Introducción
El sistemático desarrollo de la administración pública se ha acompañado de diversos análisis teóricos-conceptuales (Pandey, 2023), que han permitido identificar tendencias y enfoques en el tema, pero sin reconocer aún un modelo de actuación común, aceptado por todos los actores implicados en la actividad (Elliott et al., 2024). Ello responde -entre otros aspectos- a la diversidad de contextos en cada país y región, que determina la forma de gestionar el valor público (Alarcón Barrero & Sánchez Vignau, 2018).
A lo largo de las últimas décadas, muchos gobiernos del mundo y de América Latina y el Caribe han aplicado diferentes enfoques de gestión pública (Folleco Chalá & Legarda Sevilla, 2020), y se han propuesto mejorar dicha gestión, mediante una gestión eficiente de los recursos (Zavaleta Rojas et al., 2024); centrar esfuerzos en los resultados (Altamirano Taica et al., 2023); potenciar la colaboración entre actores locales (Perea Lemus & Morales Pinzón, 2024); y fortalecer la rendición de cuentas (Mena Mugica, 2020).
La gestión urbana, como parte de la gestión pública, se hace más compleja, propiciado en gran medida por el aumento progresivo del número de habitantes (Sánchez Suárez et al., 2021), y por la necesidad de urbanidad en muchos territorios (Andrés Llano, 2018). El patrimonio edificado urbano constituye un espectro especial y dinámico de la actividad humana y la adecuada gestión de dicho patrimonio puede devenir en el incremento de la calidad de vida de las comunidades (Osorio Morand, 2021).
De ahí que la gestión urbana, constituya un deber del aparato gubernamental de cualquier cuidad o nación, no solo para garantizar el correcto funcionamiento de los servicios y espacios que demanda la vida citadina, sino también para contribuir al desarrollo cultural y emocional de sus pobladores.
La preservación y conservación de la ciudad necesita de la cohesión de todos los elementos que la integran para obtener los resultados apropiados; solo así podrá rescatarse el amor, interés, orgullo y conciencia de sus habitantes hacia la misma, y se garantizará la preservación de sus valores patrimoniales para el disfrute de las futuras generaciones (Ramírez-Rosete et al., 2020). Dentro de la trama urbana, los centros históricos constituyen zonas de especial interés para los gestores públicos, motivado por su marcada centralidad geográfica y socioeconómica (Santos Pérez, 2020).
Para la gestión de la conservación y puesta en valor de inmuebles patrimoniales en centros históricos, es necesario el empleo de herramientas de gestión empresarial y filosofías del control de gestión para fortalecer las funciones de planificación y control. En este contexto, Tápanes Suárez et al. (2023) proponen un conjunto de indicadores para la sostenibilidad de los centros históricos. Estas herramientas generan información y conocimiento, que permiten la formulación de estrategias y el planteamiento de nuevos objetivos estratégicos, con el propósito de garantizar una acertada toma de decisiones.
Por ello es necesario identificar los principales subprocesos y componentes principales que inciden en la gestión de los inmuebles patrimoniales en centros históricos que facilite los procesos de toma de decisiones de los actores implicados, elemento que potenciaría la eficiencia en las diferentes actividades y potenciaría la satisfacción de los usuarios. En consecuencia, el objetivo de la investigación es identificar los subprocesos y componentes principales que inciden en la gestión de inmuebles patrimoniales en centros históricos.
Metodología
La presente investigación adoptó un enfoque mixto, articulando técnicas bibliométricas cuantitativas con un análisis cualitativo de contenido, con el objetivo de identificar los subprocesos y componentes clave en la gestión de inmuebles patrimoniales en centros históricos (Sánchez Suárez et al., 2023).
En una primera fase, de tipo cuantitativo-descriptivo, se realizó un estudio bibliométrico a partir de la base de datos Scopus, con el fin de mapear la producción científica relevante y detectar patrones temáticos en el área de estudio (Sarmentero Bon et al., 2022; Sánchez Suárez et al., 2023). No se aplicaron restricciones idiomáticas para garantizar una cobertura amplia de la literatura en acceso abierto. La estrategia de búsqueda empleada fue:
TITLE-ABS-KEY ("management" AND "heritage properties")
La consulta se ejecutó el 8 de noviembre de 2024. Los resultados obtenidos (n = 149) fueron exportados en formato .RIS y gestionados mediante el software EndNote. Posteriormente, se utilizó el programa bibliométrico VOSviewer para generar mapas de coocurrencia de palabras clave y detectar clústeres temáticos con una frecuencia mínima de aparición de dos (n ≥ 2).
