INTRODUCCIÓN
A nivel mundial, los problemas relacionados con la nutrición infantil se han incrementado en las últimas décadas. En Ecuador, el número de niños con edades de 5 a 19 años diagnosticados con sobrepeso u obesidad se elevó 10 veces: de 1975 (11 millones) a 2016 (340 millones). De igual manera, el Instituto Nacional de Estadística y Censos reportó un aumento de la prevalencia de este mismo indicador en niños de 5 a 11 años: de un 29,9% en 2014 al 35% en 2018.(1,2,3,4)
A esa situación se atribuyen varios factores causantes:(3,5,6,7,8,9)
· Prácticas alimentarias no saludables durante la etapa escolar.
· Ingesta inadecuada de nutrientes en cantidad y calidad.
· Inoportuna asistencia médica de enfermedades infecciosas.
· Familiares cuidadores con conductas alimentarias que constituyen un mal ejemplo para los menores a su cargo.
Estos factores inciden en el crecimiento y desarrollo antropométrico en la edad infantil, además de producir múltiples enfermedades crónicas no transmisibles (diabetes, hipertensión, dislipidemia, enfermedades cerebrovasculares, enfermedades isquémicas y del corazón, insuficiencia cardiaca, alteración del sistema inmunológico, entre otras), las que son reportadas por el Ministerio de Salud Pública de Ecuador entre las primeras causas de morbi-mortalidad.(3,5-9)
En varios estudios se describe la presencia de relación entre elementos ambientales y la nutrición en el embarazo, predisponiendo el crecimiento fetal e influyendo en el desarrollo durante la infancia y en la aparición de enfermedades crónicas y autoinmunes.(10) La lactancia materna inadecuada también se asocia con la obesidad infantil, la que además constituye una barrera de protección contra enfermedades.(11)
En 2018, los resultados de la Encuesta STEPS (pasos, en español) mostraron que el 63,6% de población adulta presentó sobrepeso u obesidad, con mayor incidencia en mujeres.(12) Así, la influencia en los niños no resulta favorable, pues lo patrones dietéticos familiares definen conductas al respecto.(7,8)
En este contexto, el objetivo del presente estudio fue determinar la asociación entre los indicadores antropométricos de los escolares (talla, peso e índice de masa corporal) y la alimentación de padres o tutores legales de los menores, en una institución educativa de la ciudad de Quito, Ecuador, durante el mes de diciembre de 2019.
MATERIAL Y MÉTODOS
El presente estudio se desarrolló en diciembre de 2019, con un enfoque cuantitativo y de tipo observacional, descriptivo y de corte transversal, en el que participaron 38 escolares con edades de 5 a 11 años (20 niños y 18 niñas) y los 32 respectivos padres o tutores legales.
Las variables estudiadas fueron:
· En los menores: indicadores antropométricos (sexo, edad, peso y talla). Los valores se recopilaron de los respectivos expedientes actualizados con las mediciones realizadas por la enfermera de la Unidad Educativa en cuestión, siguiendo los protocolos de medición establecidos por la Sociedad Internacional para el Avance de la Cineatropometría (ISAK). El peso se obtuvo usando una báscula Camry ISO 1900 y la talla empleando un estadiómetro portátil Seca 213.
· En padres o tutores legales: calidad de la dieta,(13) cuyos datos se recolectaron mediante el Cuestionario de Frecuencia de Consumo Alimentario, utilizando el Índice de Alimentación Saludable para la población española (IASE)(14) como escala de trabajo (este instrumento valora la frecuencia del consumo de nueve grupos alimentarios en cinco categorías y un indicador de variedad de la dieta, obteniéndose un puntaje final (figura 1).
La variable calidad de la dieta se valoró según el equilibrio, variedad y características saludables de la alimentación regular, según la energía y nutrientes esenciales que proporciona en garantía de un crecimiento óptimo.(13)
Figura 1. Operacionalización del Cuestionario de Frecuencia de Consumo Alimentario según el IASE
El programa de la Organización Mundial de la salud Anthro Plus, en su versión 3.2.2, permitió procesar los datos antropométricos para obtener la desviación estándar de las curvas de crecimiento mediante puntaje Z, además de para definir el estado de la talla, peso e índice de masa corporal (IMC).
Los datos fueron almacenados en una base diseñada en el programa Microsoft Excel 2016 MSO versión 16.0.4266.1001 y esta se exportó al programa estadístico SPSS, versión 19, facilitando el procesamiento estadístico mediante pruebas descriptivas de frecuencias (absolutas y porcentajes) y de dispersión (desviación estándar, además de valores máximos y mínimos).
La asociación entre las variables fundamentales se hizo a través de la prueba estadística inferencial de asociación Tau C de Kendall, considerando significación en el resultado cuando p < 0,05.
El estudio contó con el aval del Comité de Investigación de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador, expresado en resolución 017-C-ND-DT-19. La autoridad competente la institución educativa involucrada emitió el correspondiente permiso y todos los padres o tutores legales de los menores participantes proporcionaron la firma del consentimiento informado, con el compromiso de los investigadores de que se respetaría su anonimato.
