable and multifaceted phenomenon that embodies a complexity due to its cross-border region characteristic. It is worldwide identified as one of the most important human corridors. In this article we present a study about this situation from two complementary approaches. In one hand, we performed a conceptual, theoretical and contextual study about what this space represents, in different scales, from regional to global perspective. On the other hand, we present a micro study that approaches the perceptions of people who live at the border region, with testimonies collected in the cities located along the Suchiate riverside (border between Mexico and Guatemala).

Key words: border; Guatemala; human mobility; Mexico; national security

Resumo

A chamada "fronteira sul do México" representa um fenômeno multivariado e multifacetado que incorpora uma complexidade devido à sua natureza transfronteiriça e, ao mesmo tempo, constitui um dos corredores mais importantes da mobilidade humana em todo o mundo. Neste artigo apresentamos um estudo sobre essa realidade a partir de duas abordagens complementares. Por um lado, um estudo conceitual, teórico e contextual do que este espaço representa em diferentes escalas, do regional ao global. Por outro lado, um microestudo que aborda as percepções das pessoas que vivem da fronteira a partir de testemunhos coletados nas cidades que estão às margens do rio Suchiate (fronteira entre o México e a Guatemala).

Palavras-chave: Guatemala; fronteira; México; mobilidade humana; segurança nacional

Introducción

Las fronteras pueden ser observadas como una realidad política, social y cultural, pero también a partir de las iconografías elaboradas para representar y fijar en el inconsciente colectivo las delimitaciones entre el “nosotros” y el “otros” (los diferentes, los extranjeros). Estas iconografías, definidas como discursos ideológico-territoriales (Arriaga 2013) se evidencian en los mapas, en los puestos de frontera, en la cartelería vial y urbana y en los símbolos que identifican a los países, como las banderas. También son una realidad histórica y, por tanto, dinámica, en múltiples procesos de resignificación permanente, repleta de cotidianeidades. Estas últimas son, en muchos casos, resultado de interrelaciones de larga duración, que discuten y cuestionan la idea del límite como separación.

La construcción y consolidación de los límites en México, en parte, es similar a lo ocurrido en otros países de América Latina: momentos históricos fundantes de las delimitaciones como realidad y como memoria han dejado huella hasta el presente. Si nos remitimos al espacio concreto donde fijamos nuestra mirada (el Soconusco y su espacio limítrofe con Guatemala, que cubre desde el Volcán Tacaná hasta el río Suchiate y su desembocadura al mar) podemos encontrar algunos elementos que evidencian la generalidad de la construcción de las fronteras de México, e incluso de América Latina.

La idea de región fronteriza manifiesta las diversas formas de compartimentar los territorios político-administrativos, o las diferentes miradas sobre un mismo espacio, de acuerdo con los elementos que colocamos dentro de las categorías. Como afirma Fábregas (1998, 5), “es recipiente de procesos cuya cotidianeidad se expresa en la conciencia de la gente al identificarse como perteneciente a un ámbito regional determinado”. El autor reconoce que todo espacio físico cultural es heterogéneo, múltiple y diverso; por tanto, las fronteras definen a un territorio pluri regional. Percibidas como espacios geopolíticos, siempre han sido lugares de tensiones y de disputas. Los límites mexicanos, tanto los colindantes con Estados Unidos como con Guatemala, no han sido la excepción.

Desde los sexenios presidenciales de López Portillo y De La Madrid, la presencia de las Fuerzas Armadas en operativos asociados con la seguridad pública se hizo notar. Por ejemplo, en los programas antinarcóticos y como consecuencia de las repercusiones que estaban teniendo en México los conflictos armados de Centroamérica, sobre todo el guatemalteco, en la década de los años 80 del siglo XX (Sandoval 2000). En esa ocasión, se estableció una presencia militar de mayor entidad y fuerza en la frontera sur. Se les dio a los mandos militares una voz más influyente en cuestiones de política exterior (Sandoval 2000).

La llegada a México de indígenas mayas como desplazados forzados guatemaltecos, y de exiliados de Guatemala, El Salvador y Nicaragua, consecuencia de conflictos armados y guerras civiles que asolaban el istmo latinoamericano, fue considerada una amenaza para la seguridad nacional tanto de México como de Estados Unidos (Castillo y Toussaint 2015). A esta de por sí compleja situación se añadió, el 1 de enero de 1994, el despertar y la presencia del Movimiento Zapatista, a través del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional, que terminó por consolidar y mantener la presencia militar en la región, que anteriormente podía verse como puntual, coyuntural o circunstancial (Castillo y Toussaint 2015, 71).

En fechas más recientes, ya en el siglo XXI, a las evidencias del aumento de la militarización en las fronteras mexicanas (sobre todo la sur) debe sumarse la asociación a un fenómeno que, si bien no es nuevo, sí lo es en su dimensión relacional con el aumento de presencia militar: la migración. Como afirman Castillo y Toussaint, “la dinámica migratoria fronteriza entre Guatemala y Chiapas es resultado de una relación socio-histórica de larga data y sus orígenes están ligados a la conformación de la frontera México-Guatemala, al proceso de colonización de la región fronteriza y a la expansión de la economía cafetalera” (2015, 62). En este sentido, existen dos puntos de inflexión o nodales en esta escalada creciente de militarización. El primero tiene que ver con un fenómeno global: los ataques terroristas a Estados Unidos el 11 de septiembre de 2001. Estos dieron lugar a una fuerte asociación entre seguridad nacional y migración, con la consabida criminalización de las personas migrantes y su asociación con la figura de la “amenaza” y “el enemigo” (Vite 2006; Fortuny e Hirai 2014). El segundo momento, a escala nacional, se desarrolló a partir del año 2014, con la implementación del Programa Integral de la Frontera Sur (Correa 2014).