En una segunda fase, de corte cualitativo, se realizó una síntesis teórica e interpretativa de los aportes más relevantes encontrados en los clústeres identificados. Esta fase tuvo como objetivo contextualizar y conceptualizar los subprocesos y componentes involucrados en la gestión de inmuebles patrimoniales.
Finalmente, se empleó el software UCINET versión 6.698 para esquematizar la relación entre los subprocesos y componentes detectados. Se elaboró una matriz binaria de relaciones, donde el valor 1 indica la existencia de conexión entre un componente y un subproceso, y el valor 0 representa la ausencia de vínculo. Esta visualización estructural permitió proponer un modelo conceptual de la gestión de inmuebles patrimoniales en centros históricos.
Resultados y discusión
Características e implicaciones de la gestión del patrimonio inmuebles
Los inmuebles patrimoniales son aquellos inmuebles que poseen un valor histórico, cultural o artístico significativo (Augusta Cirvini, 2019). Estas estructuras representan la identidad de una comunidad, siendo testigos de la evolución de las sociedades a lo largo del tiempo (Pons Mata & Carabal Montagud, 2023). Por lo tanto, la preservación de los inmuebles patrimoniales es fundamental para mantener viva la memoria colectiva y fomentar el turismo cultural (Álvarez Areces, 2010).
Para que un inmueble sea considerado patrimonial, debe reunir una serie de características definitorias que justifican su valor y necesidad de conservación. En primer lugar, el valor histórico, manifestado en su antigüedad, su vínculo con acontecimientos relevantes o su asociación con figuras históricas significativas (Throsby, 2013). Le sigue el valor artístico, que se expresa en el diseño, el estilo arquitectónico y los elementos decorativos que lo distinguen (Jagielska-Burduk, 2022). También es esencial el contexto cultural, entendido como la relación del inmueble con la identidad colectiva de una comunidad (Cheng et al., 2019).
A ello se suma el criterio de integridad y autenticidad, que implica la conservación de su estructura original y de sus elementos distintivos sin alteraciones sustanciales (Jigyasu & Imon, 2023). Además, debe contar con protección legal, respaldada por normativas nacionales o locales que regulen su conservación y puesta en valor (Mohamad et al., 2021). Finalmente, el reconocimiento oficial mediante su inclusión en registros o catálogos de patrimonio cultural constituye un indicador fundamental de su estatus patrimonial (Qian, 2023).
Su importancia se resume en tres características principales:
Identidad cultural: expresado en la construcción de la identidad local y nacional, elemento que ofrece a las generaciones futuras un sentido de pertenencia (Antunes & Bellanova, 2020).
Valor educativo: expresado en que las visitas a sitios patrimoniales pueden enriquecer el conocimiento y la apreciación del arte y la historia (Azzopardi et al., 2023).
Desarrollo económico: expresado, por ejemplo, en el turismo, donde los visitantes suelen buscar experiencias auténticas que les permitan conectar con la cultura local, y los inmuebles patrimoniales son un atractivo clave (Kausar & Nishikawa, 2010).
La gestión de inmuebles patrimoniales constituye un campo de estudio y acción de naturaleza multidisciplinaria, en el que convergen la conservación del patrimonio cultural, el desarrollo sostenible y la participación activa de las comunidades locales (Cabeza & del Carmen, 2010). En este contexto, no basta con reconocer la importancia intrínseca de estos bienes como testimonios materiales del pasado; resulta igualmente imprescindible diseñar e implementar estrategias de gestión que garanticen su integridad física, su autenticidad y su pertinencia en los escenarios sociales contemporáneos (Machaca-Ponce, 2024).
La complejidad inherente a esta tarea demanda una responsabilidad compartida entre actores públicos, privados y comunitarios, así como la adopción de un enfoque holístico, interdisciplinario y colaborativo que permita abordar de manera articulada los múltiples factores que inciden en su preservación y uso sostenible (Almache Barreiro & Vanga Arvelo, 2024).
La evaluación y documentación sistemática del estado actual del inmueble, así como de su historia y características arquitectónicas, constituye un paso fundamental para la toma de decisiones informadas en materia de conservación patrimonial (Santana Guzmán, 2022). Esta fase diagnóstica permite establecer una base de conocimiento técnico y contextual indispensable para diseñar intervenciones adecuadas y pertinentes. Sobre esta base, resulta imprescindible desarrollar una planificación de conservación que contemple tanto acciones inmediatas como estrategias a mediano y largo plazo, orientadas a preservar de manera prioritaria los valores históricos, artísticos y simbólicos del bien (Díaz Fuentes et al., 2018).