RESULTADOS
La revisión de los expedientes de los 38 escolares incluidos en estudio posibilitó establecer que todos tenían edades entre 6 y 11 años, con un ligero predominio del sexo masculino, para un 53% (tabla 1).
El análisis de la calidad de la alimentación de padres y tutores legales participantes en el estudio permitió apreciar que el 68,75% tenía una dieta que requería modificaciones para que fuera más saludable. Con respecto al indicador de talla para la edad, el 68,42% de los niños tenía una talla normal (puntaje z entre +2 DE y -1 DE). Los valores del índice de masa corporal según la edad mostraron un predominio de los valores de normopeso (42,11%), pero resulta importante señalar que un 23,68% tenía riesgo de sobrepeso (z > +1 hasta +2 DE) y otro 21,05% tenía sobrepeso z > +2 DE) (tabla 1).
Los resultados de la prueba Tau C de Kendall permitieron establecer que no existía asociación estadística (p>0,5) entre la calidad de la alimentación de padres y tutores legales y las medidas antropométricas de los escolares correspondientes (considerando que 6 padres tuvieron dos hijos en este grupo). La mayoría de los progenitores con necesidad de cambios en su nutrición tenían hijos con talla normal (63%); mientras que el 51,8% tenía sobrepeso o riesgo de adquirirlo según índice de masa corporal normal.
DISCUSIÓN
En el presente estudio predominaron los padres o tutores legales necesitaban cambios en su alimentación y la mayoría de los escolares presentó sobrepeso o riesgo de padecerlo, sin que se pudieran asociar ambas variables en este entorno. Al respecto, algunos autores refieren que durante el crecimiento infantil se adquieren costumbres y definen gustos relativos a la alimentación, los que pueden impactar de manera más visible en el estado nutricional y la salud en la adolescencia.(15,16) Esos resultados son consistentes con los obtenidos por Gallegos Sarango,(17) quien aplicó el mismo instrumento y observó que un 68,75% de su población necesitaba cambios en la alimentación.
Los valores hallados en otro estudio en una población escolar ecuatoriana(18) indicaron un estado similar con respecto al IMC, reportando un 25% de la población con riesgo de sobrepeso; señalando la influencia entre hábitos alimentarios de los escolares, los de sus familiares y los productos que se expenden en el entorno de la unidad educativa.
Autores de una investigación en escolares de dos escuelas en zonas urbanas informaron que existió un 87.3% de escolares con talla normal, aunque encontraron una situación caracterizada por bajo consumo de alimentos de alta calidad nutricional y falta de conocimiento sobre una buena alimentación por parte de familiares.(19)
Pandey, et al.(20) concluyeron que en su entrono de investigación no existió asociación estadística entre los indicadores antropométricos de los niños y la calidad de la alimentación de los familiares, refiriendo que otros factores también pueden influir en esa situación: genética, preferencias alimentarias del niño, nivel de educación, ocupación y edad de padres, estructura familiar a la hora de comer, redes sociales, publicidad, entorno y estilo de vida.
Sin embargo, algunos autores plantean que las prácticas nutricionales de los progenitores, así como la restricción de alimentos están asociadas con cambios en el IMC de escolares y adolescentes.(21) Warnick et al.(22) identificaron que algunas de esas prácticas sin el debido control, monitoreo y responsabilidad de los padres pueden ocasionar sobrepeso u obesidad en los niños.
Por otra parte, Yamborisut et al.(21) establecieron la presencia de relación entre el peso y los patrones alimentarios en escolares, los que se adquieren en etapas tempranas de la vida y son controlados por familiares o cuidadores. Además, Johnson et al.(23) mencionan que la restricción de alimentos poco saludables por parte de las madres resulta más eficientes en el control del estado nutritivo de los niños.
Limitaciones del estudio:
Insuficiente inclusión de variables sociodemográficas y del perfil de dieta habitual en la población estudiada. No se exploraron otras variables relacionadas: circunferencia abdominal, riesgo cardiovascular y síndrome metabólico. La repetición de los datos de progenitores con más de un hijo/a en la institución involucrada. El reducido número de integrantes de la población no posibilita generalizar los resultados a otros contextos similares.
CONCLUSIONES
Los investigadores hallaron que la mayoría de los padres o tutores legales requerían mejorar la calidad de su nutrición. La suma de los escolares con sobrepeso o riesgo de este resultaron mayoría; así como, los que tuvieron talla normal. Sin embargo, no se obtuvo una asociación estadísticamente significativa entre la alimentación de los progenitores y el índice de masa corporal.
Conflicto de intereses: los autores declaran que no existe.
Declaración de contribución:
María Belén Ortiz Valderrama, Daniela Estefanía Parreño Tovar, Yadira Alejandra Morejón Terán y Christian F. Juna contribuyeron en el proceso investigativo, redacción y revisado del artículo científico.

