Un asunto importante por colocar como mirada crítica es cuestionar(nos) si estas medidas apelan a la seguridad nacional,1 fronteriza o humana, a partir de una pregunta que forma parte del argumento de este artículo: ¿qué implica, para la población que habita en las localidades que están a un lado y otro del límite entre México y Guatemala, pensar o expresarse sobre esta relación que establecemos entre movilidad y seguridad?

La frontera como concepto

De antemano podríamos decir que la frontera es un espacio ambiguo, ya que se expresa bajo binomios de inclusión y exclusión. Por un lado es cerrado y con limitaciones, pero por el otro es abierto al diálogo (Christian 2011, 21). Desde una lógica semiótica, a la frontera la han descrito como una realidad humana cotidiana que distingue entre fronteras físicas y simbólicas, ceñidas en límites espacio-temporales. Esta realidad puede ser traducida por sus propios signos de frontera (Christian 2011) o por lo menos, ofrecer una fuerte dimensión simbólica (Basail 2005, 11).

En América Latina, en el primer cuarto del pasado siglo ya se había definido lo que Arriaga (2013, 198) denomina “fronteras históricas”. Estas están dotadas de una serie de características relacionadas con su definición jurídica, con la asimilación de los conceptos de límite y frontera y con su clasificación y jerarquización por parte de los Gobiernos, de acuerdo con elementos geopolítico-militares, económicos y poblacionales, su contenido institucional, su asociación con el concepto de “seguridad”, los aspectos tecnológico-industriales y el desconocimiento de las realidades étnico-culturales.

Es en las fronteras donde el drama de las movilidades humanas cristaliza el contenido de las geografías desiguales. Los cambios en la territorialización muestran claramente que no hay nada “natural” en los límites políticos, aunque a menudo las características naturales hayan desempeñado cierto papel en su definición (Harvey 2000, 96). En las fronteras prevalece una fuerte división política entre la concepción de las localidades o los Estados nación y la de las regiones y colectividades. Por esta tensión y complejidad del territorio, Harvey (2000) señala que las escalas especiales/geográficas no se mantienen fijas; se redefinen, impugnan y reestructuran en cuanto a extensión y contenido. Las escalas han cambiado con el paso del tiempo y la globalización constituye un aspecto fundamental de esos cambios. No debemos olvidar que también se perpetúan por los procesos político-económicos que las sostienen, para mantener las regiones ricas en capital, aumentando su riqueza, y las regiones pobres en capital, en la precariedad y la vulnerabilidad social.

En este artículo nos remitimos a un punto específico de la frontera entre México y Guatemala, uno que entrelaza a las localidades de Ciudad Hidalgo, capital del municipio de Suchiate, en el Estado de Chiapas (México) y Tecún Umán, cabecera del municipio de Ayutla, en el departamento de San Marcos (Guatemala). Dicha región ha sido pensada a partir de múltiples experiencias y conceptos como la desigualdad, la (in) seguridad, el conflicto y la solidaridad.

Las múltiples dimensiones de la frontera sur

Appadurai (1996) señala que hay regiones fronterizas que ejemplifican una modernidad desbordada de flujos humanos intensos, desigualdades, relaciones de poder asimétricas, espacios desterritorializados y fluidez en los procesos de la globalización (en tanto flujo humano, simbólico y material). Las ambigüedades de las fronteras desbordadas y multidimensionales (Grimson 2003), de las que también habla Basail (2005, 13), producen eventos glocales como experiencias fronterizas que potencian los flujos globales culturales (Appadurai 1996, 33).

Espacios como la frontera entre México y Guatemala permiten dilucidar las contradicciones que permean lo nacional con lo regional, lo global con lo local, pero sobre todo, lo central con lo periférico. En ese sentido, Harvey (2000) considera medular apreciar la volatilidad y el dinamismo de las formas geográficas binacionales contemporáneas, pues se encuentran en movimiento en todas las escalas (local, regional, estatal, nacional, internacional, global). Por eso, “las diferencias geográficas son mucho más que legados históricos y geográficos” (Harvey 2000, 99).

Es necesario ir más allá de las nociones de las fronteras. Se puede articular la metáfora con el territorio objetivado y los contextos de poderío donde, por un lado, se marca lo propio y lo ajeno bajo la expresión de la soberanía como dimensión dogmática (Hernández y Campos 2015, 8), y por otro, se configura una dimensión simbólica, repleta de fluctuaciones (Grimson 2003). Ramos (2016, 24) afirma que no conviene apropiarse de un sentido único de frontera, ya que también alude a actos de visibilización de inequidades, resistencias y negociaciones ocultas o explícitas frente al poder. Entonces, se requieren nuevas metáforas para entender el sentido de las fronteras en la actualidad (Walters 2006, 151).

Analizar contextos fronterizos, tal como afirman Hernández y Campos (2015) y Benedetti (2013), posibilita tanto observar procesos socioculturales e identitarios como usar recursos simbólicos y materiales que las propias fronteras generan y reproducen, desde las prácticas sociales de los sujetos en ambos lados de la línea.