Uno de los desafíos más relevantes en los procesos de gestión patrimonial es la garantía de un financiamiento sostenible, entendido como la capacidad de movilizar y diversificar fuentes de recursos que permitan la conservación y valorización continua del inmueble. Esta sostenibilidad económica requiere la exploración de mecanismos como subvenciones públicas, donaciones privadas, asociaciones público-privadas, así como la implementación de modelos de negocio que posibiliten la generación de ingresos derivados del uso responsable y culturalmente adecuado del bien patrimonial. En paralelo, la participación activa de la comunidad se revela como un componente esencial del proceso, ya que su implicación no solo fortalece el arraigo social del patrimonio, sino que promueve una conciencia colectiva orientada a la protección, el uso sostenido y la transmisión de estos bienes a las futuras generaciones.
Subprocesos que inciden en la gestión de inmuebles patrimoniales
La gestión de inmuebles patrimoniales en la trama urbana, y de forma particular en los centros históricos, requiere de un enfoque integrador en la gestión de sus componentes, así como del análisis de la influencia de estos sobre la conservación, compatibilización y puesta en valor, considerados subprocesos clave.
La figura 1 muestra la red de coocurrencia de palabras clave donde con una frecuencia mayor o igual que tres (n ≥ 3), se identificaron 24 ítems agrupados en cuatro clústeres principales, donde se destaca el clúster 3 (azul) que enfoca las investigaciones sobre conservación patrimonial y su relación con atributos como: gestión de la conservación, participación comunitaria, evaluación de riesgos, toma de decisiones, patrimonio cultura y preservación histórica, atributos que abordan las investigaciones como principales a tener en cuenta en la gestión del proceso de inmueble.
De ahí que los términos conservación, compatibilización y puesta en valor de inmuebles se convierten, en la actualidad, en uno de los puntos principales a abordar cuando se habla de gestión urbana o de inmuebles patrimoniales (Greffa Rodriguez & Angeles Murrieta, 2023). Ello constituye una prioridad para la salvaguarda de aquellos bienes a heredar por las futuras generaciones (Arriagada-Luco & Jeri-Salgado, 2022).
La conservación es la acción de prevención al deterioro y la variación, que comprende todas las actividades que deben ser desarrolladas en orden lógico (Sampedro Guevara, 2022), que ayudan a la prolongación de la vida del patrimonio cultural, y sigue las fases: de averiguación, documentación, conservación, preservación, tratamiento, restauración y reconstrucción (Bustamante Montoro, 2021).
De igual manera, resulta pertinente abordar el concepto de puesta en valor, entendido como el conjunto de acciones orientadas a resaltar la importancia de un bien y a facilitar su aprovechamiento social, cultural o económico. Según Ruiz Baeza (2016), la puesta en valor implica la incorporación de elementos, servicios o instalaciones destinados a potenciar las cualidades del recurso patrimonial y a promover su uso público. En esta misma línea, Baptiste-Ballera et al. (2002) lo definen como el acto de obtener beneficio de un bien o de utilizar un recurso de manera estratégica, con miras a su funcionalización dentro de dinámicas contemporáneas de desarrollo y sostenibilidad.
Componentes que inciden en la gestión de inmuebles patrimoniales
Se reconocen como elementos componentes de los inmuebles patrimoniales a la cimentación, la estructura, los cerramientos, las cubiertas, las redes técnicas, los acabados, la carpintería y los elementos singulares. A continuación, se describen los componentes fundamentales de una edificación desde una perspectiva técnico-patrimonial.
Cimentación: Conjunto de elementos estructurales de una edificación cuya función principal es la de soportar y transmitir al suelo las cargas provenientes de la superestructura. A pesar de no ser visibles en la mayoría de los casos por encontrarse soterrados, lo cual complejiza sus labores de reparación, sus deterioros se manifiestan en la superestructura. Es considerado el componente más importante de la edificación.
Estructura: Conjunto de elementos componentes horizontales y verticales que dan forma y sostén al edificio. Dentro de ellos se destacan columnas, vigas, muros portantes, cerchas, entre otros. En ocasiones, estos elementos son parcial o totalmente ocultados por elementos de acabado, complejizando su inspección y reparación.
Cerramientos: Conjunto de elementos que tienen la función de crear y delimitar espacios interiores y exteriores en el edificio, además de protegerlo de agentes externos. Entre sus componentes se encuentran las fachadas, encargadas de garantizar el aislamiento acústico y térmico del edificio, aunque también lo dota de elegancia y estética.
Cubiertas: Componente que envuelve la estructura, aportando rigidez y aislamientos térmico y acústico al edificio. Para proteger contra el intemperismo, las cubiertas poseen impermeabilizantes, los cuales pueden ser de diversos materiales y formas.
Redes técnicas: Conjunto de elementos que garantizan la funcionabilidad del edificio. Entre sus componentes están las instalaciones eléctricas, hidrosanitarias, de climatización, seguridad, entre otras. Generalmente se encuentran empotrados o alejados del alcance de la vista.