Con Grimson (2003), podemos comprender que, cuando la gente se desplaza, reescribe los significados, separa la relación entre cultura, identificación y territorio. Por consiguiente, los símbolos, los textos y los objetos se dinamizan aun cuando ya no exista movilidad alguna o se desconecte de un espacio social. Por eso, las nociones de frontera ya no se ciñen a características estáticas y monolíticas, sino que apuntan a procesos complejos y espacios dinámicos de múltiples interacciones; son móviles y cambiantes (Zapata 2012; Lozano 2007). No solo se trata de transitar y habitar las fronteras, sino de ponerlas en tela de juicio (Morales 2003).

Fábregas (2015, 70) ha sido muy enfático en cuestionar las fronteras mexicanas (norte, sur y sureste). Ha sido la norte, que colinda con Estados Unidos, la que ha recibido mayor atención nacional; las otras dos permanecen relegadas a un imaginario regional. Es en los límites de México con Estados Unidos donde se perciben los contrastes entre desarrollo/subdesarrollo o la diferencia cultural entre América Latina y América del Norte. En cambio, las fronteras entre México, Centroamérica y el Caribe resultan ser espacios de convergencias multinacionales, con ciertas similitudes en la formación de sus Estados nacionales, geopolíticamente delimitados.

Por otra parte, la frontera se ve trascendida en sus límites territoriales por lo transfronterizo, una dinámica cotidiana de encuentros y desencuentros, de negociaciones y tensiones, de idas y vueltas (Odgers 2006; Grimson 2001). Rivera (2015, 279) describe la expresión pendular (de ida y vuelta) de las movilidades de población en la frontera sur como una “migración transfronteriza de personas cuya finalidad es trabajar o buscar empleos en algunos estados de la frontera sur, en la que se destacan los flujos procedentes de Guatemala”. Señala que la demanda está fundamentalmente en la economía finquera y de plantación, pero también la economía regional ha permitido flujos de trabajadores no agrícolas, que se insertan en actividades productivas secundarias y terciarias.

El debate de lo transfronterizo y lo fronterizo implica inferir que convierte a una región en espacio marcado por una de estas dos categorías. Tapia (2017, 75) establece que conocer esta transformación requiere la perspectiva de aquellos que habitan la frontera y un marco teórico adscrito a los estudios sobre el tema (border studies).2 Algunos sitúan la esencia de lo transfronterizo en los vínculos institucionales, otros, en los contactos informales, los movimientos y el uso del espacio. Por lo tanto, lo que convierte a una región en espacio transfronterizo es la interacción constante derivada de las movilidades que la población expresa en sus cruces. No obstante, otro factor de cambio a lo transfronterizo es el repertorio de usos de la frontera como recurso.

La franja fronteriza entre México y Guatemala tiene una extensión de 956 kilómetros. Encontramos su región más dinámica, en un sentido económico y de movilidad, en el Soconusco, la parte más septentrional del Estado de Chiapas y la región occidental de Guatemala (Castillo y Toussaint 2015). Esta ofrece una pluralidad de actores y prácticas de movimientos poblacionales convertidas en un estilo de vida en el que subyace el comercio transfronterizo informal, que trasciende la frontera divisoria (frontera límite) y, por el contrario, confirma lo que Ruiz y Martínez (2015) conciben como “frontera permisiva”. El término alude a la reconfiguración permeante y dinámica del espacio cotidiano transfronterizo.

Uno de los puntos clave en dicha geografía lo constituyen las localidades de Ciudad Hidalgo, del lado mexicano, y Tecún Umán, en la orilla guatemalteca. Están divididas por el Río Suchiate. Allí se suscitan cruces cotidianos de actores y mercancías (formales e informales) que han promovido un tipo de economía local. Las dinámicas de movilidad y control han permitido observar la multiplicidad de voces que la habitan y cruzan, al mismo tiempo que la norman y transgreden (Rojas, Villanueva y Fernández 2018). Así, esta región, aunque vigilada y controlada, ha puesto de manifiesto la experticia (conocimiento del espacio y los actores) de las personas que la transitan y la representan (Ramos 2016).

Más allá de la movilidad poblacional y la seguridad nacional

Al respecto de la frontera sur mexicana, Marengo (2015, 20) afirma que “el proceso de securitización de la migración comenzó en la época de los años 80 del siglo pasado con los refugiados guatemaltecos que buscaban asilo en México”. Sin embargo, el fenómeno de las migraciones cambió tras el atentado del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York (conocido como 9/11). Monetti (2016) dice que, como repercusión de tal hecho, el Gobierno norteamericano impuso restricciones a la migración hacia Estados Unidos. El planteamiento que se presenta en este texto es coherente con la asociación entre el 9/11 y las medidas de control en las fronteras (incluyendo la frontera sur de México). De ese modo, “la resignificación y la reconfiguración de las fronteras pasaron a adquirir un lugar preponderante en la preservación de la seguridad nacional y la lucha antiterrorista” (Alba y Leite 2004, 4).

El concepto de seguridad nacional está estrechamente ligado al de securitización, entendido como “el proceso de construcción social que lleva la política a la esfera de la seguridad” (Soriano-Miras 2017, 56). Según Campesi (2012, 5), el concepto de securitización tuvo sus inicios en la Copenhagen School of Critical Security Studies. Fue usado para estudiar los fenómenos políticos mediados por enfoques de seguridad. La securitización implica un cambio controlado, donde una situación pasa a ser un problema de seguridad (principalmente nacional o de competencia del Estado nación), de forma independiente de su verdadera naturaleza o relevancia. Dicha acepción permite problematizar el complejo entramado de la frontera con la seguridad y el dinamismo que representan las migraciones. Para la primera, son nuevas formas de pensarse e imaginarse. Para la segunda, un desafío para discutir la securitización, ya sea bajo la perspectiva clásica de la seguridad nacional, viendo las migraciones como amenaza, o por el contrario, enfocando la política migratoria contemporánea como “un instrumento de gestión tecnocrática de los temores y de las inseguridades” (Campesi (2012, 10).

Hasta el momento, existen dos puntos a considerar para este trabajo. El primero es que han sido pocos los estudios que han cuestionado el papel del Estado en los procesos de movilidad poblacional o en la regulación de la migración internacional. Discutirlo problematizaría aún más la relación entre la frontera sur y la seguridad, en un sentido más amplio. El segundo punto es que el escenario migratorio en la frontera sur entre México y Guatemala, a lo largo del siglo XX, respondió sobre todo a motivaciones laborales (Castillo 2017, 58). Lo anterior no le resta a la entidad chiapaneca su complejidad, al ser también territorio de inmigración, emigración, tránsito migratorio y retorno (Anguiano 2008), y un estado con tres ciclos de movilidad poblacional: interno, regional e internacional (García y Villafuerte 2014). Es también un receptor de movilidades forzadas (Coraza y Arriola 2017).

Por su parte, Marengo (2015, 24) elabora una fuerte crítica para determinar que la frontera sur de México tiene elementos peyorativos en un discurso sobre el tema migratorio (por medio de recursos lingüísticos sobre la región). Este ha sido influenciado por el Gobierno norteamericano, como actor hegemónico en dicha frontera que excede su soberanía. “Estados Unidos desdobla su frontera sur para crear una frontera externa que llega a la frontera sur de México y, al mismo tiempo, mantiene sólida su frontera interna (frontera norte)”. El Gobierno de Estados Unidos, desde el cambio de visión en materia de seguridad nacional, a partir del 11 se septiembre de 2001, decidió incidir en las fronteras mexicanas a través de proponer normativas y construir acuerdos de cooperación con México o con los países de Centroamérica ( Marengo 2015, 23).

Rioja (2015, 44) sostiene que la representación de la seguridad en la frontera sur de México ha sido construida por el sistema político manteniendo un carácter estatista, el cual, desde luego, no ha tomado en cuenta los intereses ni los imaginarios de otros actores sociales. Esto permite argumentar la necesidad de observar las representaciones y subjetividades que emanen de los actores que habitan y cruzan la frontera sur de forma cotidiana. En este sentido, la seguridad subjetiva es la reacción social hacia los actos de violencia o delictivos, los cuales mantienen cierta relación con las cifras de la seguridad objetiva; sin embargo, están tamizados por cuestiones sociales, culturales, políticas, económicas y hasta ideológicas y religiosas (Otamendi 2016, 3).

Reflexiones acerca de la metodología y la postura epistemológica

El recorrido metodológico elegido transcurre entre lo deductivo y lo inductivo, en una relación dialógica permanente entre los enfoques teóricos, los conceptos y los marcos explicativos, para ver cómo se vive a pie de calle y se materializan las categorías elegidas para el análisis. En la medida que la mirada es resultado de lo vivencial, elegimos las etnografías y la observación participante. Tenemos en cuenta tanto los referentes culturales y sociales primarios de quienes nacieron en el territorio como el ojo de quien llega desde otras experiencias y vivencias, a enfrentar una nueva realidad, donde todo causa curiosidad y existe una necesidad de explicación, para insertarlo en los códigos de comprensión que se llevan en la mochila.

Construimos el marco teórico del presente artículo a partir de fuentes secundarias que permiten clarificar y ordenar las categorías y los conceptos, así como el esquema de análisis que orientó todo el trabajo. A ello sumamos la información acumulada en el proceso de observación participante, que constituye el capital real y simbólico de la descripción del contexto. La tercera contribución proviene de información directa de campo, obtenida a través de un breve cuestionario aplicado a personas en Ciudad Hidalgo, en la margen mexicana del río Suchiate, y en Tecún Umán, en la margen guatemalteca. Como estrategia para incluir las percepciones de la población que habita o transita el espacio fronterizo, diseñamos un instrumento cualitativo tipo cuestionario, con algunos aspectos cuantitativos. Las entrevistas las llevamos a cabo en la calle, en puntos estratégicos como los parques centrales de cada comunidad, durante los meses de junio y julio de 2018.

La muestra, aunque no es representativa desde el punto de vista cuantitativo-estadístico, sí resulta importante desde el punto de vista sociológico, como forma de tener un acercamiento a la población que habita en ambas localidades, que nos diera una primera fotografía de los sentimientos, conocimientos, actitudes y percepciones de los habitantes sobre categorías como frontera, seguridad y migración.