Acabados: Conjunto de elementos que dan confort tanto al interior como al exterior del edificio. Entre sus componentes están los pisos, revestimientos, falsos techos, enchapes, entre otros. Cada uno cumple funciones de protección además de la estética.
Carpintería: Conjunto de elementos que cierran vanos interiores y exteriores en el edificio. Son ejemplos las puertas y ventanas de diversos materiales y formas, también se incluye la herrería que además de brindar protección ofrece valores estéticos.
Elementos singulares: Conjunto de elementos que destacan por sus valores identitarios y decorativos. Generalmente abundan sobre las fachadas principales y otros espacios. A través de ellos es posible identificar periodos históricos, estilos arquitectónicos, valores socioculturales, etc.
La figura 2 muestra la relación que se estable entre componentes y subprocesos clave que inciden en la gestión de inmuebles patrimoniales en centros históricos.
La gestión de los centros históricos urbanos y la intervención en el patrimonio arquitectónico constituyen un proceso complejo y multifactorial que, según Quintilla-Castán (2021), aún carece de una perspectiva verdaderamente integral. En muchos casos, la conservación del patrimonio cultural no se articula mediante planes estratégicos que incorporen de manera efectiva a la población residente en los espacios históricos, lo que limita el alcance y la sostenibilidad de las acciones emprendidas desde el aparato gubernamental. Esta deficiencia evidencia la necesidad de validar, no solo soluciones tecnológicas, sino también valoraciones histórico-culturales que sean pertinentes y funcionales más allá del momento puntual de la intervención sobre el bien patrimonial (Gacitúa de la Hoz, 2022).
Se refuerza la necesidad de abordar la gestión de inmuebles patrimoniales desde un enfoque basado en procesos, lo cual permite identificar los subprocesos clave implicados, así como los componentes principales que los conforman y las relaciones existentes entre ellos. Esta perspectiva se alinea con los planteamientos de Santos Pérez (2020), quien propone una gestión integral centrada en los procesos de accesibilidad y movilidad, y con los aportes de Sánchez Suárez et al. (2022), quienes contextualizan este enfoque en el ámbito de los servicios turísticos, destacando su aplicabilidad en contextos patrimoniales con vocación cultural y económica.
La conservación correctiva se refiere a aquellas intervenciones que se realizan sobre un bien patrimonial una vez que ha sido afectado por agentes destructores activos, con el fin de mitigar o revertir el daño ocasionado. En contraste, la conservación preventiva comprende un conjunto de acciones anticipatorias orientadas a proteger el bien frente a posibles agresiones, ya sean de origen natural o antrópico (Bermejo Lorenzo, 2018). Esta última se manifiesta como una estrategia de mayor compromiso y responsabilidad, al centrarse en la prevención antes que en la restauración. Además, fomenta intervenciones de bajo costo relativo (García López de la Osa & Tendero Caballero, 2021) y contribuye a minimizar la necesidad de acciones invasivas que comprometan la autenticidad y la integridad material de la edificación (Levrand, 2019).
Resulta recurrente la importancia que se le da a ciertos componentes por encima de otros, lo que repercute en su estado de conservación. En ocasiones, dichas acciones solo se destinan a elementos como acabados, cerramientos y carpintería; mientras que otras veces, solo importa el comportamiento estructural del inmueble, y por ende son dictaminados y tratados con énfasis en la cimentación, la estructura y la cubierta, sin tener en cuenta la impermeabilización de esta.
Entre las limitaciones de la presente investigación se identifica la ausencia de un análisis específico sobre el alineamiento entre los subprocesos de conservación y puesta en valor de inmuebles patrimoniales, aspecto que en el ámbito de la ingeniería civil se reconoce como subproceso de compatibilización. En este sentido, se plantea como línea futura de investigación el estudio de las interrelaciones entre dichos subprocesos, así como el abordaje de temas vinculados a la gestión eficiente de proyectos de conservación y a la implementación de sistemas de mantenimiento proactivo.
Conclusiones
La gestión de inmuebles patrimoniales combina la conservación y puesta en valor del patrimonio cultural con la participación comunitaria, mediante el desarrollo de estrategias efectivas que exigen una responsabilidad compartida que requiere un enfoque integral y colaborativo. Su importancia se resume en tres características principales: identidad cultural, valor educativo y desarrollo económico.
Se identificaron un total de ocho componentes que caracterizan la gestión de inmuebles patrimoniales en centros históricos, estos son: cimentación, estructura, cerramientos, cubiertas, redes técnicas, acabados, carpintería y elementos singulares; su tratamiento debes ser con un enfoque a procesos e integral que garantice un balance en su conservación.