La aplicación del cuestionario trató de cubrir una serie de cuotas importantes, por el contacto que estas personas pudieran tener con las tres categorías incluidas en él. Realizamos 30 entrevistas en Ciudad Hidalgo y otras 30 en Tecún Umán, desagregadas en cinco llanteros,3 cinco comerciantes formales,4 cinco comerciantes ambulantes/ del mercado,5 cinco personas de la población local, cinco tricicleros6 y cinco personas que pertenecen a instituciones (maestro, servidor público,7 cura, médico, enfermera).

Un dato importante, derivado de las circunstancias que se están viviendo en esta región transfronteriza en los últimos tiempos, es que encontramos con mayor frecuencia resistencias para recabar información o contestar a preguntas. Esto lo asociamos, por un lado, con la creciente relevancia de la frontera sur, que hace que aumenten la cantidad de investigadores, periodistas, estudiantes, instituciones académicas y hasta realizadores audiovisuales que se acercan a ese espacio buscando material para sus trabajos. Todos y todas acuden a las mismas personas para su labor. Por ello, estamos frente a una saturación de la demanda de información en ciertos puntos de esta frontera. Por otro lado, tenemos el aumento de la militarización de la frontera, de los controles, de la imagen de criminalización y amenaza que representan las movilidades y la proyección que los testimonios, tanto orales como gráficos y audiovisuales, les dan a las personas y al entorno. Esto no se considera positivo en el ámbito local. Derivado de ello, en una buena parte de los testimonios recogidos, las personas se negaron a ser grabadas y tuvimos que registrar la información en forma de notas de campo posteriores a la entrevista, sin un medio electrónico de soporte.

Otro aspecto que nos interesa señalar tiene que ver con la dirección de la mirada. Nos adscribimos a la idea de vivir, trabajar y mirar el espacio como parte de una región transfronteriza, postura que nos compromete a observar el territorio por encima de los límites y a considerar ambos lados del río. Sin embargo, teniendo en cuenta las categorías utilizadas y su connotación en el análisis, también debemos reconocer cierta inclinación hacia el espacio político administrativo mexicano, frente al guatemalteco. ¿Por qué? Si bien no podemos señalar criterios de importancia o preeminencia de un lado frente a otro, sí es cierto que, al centrarnos en la movilidad, la frontera y la securitización, estos fenómenos están cargados en el sentido sur a norte, con mayor presencia y consecuencias sobre las personas que, una vez que llegan al río Suchiate en Guatemala, comienzan su proceso de cruzarlo y adentrarse en territorio mexicano. Además, debemos explicar (sobre todo para lectores y lectoras que no conocen el entorno) las transformaciones en un territorio y una sociedad originalmente guatemalteca, la del Soconusco. Como consecuencia de procesos políticos, terminó siendo parte de México, pero aún conserva en su memoria, referentes y relaciones sociales, culturales, familiares, étnicos y económicos una fuerte identificación con el país centroamericano.

Principales hallazgos

El cuestionario, además de los temas ya referidos, recogió algunas informaciones que permiten acercamientos cuantitativos. En concordancia con nuestro objetivo, en este artículo solo desarrollaremos uno, que nos parece significativo: el referido a la nacionalidad de origen de las personas entrevistadas, así como su lugar de residencia habitual. En Tecún Umán, el 100% de las personas consultadas respondió que es del departamento de San Marcos (Guatemala) y vive en esa localidad. En cuanto a Ciudad Hidalgo, el 66% mencionó ser mexicano; el 27%, guatemalteco y el 7%, de nacionalidad hondureña. Todos viven en esa ciudad.

Estos datos refuerzan algunos de los aspectos ya señalados sobre el foco en el lado mexicano del río, donde se encuentra una mayor diversidad en cuanto al origen de quienes allí residen. Al mismo tiempo, muestran a Tecún Umán como un centro de atracción de desplazamiento desde dentro de otros departamentos (en este caso, San Marcos) hacia el límite. Estimamos que ello obedece a la mayor oportunidad de espacios laborales fuera de la actividad agrícola, predominante en Guatemala. Como elemento adicional, mencionamos que un estudio de las localidades fronterizas de Chiapas podría dar evidencias empíricas de su carácter intercultural que, como vemos por las cifras aquí, no es solo producto de la migración internacional, sino también de procesos internos.

Para las tres categorías centrales de la investigación y de este texto -migración, seguridad y frontera- se estableció una serie de subcategorías que responden a indicadores aportados por los distintos informantes. Por ejemplo, su percepción de la frontera, asociada con un espacio de seguridad, los principales problemas que haya observado en la frontera, la presencia de fuerzas armadas o policiales en la región y si considera segura la frontera o no.

La categoría migración se asocia directamente con el paso del río. Más allá del concepto, a través de las respuestas desaparece la idea de que una persona transita de un país a otro o que busca mejores oportunidades. Migrar se asocia más con su experiencia de vida cotidiana, de paso del río. “[Es] cuando paso [se refiere a cruzar el puente internacional]. Hay 'chingo' de “migración”,8 que te paran para ver tus documentos tu identificación” (mexicana de 20 años, entrevista realizada en 2018. E10CDHGO). “A mí migración me dice: pase a vender, por la edad que usted tiene, estamos seguros de que es persona honrada” (guatemalteco de 59 años, entrevista realizada en 2018. E30CDHGO).

Consideramos que vivir en un lugar con un alto intercambio de personas y mercancías, ligado a procesos de movilidad diversos, hace que el peso de la experiencia diaria y este ir y venir termine subsumiendo la migración como proceso. También, en la medida que estas localidades son parte de un lugar de tránsito para las migraciones, las personas que están en ese proceso no permanecen mucho tiempo en ellas. Por tanto, no son incorporadas en el inconsciente colectivo de la cotidianeidad; sí en el más abstracto de lugar límite/frontera.

La percepción sobre el espacio donde habitan, en Ciudad Hidalgo (lado mexicano), cómo lo catalogan, está asociada en la mayoría de los casos con expresiones negativas. Este es su espacio próximo de referencia y sociabilidad, además de actividad laboral. Según los testimonios, es feo, sucio, con calles sin semáforos… No lo visualizan como un espacio agradable ni “bonito”, en términos arquitectónicos o patrimoniales. Está, sobre todo, muy asociado con la inseguridad: “Pues nada, no me gusta, están feas las calles, la seguridad es nula” (guatemalteco de 59 años, entrevista realizada en 2018. E2CDHGO). “Es una frontera muy bonita; el problema es la violencia en la que estamos, la falta de comercios, mucha gente asesinada injustamente, golpeada por robo. Cuando oímos esas cosas, estamos con un temor bastante fuerte” (mexicano de 48 años, entrevista realizada en 2018. E11CDHGO). En contraposición, difieren de esta imagen los servidores públicos de ambas localidades, quienes dicen que se trata de espacios seguros y agradables.

En Tecún Umán, las expresiones son diferentes: el espacio se asocia con casa y trabajo. A diferencia de México, dijeron que es un espacio seguro. “Mi trabajo, un espacio seguro, lo que me gusta hacer” (guatemalteco de 31 años, entrevista realizada en 2018. E30TU). “[Es] un pueblo muy seguro, un pueblo muy avanzado” (guatemalteco de 36 años, entrevista realizada en 2018. E13TU). “Mi casa, donde camino” (guatemalteca de 45 años, entrevista realizada en 2018. E22TU).

La mayoría concibe a la frontera como una división, un límite. Tienen claro que es el punto que separa a un país de otro. Algunos entrevistados del lado guatemalteco mencionaron que lo primero que ven es la frontera, haciendo referencia a la estructura del puente que divide Guatemala con México. Sin duda, coincide con los aspectos teóricos de concebirla como un espacio dominado por los símbolos y las materialidades del Estado nación y lo político administrativo, donde destacan imágenes como las del puente (lo que en el norte representaría el muro). “Siento que es una línea divisoria entre dos países, en eso se nota la división entre ambas” (mexicana de 34 años, entrevista realizada en 2018. E18CDHGO). Además del espacio geopolítico, aludieron a percepciones de la frontera relacionadas con la falta de “orden” para las actividades consideradas fuera de la ley. “Hay demasiado libertinaje, contrabando que se pasa de aquí para allá como de allá para acá, hay descontrol (...) Ahorita está peor, cuando empecé a venir aquí, estaba más tranquilo, (ahorita no está) había más fuente de trabajo, había más tranquilidad, había más control de migración” (guatemalteco de 59 años, entrevista realizada en 2018, E2CDHGO).

Es importante destacar que la imagen de la frontera no solo se construye colectivamente con recursos espaciales, sino también temporales, refiriendo a cambios que han notado al comparar el pasado con el presente. Estos son, en su mayoría, relativos a la seguridad, ya sea por considerar que aumentó o disminuyó, lo cual lo correlacionan con la presencia de fuerzas policiacas tanto en Ciudad Hidalgo como en Tecún Umán. “Muchos cambios, como la seguridad el aumento de los policías” (guatemalteco de 35 años, entrevista realizada en 2018. E16TU). “Llevo tres años trabajando aquí. Hay más seguridad por parte de los federales, pasan cuatro veces al día” (guatemalteco de 14 años, llantero, entrevista realizada en 2018. E13CDHGO).

Otro aspecto a destacar es el papel que juega la seguridad subjetiva. Para algunos, el supuesto detrimento de la región y su inseguridad han sido causados por el fenómeno migratorio contemporáneo. Contrario al testimonio anterior, aparecen otros planteamientos, partiendo de que hablamos de una frontera simbólica, percibida de múltiples formas y representada por actores que la habitan de formas muy distintas. “A mi punto de vista, (sic) es un límite que no debemos de sobrepasar, pero yo siento que las fronteras no deberían de existir porque todos deberíamos vivir en armonía” (mexicana de 23 años, entrevista realizada en 2018. E20CDHGO). En la siguiente expresión podemos notar cierta ambigüedad entre la percepción de que la localidad está dejando de ser mexicana por la llegada de los extranjeros y que, gracias a ese flujo, se está convirtiendo en cosmopolita. “La sobrepoblación… en lugar de ser solamente mexicanos, hay mucha gente extranjera. Se puede decir que Ciudad Hidalgo ya está agarrando un orden cosmopolita” (mexicano de 33 años, entrevista realizada en 2018. E27CDHGO). Existe una disonancia cognitiva: si bien causa ansiedad la llegada de los no locales, se busca aminorarla supliéndola por esta afirmación: “Ya está agarrando un orden cosmopolita”. Estas ambigüedades o disonancias cognitivas están presentes en el ser humano, y se ejemplifican en temas complejos como el migratorio y el de seguridad.

Remitiéndonos a la presencia de las fuerzas de seguridad del Estado, vinculada de forma recurrente en la literatura al proceso de securitización, es sintomático que haya una coincidencia en ambas localidades respecto a lo positivo de la existencia de elementos de las fuerzas armadas. Su presencia se asocia con expresiones de seguridad. Frente a otras corporaciones como la Policía municipal, destacan que aquellos, a diferencia de estos, no son corruptos. “Mayor seguridad con los militares, no son corruptos, cumplen su mandato, en cambio la Policía es más fácil de extorsionar” (guatemalteca de 42 años, entrevista realizada en 2018. E3TU). “Los soldados representan la seguridad. Ellos velan de día y de noche” (guatemalteco de 27 años, entrevista realizada en 2018. E11TU). “Esos tipos [los soldados] no se venden, ellos sirven mucho, porque si están haciendo algo indebido, los reportan” (mexicano de 36 años, llantero, entrevista realizada en 2018. E15CDHGO).

Llama la atención, por ejemplo, que el Plan Municipal de Prevención Social de la Violencia y de la Delincuencia de 2011 del Ayuntamiento de Tapachula, en el apartado de seguridad, refiera que la percepción de la inseguridad es alta y está bien marcada en los discursos de los distintos actores que operan en esta área, y en la forma en que los medios abordan el problema. “Los discursos con relación a (sic) inseguridad en la región están casi siempre ligados al tema de la migración. La población se siente muy vulnerable y creen que las autoridades no les brindan seguridad, exigiendo medidas cada vez más represivas” (Consejo Municipal de Seguridad Pública 2011, 9). El Plan Municipal de Desarrollo 2015-2018 de Tapachula menciona que son los migrantes quienes son objeto de discriminación, abusos y múltiples violencias, por parte de pandillas, polleros9 e incluso de funcionarios. Sigue ligado el tema de la seguridad al aumento de efectivos, de patrullas, de indumentaria, entre otros. Aquí el discurso escrito cambió y deja de poner al migrante como el que vulnera la paz de los locales.10

En referencia a la seguridad y los cambios en la frontera, se percibe que, con la presencia de los militares, el índice de criminalidad disminuyó. Las personas entrevistadas refieren sentirse más seguras con su presencia en ambos lados de la frontera. Esto coincide con la percepción nacional, al menos en México.11 Para la Consultora Mitofsky, que realiza mediciones anuales de confianza en las instituciones, en 2017 las fuerzas policiales estaban dentro de las peor valoradas, con un índice de 4,9 % de aceptación (muy poco por encima de los partidos políticos, senadores y diputados y presidencia de la República). Mientras que el Ejército está entre las tres mejor valoradas, con un 7 %; 12 superado solamente por la Iglesia (7,1 %) y las universidades (7,4 %) (Ramos 2018). Según un estudio de la Consultora Parametría en 2016, los altos índices que tenía el Ejército en México se debían a su capital histórico, pero más que todo, a sus labores de seguridad y apoyo en desastres naturales y alfabetización (Animal Político 2017). Esta mirada que habla de la dimensión subjetiva de las acciones de las fuerzas de seguridad del Estado contrasta con otros textos sobre la seguridad objetiva. Un informe de 2017 de la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA) denuncia los altos índices de violaciones a los derechos humanos que se han ido perpetuando en los últimos diez años, desde que las fuerzas armadas han asumido labores de seguridad interior en México (Suárez 2017).

Destacamos la integración de los dos elementos: el macro, determinado por las políticas nacionales e internacionales, por las visiones geopolíticas, por las tendencias respecto a los flujos de movimientos de población, seguridad fronteriza y seguridad nacional y lo que observamos en el nivel micro, “el pulso de la calle”. Estas dos escalas, que sí están presentes en un mismo espacio, no necesariamente tienen el mismo nivel de percepción por la población o las localidades donde confluyen. Es cierto y constatable el proceso de militarización y securitización de las fronteras, que está impactando de forma negativa sobre las personas en situación de movilidad e incluso sobre la realidad de la región como territorio transfronterizo. Sin embargo, las poblaciones de estos márgenes nacionales no necesariamente lo perciben como un fenómeno negativo. Llega a ser todo lo contrario: bien valorado y esperado. Sin embargo, las personas de las poblaciones fronterizas, además de vivir la realidad del límite como confín y como tránsito, consumen los discursos de los medios de comunicación y de instituciones que reflejan diferentes intereses, los cuales profundizan en temas como las asociaciones entre migración e inseguridad.

Otro aspecto a considerar tiene que ver con la ya mencionada confluencia de dimensiones en estos espacios de interacción fronteriza. Por un lado están las representaciones y los discursos y por otro, las prácticas que entrelazan elementos materiales/simbólicos, la presencia de lo institucional y la cotidianeidad de quienes habitan y transitan por estos espacios. Todo ello convive en un mismo territorio, pero se responde, vive y gestiona de formas diferentes esa realidad, evidenciando una interacción entre la subjetivación del espacio vivido y los dispositivos fronterizos. De esta forma, las diferentes modalidades de movilidad son pensadas a partir de intereses y necesidades distintas, en dependencia de la condición de migrante o residente en la frontera, que se adecúa a los cambios en su entorno con estrategias diversas. Los dispositivos (que incluyen tanto la materialidad como las acciones y recursos institucionales) responden a lógicas y directivas exógenas al espacio concreto y se aplican de forma vertical, controladora, cuando no represiva. El resultado son miradas, experiencias y subjetivaciones diferentes, a veces contrapuestas y contradictorias, pero que conviven, conformando en conjunto la dinámica particular de la relación migración/frontera/seguridad.

Conclusiones

La frontera sur de México se ha convertido en los últimos años en un espacio de atención para múltiples esferas, desde la conformada por las acciones de Gobiernos y sus visiones geopolíticas que enlazan norte y Centroamérica, hasta las miradas de la academia, los medios de comunicación e, incluso, las dimensiones del crimen. Nuestra mirada estuvo centrada en un espacio multiregional y transfonterizo: el Soconusco, en México, y el departamento de San Marcos, en Guatemala. Así, evidencia un territorio donde confluyen escalas diferentes de acción y atención. A modo de cierre, podemos señalar que el uso de las escalas permitió analizar la frontera sur a partir de una perspectiva regional, pensar lo socioespacial así como describir la tensión y lucha permanente entre lo local y lo global.

Derivado de todo ello, apreciamos una materialización de la visión global resignificada de categorías como seguridad, frontera y migraciones, concentrada en el límite/frontera entre estos dos países. Esto afecta no solo a las dinámicas de las relaciones internacionales, sino también a las dinámicas urbanas y las cotidianeidades de las personas que habitan el espacio.

Planteamos una crítica a la perspectiva securitista, la cual ha colocado la demarcación y el control político-administrativo como discurso único. En su lugar, discutimos la posibilidad de la dinámica que establecen los actores con el espacio, ese juego de escalas que pone énfasis en las interacciones más allá de lo territorial. Encontramos que los actores en las localidades estudiadas relacionan la seguridad con aquella que únicamente puede proveer el Gobierno respectivo, a través de fuerzas policiales y/o militares. Representan el espacio como algo cambiante que les ha permitido también nuevas formas de concebir la movilidad, el espacio y la seguridad. Pudimos constatar las formas en las que se entrelaza la idea colectiva de migración y la de frontera, en la riqueza de los testimonios, con la dimensión de seguridad expresada de forma subjetiva.

Los planteamientos de algunos actores van más allá de las nociones de las fronteras objetivadas bajo la expresión de la soberanía, como dimensión dogmática. También observamos otras narrativas de carácter simbólico, que la usan como un recurso creativo para dar sentido a sus prácticas cotidianas, en ambos lados de la línea. Ambas formas ofrecen una riqueza de concepciones, cuando se activan discursos planteados a partir de la movilidad humana, la frontera y la seguridad. Esta última es un eje transversal que supone una articulación más amplia y profunda con los anteriores.

Queda claro que, desde el punto de vista de la seguridad en el nivel macro, el entorno alerta a los entrevistados sobre un contexto riesgoso alrededor del río Suchiate. Sin embargo, cuando se discute con la seguridad micro, existe una tensión entre ambas que provee datos empíricos, derivados dialógicamente, de ambos niveles. Estos nos permiten cuestionar las explicaciones y comprensiones previas de las regiones fronterizas. Por eso señalamos la necesidad de profundizar en la correlación entre las diferentes escalas y no solo reparar en las acciones públicas o marcos geopolíticos, sino también en las vivencias, subjetividades y cotidianeidades de quienes viven y transitan por estos espacios, en permanente cambio y resignificación.

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1Según el artículo 3 de la Ley de Seguridad Nacional de México, esta abarca el conjunto de acciones destinadas a preservar el territorio, la soberanía, las instituciones nacionales, la gobernabilidad democrática, la democracia, el Estado de derecho y el orden constitucional, así como la protección frente a amenazas provenientes del exterior.

2Entre las obras pioneras de estos estudios encontramos Borderlands/ La frontera: The new mestiza, de Gloria Anzaldúa, en 1987 y Culture and truth: The remarking of social analysis, de Renato Rosaldo, en 1989.

3Expresión local para referirse a quienes transportan personas y mercancías a través del río Suchiate. Lo hacen en balsas formadas por llantas de tráiler o tractor, sobre las que se coloca una parrilla de madera. Usan una pértiga para impulsarse y, cuando el río está en sus niveles más bajos, las arrastran con la fuerza de su cuerpo caminando en el agua.

4Nos referimos al comercio establecido dentro de un local físico.

5Personas que ofrecen sus productos diversos en la calle o en el mercado local.

6Nombre que reciben aquellos que utilizan un triciclo que tiene como base, en algunos casos, una bicicleta y en otros, una motocicleta. Se utiliza para el traslado de personas o mercancías dentro de la ciudad o desde la ciudad hacia la orilla del río.

7La categoría incluye desde funcionarios municipales hasta fuerzas de seguridad, de migración o de cualquier representación de los tres niveles de Gobierno: municipal, estatal o federal.

8Alude a funcionarios y funcionarias del Instituto Nacional de Migración de México.

9Persona que transporta migrantes indocumentados a Estados Unidos.

10En el caso de Suchiate, no fue posible localizar los planes municipales de desarrollo y los planes de seguridad tanto del presente mandato como de años anteriores.

11No contamos con estos datos de Guatemala.

12En los datos desagregados es interesante mencionar que, mientras el grado de confianza es alto en el occidente (7,2 %) y noroeste (7,1 %), es el mínimo en el noreste (6,2 %) y sureste (6,1%).

Recibido: 27 de Agosto de 2018; Aprobado: 25 de Octubre de 2018

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